En cuarentena, serenidad y más pruebas
La cuarentena total se consolida de a poco. La tarea es difícil y requiere de más pedagogía y menos mano dura. En un país por naturaleza rebelde y de Estado ausente, difícilmente va a funcionar una imposición del calibre que se pretende si no se logra comunicar y dimensionar el...
La cuarentena total se consolida de a poco. La tarea es difícil y requiere de más pedagogía y menos mano dura. En un país por naturaleza rebelde y de Estado ausente, difícilmente va a funcionar una imposición del calibre que se pretende si no se logra comunicar y dimensionar el problema.
Las características del virus son bastante claras, y ya todo el mundo sabe que aunque el paciente esté asintomático por días, puede estar contagiando a otras personas
Creerse inmortal es un defecto general, que aunque en estos días se entremezcla con el racismo resucitado, se ve a diario en las motos sin casco, en los choferes que hablan por celular y en tantos otros que cada día desafían las normas, e incluso el sentido común.
El virus es todavía un fenómeno demasiado etéreo para que acabe de calar en lo más profundo de la sociedad, sobre todo porque el ritmo de detecciones y diagnósticos es tan bajo que no se puede acabar de dimensionar. Es verdad que todos los días hay casos nuevos en el país y ya se empiezan a registrar contagios locales, que es el verdadero problema, con todo, no dejan de ser pequeños números.
En paralelo corren esos textitos en los que se compara con otras causas de fallecimientos en diferentes escenarios, que alimentan las teorías de la conspiración, que no son pocas. Es cierto que las muertes – más de 12.000 – y los infectados – más de 300.000 – son pocos en relación a los 8.000 millones de personas que vivimos en el planeta. ¿Cuál es entonces el temor que ha llevado a economías enormes como Italia a paralizarse por completo? Probablemente el temor a lo desconocido, a las mutaciones, a colapsar el sistema…
Los países más afectados están ensayando la fórmula para contrarrestar al virus, que es precisamente salir a buscar a los infectados y no esperar a que estos llamen por teléfono, porque muchas veces no lo hacen.
Las características del virus son bastante claras, y ya todo el mundo sabe que aunque el paciente esté asintomático por días, puede estar contagiando a otras personas. Para eso, la mejor solución es la de acelerar los test y hacer un intenso trabajo de identificación, esto es, trazar todos los movimientos de las personas infectadas, ahora que aún es número manejable, y buscar uno por uno a cada persona que haya podido estar en contacto con él; que haya circulado por los mismos lugares o que haya compartido escenarios. A todos ellos hay que hacerles la prueba, y repetir la operación con todos los que resulten positivo. Todos ellos deben evidentemente guardar la cuarentena severa en su casa. De esa forma es que países como Corea, y experiencias locales en Italia y España, han conseguido contener las infecciones y concentrarse en los tratamientos.
Ese es el plan válido, pero para ello hace falta tener las pruebas suficientes, tanto de las rápidas como de las que requieren el procesamiento largo. Y además, laboratorios suficientes como para poderlas utilizar. A la fecha hay promesas de adquisiciones, pero apenas se han procesado 300 pruebas en dos semanas luego de que el domingo se dispararan los promedios, justo después de que este medio recordara que apenas se estaban realizando 11 al día, frente a las 12.000 de Alemania.
De momento toca esperar y guardar la cuarentena, confiar en que aquellos que se sientan mal llamarán al servicio de salud para explicar su situación, y aquellos que han tenido contactos de riesgo se someterán a las rigideces de la cuarentena extrema. En cualquier caso, está en sus manos. Cuídese, cuidémonos.
Las características del virus son bastante claras, y ya todo el mundo sabe que aunque el paciente esté asintomático por días, puede estar contagiando a otras personas
Creerse inmortal es un defecto general, que aunque en estos días se entremezcla con el racismo resucitado, se ve a diario en las motos sin casco, en los choferes que hablan por celular y en tantos otros que cada día desafían las normas, e incluso el sentido común.
El virus es todavía un fenómeno demasiado etéreo para que acabe de calar en lo más profundo de la sociedad, sobre todo porque el ritmo de detecciones y diagnósticos es tan bajo que no se puede acabar de dimensionar. Es verdad que todos los días hay casos nuevos en el país y ya se empiezan a registrar contagios locales, que es el verdadero problema, con todo, no dejan de ser pequeños números.
En paralelo corren esos textitos en los que se compara con otras causas de fallecimientos en diferentes escenarios, que alimentan las teorías de la conspiración, que no son pocas. Es cierto que las muertes – más de 12.000 – y los infectados – más de 300.000 – son pocos en relación a los 8.000 millones de personas que vivimos en el planeta. ¿Cuál es entonces el temor que ha llevado a economías enormes como Italia a paralizarse por completo? Probablemente el temor a lo desconocido, a las mutaciones, a colapsar el sistema…
Los países más afectados están ensayando la fórmula para contrarrestar al virus, que es precisamente salir a buscar a los infectados y no esperar a que estos llamen por teléfono, porque muchas veces no lo hacen.
Las características del virus son bastante claras, y ya todo el mundo sabe que aunque el paciente esté asintomático por días, puede estar contagiando a otras personas. Para eso, la mejor solución es la de acelerar los test y hacer un intenso trabajo de identificación, esto es, trazar todos los movimientos de las personas infectadas, ahora que aún es número manejable, y buscar uno por uno a cada persona que haya podido estar en contacto con él; que haya circulado por los mismos lugares o que haya compartido escenarios. A todos ellos hay que hacerles la prueba, y repetir la operación con todos los que resulten positivo. Todos ellos deben evidentemente guardar la cuarentena severa en su casa. De esa forma es que países como Corea, y experiencias locales en Italia y España, han conseguido contener las infecciones y concentrarse en los tratamientos.
Ese es el plan válido, pero para ello hace falta tener las pruebas suficientes, tanto de las rápidas como de las que requieren el procesamiento largo. Y además, laboratorios suficientes como para poderlas utilizar. A la fecha hay promesas de adquisiciones, pero apenas se han procesado 300 pruebas en dos semanas luego de que el domingo se dispararan los promedios, justo después de que este medio recordara que apenas se estaban realizando 11 al día, frente a las 12.000 de Alemania.
De momento toca esperar y guardar la cuarentena, confiar en que aquellos que se sientan mal llamarán al servicio de salud para explicar su situación, y aquellos que han tenido contactos de riesgo se someterán a las rigideces de la cuarentena extrema. En cualquier caso, está en sus manos. Cuídese, cuidémonos.


