¿Cuánto cambiaremos después del coronavirus?
Han pasado dos semanas desde que la Presidenta Jeanine Áñez se adelantara a casi todos y dictara cuarentena obligatoria a partir de las 00.00 horas del domingo, una medida que extremaba la ya tomada de media cuarentena unos días antes y que posteriormente se endureció aún más con el Estado...
Han pasado dos semanas desde que la Presidenta Jeanine Áñez se adelantara a casi todos y dictara cuarentena obligatoria a partir de las 00.00 horas del domingo, una medida que extremaba la ya tomada de media cuarentena unos días antes y que posteriormente se endureció aún más con el Estado de Emergencia Sanitaria, que redujo aún más los movimientos de los ciudadanos y las tareas esenciales.
Las medidas en Bolivia se tomaron extraordinariamente pronto comparado con otros países, probablemente por el análisis cierto de la desconfianza sobre un sistema de salud demasiado precario como para enfrentar una crisis como la descrita en otros países. El contrapunto es que el “encierro” va a ser largo y se corre el riesgo de que fracase.
En un sondeo sin mayor pretensión científica realizado por este medio, un 90 por ciento de casi mil encuestados considera que la cuarentena no terminará el 15 de abril, y que por lo tanto será alargada. El otro 10 por ciento suplica que así sea, aunque no lo ve claro.
Lo evidente es que el recogimiento prolongado nos está cambiando como sociedad, y no se trata solo de lo extraño que se siente uno viendo a sus caseros de siempre con el barbijo puesto, o saludando a la suegra con un además de la mano desde lejitos, sino que de alguna forma la propia globalización y la incursión de las nuevas tecnologías nos está abriendo otras alternativas que siempre descartábamos por “lo difícil” o cualquier otra excusa sencilla.
Como el encierro se comparte con medio mundo, cada día circulan ideas y tips sobre las formas de mantener la calma, cuidar el cuerpo y la salud mental en esta situación, además, de una suerte de ola solidaria cultural, en la que los productores disponen de sus obras para todos los públicos, y un empeño por creer que realmente el teletrabajo es una fórmula posible.
La forma de estudiar y la de ir al doctor ha cambiado radicalmente en dos semanas gracias a internet; también la forma de hacer las compras con centenares de servicios de entrega a domicilio
La reflexión sobre el futuro vendrá después, aunque ya muchos se animan a hacer prospección en el corto plazo. La forma de estudiar y la de ir al doctor ha cambiado radicalmente en dos semanas gracias a internet; también la forma de hacer las compras con centenares de servicios de entrega a domicilio, aun en condiciones de precariedad, que ya habían proliferado en todas las grandes ciudades y ahora también en Tarija.
Las nuevas formas de hacer las cosas es un debate global, pero en Bolivia urge precipitar el debate anterior, cuya ausencia en los últimos tiempos es el que está generando los problemas actuales, y el que seguramente tenga consecuencias en el corto plazo.
Diferentes expertos apuntan que es necesario acabar ya con la precariedad laboral, que va más allá de los que “ganan del día” y se refiere más a toda esa fuerza laboral que trabaja sin contrato ni seguro que estos días ha perdido su fuente de ingresos; también a que es necesario un sistema que permita diferenciar nivel de ingresos sin mirar si los hijos estudian en colegio público o privado; también que urge un salto adelante en el uso de internet para cuestiones básicas, como mirar el saldo en la cuenta corriente y también que es urgente impulsar la industria local y cuidar a sus emprendedores y sus familias, principal sistema de protección social en caso de dificultades.
La pandemia llegó sin darnos cuenta, pero no debe irse como si no hubiera pasado nada. Es necesario reflexionar y aprender de lo vivido. Es necesario que de esto salgamos mejores.
Las medidas en Bolivia se tomaron extraordinariamente pronto comparado con otros países, probablemente por el análisis cierto de la desconfianza sobre un sistema de salud demasiado precario como para enfrentar una crisis como la descrita en otros países. El contrapunto es que el “encierro” va a ser largo y se corre el riesgo de que fracase.
En un sondeo sin mayor pretensión científica realizado por este medio, un 90 por ciento de casi mil encuestados considera que la cuarentena no terminará el 15 de abril, y que por lo tanto será alargada. El otro 10 por ciento suplica que así sea, aunque no lo ve claro.
Lo evidente es que el recogimiento prolongado nos está cambiando como sociedad, y no se trata solo de lo extraño que se siente uno viendo a sus caseros de siempre con el barbijo puesto, o saludando a la suegra con un además de la mano desde lejitos, sino que de alguna forma la propia globalización y la incursión de las nuevas tecnologías nos está abriendo otras alternativas que siempre descartábamos por “lo difícil” o cualquier otra excusa sencilla.
Como el encierro se comparte con medio mundo, cada día circulan ideas y tips sobre las formas de mantener la calma, cuidar el cuerpo y la salud mental en esta situación, además, de una suerte de ola solidaria cultural, en la que los productores disponen de sus obras para todos los públicos, y un empeño por creer que realmente el teletrabajo es una fórmula posible.
La forma de estudiar y la de ir al doctor ha cambiado radicalmente en dos semanas gracias a internet; también la forma de hacer las compras con centenares de servicios de entrega a domicilio
La reflexión sobre el futuro vendrá después, aunque ya muchos se animan a hacer prospección en el corto plazo. La forma de estudiar y la de ir al doctor ha cambiado radicalmente en dos semanas gracias a internet; también la forma de hacer las compras con centenares de servicios de entrega a domicilio, aun en condiciones de precariedad, que ya habían proliferado en todas las grandes ciudades y ahora también en Tarija.
Las nuevas formas de hacer las cosas es un debate global, pero en Bolivia urge precipitar el debate anterior, cuya ausencia en los últimos tiempos es el que está generando los problemas actuales, y el que seguramente tenga consecuencias en el corto plazo.
Diferentes expertos apuntan que es necesario acabar ya con la precariedad laboral, que va más allá de los que “ganan del día” y se refiere más a toda esa fuerza laboral que trabaja sin contrato ni seguro que estos días ha perdido su fuente de ingresos; también a que es necesario un sistema que permita diferenciar nivel de ingresos sin mirar si los hijos estudian en colegio público o privado; también que urge un salto adelante en el uso de internet para cuestiones básicas, como mirar el saldo en la cuenta corriente y también que es urgente impulsar la industria local y cuidar a sus emprendedores y sus familias, principal sistema de protección social en caso de dificultades.
La pandemia llegó sin darnos cuenta, pero no debe irse como si no hubiera pasado nada. Es necesario reflexionar y aprender de lo vivido. Es necesario que de esto salgamos mejores.


