Los desafíos y las lecciones del COVID-19
No seremos los mismos después de esta pandemia. Nuestro tejido social y económico está siendo rasgado en lo más profundo. El coronavirus nos ha recordado la fragilidad con la que estamos hechos y con la que hemos trabajado ahora en todos los ámbitos. Un sistema de salud débil,...
No seremos los mismos después de esta pandemia. Nuestro tejido social y económico está siendo rasgado en lo más profundo. El coronavirus nos ha recordado la fragilidad con la que estamos hechos y con la que hemos trabajado ahora en todos los ámbitos.
Un sistema de salud débil, burocrático y deficiente en equipamiento nos está cobrando factura, como también lo está haciendo nuestra quebradiza economía, nada diversificada. Pero eso no es todo, la pobreza imperante -que no ha permitido democratizar la tecnología hacia todos los hogares bolivianos-y el Internet más caro es otro matiz de este desastre.
Pues mientras unos pasan clases online, otros no poseen ni Internet ni computadora. Sin duda esta pandemia nos ha puesto de cabeza y hoy nos exige eficiencia al cien por ciento, incluso en la tan descuidada atención a nuestros adultos mayores.
Los países del primer mundo nos han dejado en claro que incluso ellos están a punto de perder la guerra. Por lo tanto, Bolivia ante sus debilidades ha implementado medidas fuertes, cuya clave es la disciplina. No muchos entienden esto. Pero créannos que es importante.
De ahí en más, cuando la tormenta pase, esperemos pronto. “El día después de mañana” tendremos una economía en ruinas y los desafíos seguirán sumando. Sumaremos desempleos y cierre de empresas, entonces nos costará levantarnos, pero, téngalo en claro, debemos hacerlo.
El “tiempo” es más valioso ahora, pues mientras estamos siendo golpeados por la pandemia debemos pensar en el futuro con la rapidez con la que ahora estamos actuando para contener este virus.
Ésta es la segunda fase de respuesta que debemos tener muy presente. Será importante entonces implementar estrategias de asistencia a los desempleados, incentivos y apoyo a las empresas para evitar sus cierres y sobre todo mantener vivo el aparato productivo.
Pero algo fundamental es tener en claro que la salida de esta crisis deberá servir para entender que uno de los pilares fundamentales de cualquier estado es el bienestar de la sanidad y por ello, los recursos deben siempre orientarse al fortalecimiento de un sistema que si bien hoy se enfrenta al Coronavirus, nadie niega la posibilidad de que en el futuro deba enfrentarse a otros riesgos de igual o peor categoría.
Para los expertos, debe quedar en claro dos lecciones, la primera: “que esa visión autocomplaciente antropocentrista del ser humano estructurada en sus sistemas de crecimiento, basados en la innovación y la tecnología, ha olvidado lo minúscula que es la tierra y que el ser humano es un elemento prescindible”.
Esto nos debería también hacer entender la segunda lección: “que el modelo de economía fósil contaminante que hoy rige el sistema productivo mundial -que hace que nueve de cada diez personas respiren contaminación diaria o de hábitos de consumo que sólo sirven para poner en jaque a un planeta- llevará a la aparición de más virus en el futuro, si no cambiamos”.
Un sistema de salud débil, burocrático y deficiente en equipamiento nos está cobrando factura, como también lo está haciendo nuestra quebradiza economía, nada diversificada. Pero eso no es todo, la pobreza imperante -que no ha permitido democratizar la tecnología hacia todos los hogares bolivianos-y el Internet más caro es otro matiz de este desastre.
Pues mientras unos pasan clases online, otros no poseen ni Internet ni computadora. Sin duda esta pandemia nos ha puesto de cabeza y hoy nos exige eficiencia al cien por ciento, incluso en la tan descuidada atención a nuestros adultos mayores.
Los países del primer mundo nos han dejado en claro que incluso ellos están a punto de perder la guerra. Por lo tanto, Bolivia ante sus debilidades ha implementado medidas fuertes, cuya clave es la disciplina. No muchos entienden esto. Pero créannos que es importante.
De ahí en más, cuando la tormenta pase, esperemos pronto. “El día después de mañana” tendremos una economía en ruinas y los desafíos seguirán sumando. Sumaremos desempleos y cierre de empresas, entonces nos costará levantarnos, pero, téngalo en claro, debemos hacerlo.
El “tiempo” es más valioso ahora, pues mientras estamos siendo golpeados por la pandemia debemos pensar en el futuro con la rapidez con la que ahora estamos actuando para contener este virus.
Ésta es la segunda fase de respuesta que debemos tener muy presente. Será importante entonces implementar estrategias de asistencia a los desempleados, incentivos y apoyo a las empresas para evitar sus cierres y sobre todo mantener vivo el aparato productivo.
Pero algo fundamental es tener en claro que la salida de esta crisis deberá servir para entender que uno de los pilares fundamentales de cualquier estado es el bienestar de la sanidad y por ello, los recursos deben siempre orientarse al fortalecimiento de un sistema que si bien hoy se enfrenta al Coronavirus, nadie niega la posibilidad de que en el futuro deba enfrentarse a otros riesgos de igual o peor categoría.
Para los expertos, debe quedar en claro dos lecciones, la primera: “que esa visión autocomplaciente antropocentrista del ser humano estructurada en sus sistemas de crecimiento, basados en la innovación y la tecnología, ha olvidado lo minúscula que es la tierra y que el ser humano es un elemento prescindible”.
Esto nos debería también hacer entender la segunda lección: “que el modelo de economía fósil contaminante que hoy rige el sistema productivo mundial -que hace que nueve de cada diez personas respiren contaminación diaria o de hábitos de consumo que sólo sirven para poner en jaque a un planeta- llevará a la aparición de más virus en el futuro, si no cambiamos”.


