Coronavirus en Tarija: Enfermo, no delincuente

El 10 de marzo, cuando se dieron a conocer los dos primeros casos de coronavirus importados en el país, el pánico se desbordó a pesar de que en los medios de comunicación se venía informando de ello dos meses de forma permanente. Ese día y al siguiente asistimos a escenas dantescas de...

El 10 de marzo, cuando se dieron a conocer los dos primeros casos de coronavirus importados en el país, el pánico se desbordó a pesar de que en los medios de comunicación se venía informando de ello dos meses de forma permanente.

Ese día y al siguiente asistimos a escenas dantescas de comunidades movilizadas criminalizando a una enferma y personal de salud bloqueando el ingreso a los hospitales. Fue algo así como la escenificación de la barbarie y la sinrazón que conmocionó al país y nos hizo ser vergüenza internacional.

Tres semanas después, el virus se ha instalado en Tarija, y con probabilidad hemos pasado de 0 contagios a contagio comunitario, puesto que el identificado es un párroco, de los que normalmente tiene contactos con mucha gente, y que además no ha mostrado síntomas relacionables con la enfermedad “de moda”.
Algunos han afirmado que el cura “escondió” los síntomas cuando fue dos veces a pedir ayuda a dos hospitales, aunque no explican con qué fin
El franciscano retornó de las comunidades con dolor de estómago el miércoles 25; en dos centros médicos no le dieron mayor importancia, y finalmente fue llevado a Prosalud por los Bomberos, que claramente identificaron el caso como: dolor abdominal, y allí fue internado hasta que se hizo coincidente con otros síntomas que derivaron en la toma de pruebas, y finalmente, en el positivo por coronavirus.

A pesar de todo lo que se ha informado en estas tres semanas, y las múltiples posibilidades que la población ha tenido para conocer a fondo los síntomas de la enfermedad, sus canales de contagio y sus tratamientos, todavía un pequeño grupo opta por la reacción violenta e incluso agresiva.

Afortunadamente esta vez no ha salido de las redes sociales, aunque en las mismas se destila un odio visceral en determinados casos que podrían tener incluso consecuencias penales.

Por alguna extraña razón, algunos difusores de opinión han comenzado a criminalizar al cura, como si hubiera pretendido a propósito contaminar a toda la población de Tarija, o quién sabe qué otra paranoia puede identificarse ahí. Algunos han llegado a afirmar que el cura ha escondido síntomas en sus dos visitas previas a los hospitales, afirmación ridícula donde las haya, pues nadie pide ayuda ara que no se la den… menos si paga por ello.

Al franciscano le dolía el estómago y ha acabado con un cuadro de coronavirus y una tonelada de odio sobre sus espaldas. Cuesta entender esa reacción en la Tarija de la sonrisa de antaño, cuesta entender el egoísmo y la saña.

Es posible también que alguien pensara que el virus nunca iba a llegar a Tarija porque estamos protegidos por los dioses de cualquier creencia, o por su vino, o por su valle o por su calma. Lo cierto es que ha llegado, y que la batalla se librará al peor que en todo el mundo: no hay vacuna, no hay tratamiento, pero a diferencia que en otros lugares, aquí no hay ni pruebas para confirmar la enfermedad: quedan menos de 2.000 según informe del Ministro mientras se espera una nueva provisión.

No hay solución, pero sí recomendación: la cuarentena es la única forma de salir más o menos airosos. Cumplir con el aislamiento, proteger a la familia, salir solo en casos de extrema necesidad… eso ayuda más que vomitar odio en las redes sociales.

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