Bolivia y el miedo al coronavirus
El Gobierno se abonó a la estrategia del miedo para tratar de hacer cumplir la cuarentena del estado de emergencia de forma obligatoria y complete. Las medidas policiales y las fuertes multas anunciadas apuntan en ese sentido, aunque en un país en el que la autoridad estatal ha brillado tantas...
El Gobierno se abonó a la estrategia del miedo para tratar de hacer cumplir la cuarentena del estado de emergencia de forma obligatoria y complete. Las medidas policiales y las fuertes multas anunciadas apuntan en ese sentido, aunque en un país en el que la autoridad estatal ha brillado tantas veces en ausencia, el miedo a las consecuencias de los incumplimientos es limitado, sobre todo en zonas populosas donde resulta más complejo el seguimiento.
En ese sentido, funciona mejor el miedo a la propia enfermedad, que ya ha empezado a arrojar números preocupantes en el país y que ya empieza a comportarse como en los países del entorno: de las cosas que se saben es que el número de contagiados se duplica cada dos o tres días cuando entra en la fase expansiva. En ese sentido, las cifras en el país, ya con más laboratorios funcionando y tras 17 días de presencia del virus en el suelo nacional, cumplen los pronósticos.
El virus en sí genera respeto por la letalidad registrada entre personas mayores y personas con dolencias crónicas, y también por su alta tasa de contagio, factores que con mucha probabilidad contribuirán a que la gente se esfuerce más por quedarse en casa que por el propio temor a la multa.
A ese factor se suman las debilidades de nuestro sistema de salud, empezando por la propia sistematización de la información. Los datos que recoge la página de Bolivia Segura se limitan a un conteo de casos registrados, sospechosos y descartados, dando especial relevancia a estos últimos como si sumaran algo en la seguridad de la gente, pero no da cuenta ordenada de las características básicas de los pacientes: edad, sexo, procedencia y lugar de contagio.
Los informes del Ministro de Salud, Aníbal Cruz, adolecen también de estos aspectos de forma sistematizada, pues sí se ofrecen de algunos pacientes, particularmente de los llegados del exterior, pero no de los de contagio local, que son precisamente los que más preocupan.
El aislamiento es el camino de la lucha contra el virus, pero necesariamente requiere de un acompañamiento médico estratégico que permita rápidamente aislar a las personas
Los casos se siguen repartiendo casi a partes iguales entre los “importados” y los de contacto local, el problema es que salvo los de Oruro, en la mayoría se desconoce el contacto exacto con el paciente infectado, es decir, que aparecen casos locales sin contacto con ningún caso confirmado anteriormente. Esta situación lleva evidentemente a la alarma social.
El aislamiento es el camino de la lucha contra el virus, pero necesariamente requiere de un acompañamiento médico estratégico que permita rápidamente aislar a las personas que mantuvieron contacto con personas infectadas y hacer el mayor número de pruebas posibles en ese entorno. En su escala, es lo que ha sucedido en Oruro y que de momento, viene dando buenos resultados.
La descoordinación, sin embargo, parece evidente. El ministro Cruz ha hablado de reactivos para 2.500 pruebas y un pedido de 7.000 más que nunca llega; el ministro de Planificación habla ahora de 20.000 pruebas para la próxima semana; YPFB habló de compra inminente de 100.000 pruebas rápidas para después indicar que no van más…
No es tiempo de cálculos sino de actuar con celeridad, de buscar soluciones urgentes y garantizadas a la falta de previsión. Es tiempo de mantenerse unidos y en casa, pero también de trabajar eficientemente y con garantías.
En ese sentido, funciona mejor el miedo a la propia enfermedad, que ya ha empezado a arrojar números preocupantes en el país y que ya empieza a comportarse como en los países del entorno: de las cosas que se saben es que el número de contagiados se duplica cada dos o tres días cuando entra en la fase expansiva. En ese sentido, las cifras en el país, ya con más laboratorios funcionando y tras 17 días de presencia del virus en el suelo nacional, cumplen los pronósticos.
El virus en sí genera respeto por la letalidad registrada entre personas mayores y personas con dolencias crónicas, y también por su alta tasa de contagio, factores que con mucha probabilidad contribuirán a que la gente se esfuerce más por quedarse en casa que por el propio temor a la multa.
A ese factor se suman las debilidades de nuestro sistema de salud, empezando por la propia sistematización de la información. Los datos que recoge la página de Bolivia Segura se limitan a un conteo de casos registrados, sospechosos y descartados, dando especial relevancia a estos últimos como si sumaran algo en la seguridad de la gente, pero no da cuenta ordenada de las características básicas de los pacientes: edad, sexo, procedencia y lugar de contagio.
Los informes del Ministro de Salud, Aníbal Cruz, adolecen también de estos aspectos de forma sistematizada, pues sí se ofrecen de algunos pacientes, particularmente de los llegados del exterior, pero no de los de contagio local, que son precisamente los que más preocupan.
El aislamiento es el camino de la lucha contra el virus, pero necesariamente requiere de un acompañamiento médico estratégico que permita rápidamente aislar a las personas
Los casos se siguen repartiendo casi a partes iguales entre los “importados” y los de contacto local, el problema es que salvo los de Oruro, en la mayoría se desconoce el contacto exacto con el paciente infectado, es decir, que aparecen casos locales sin contacto con ningún caso confirmado anteriormente. Esta situación lleva evidentemente a la alarma social.
El aislamiento es el camino de la lucha contra el virus, pero necesariamente requiere de un acompañamiento médico estratégico que permita rápidamente aislar a las personas que mantuvieron contacto con personas infectadas y hacer el mayor número de pruebas posibles en ese entorno. En su escala, es lo que ha sucedido en Oruro y que de momento, viene dando buenos resultados.
La descoordinación, sin embargo, parece evidente. El ministro Cruz ha hablado de reactivos para 2.500 pruebas y un pedido de 7.000 más que nunca llega; el ministro de Planificación habla ahora de 20.000 pruebas para la próxima semana; YPFB habló de compra inminente de 100.000 pruebas rápidas para después indicar que no van más…
No es tiempo de cálculos sino de actuar con celeridad, de buscar soluciones urgentes y garantizadas a la falta de previsión. Es tiempo de mantenerse unidos y en casa, pero también de trabajar eficientemente y con garantías.


