Una cuarentena de alto riesgo
El estado de alarma está instalado y la cuarentena total rige desde el domingo, eso sí, con un éxito relativo. Los mensajes contradictorios que llegan desde el Gobierno están impidiendo aplicar una pedagogía básica que contribuya a que los ciudadanos se queden en casa, hasta ahora el mejor...
El estado de alarma está instalado y la cuarentena total rige desde el domingo, eso sí, con un éxito relativo. Los mensajes contradictorios que llegan desde el Gobierno están impidiendo aplicar una pedagogía básica que contribuya a que los ciudadanos se queden en casa, hasta ahora el mejor antídoto conocido ante la pandemia del Covid-19, que tiene acongojados a todos los países occidentales.
Es contradictorio el esmero en reportar pruebas negativas y mostrar inversiones urgentes por doquier en cuyos actos de presentación se asegura que todo está bajo control, al mismo tiempo que se indica que la gente debe permanecer en sus casas las 24 horas del día. El miedo es todavía demasiado etéreo para un país acostumbrado a vivir en el alambre.
Ayer, la propia Policía levantó las manos en los centros de abasto y otras zonas de la ciudad de Tarija, donde se vivió prácticamente un domingo normal de solcito y paseo. Es una incertidumbre saber lo que realmente puede llegar a pasar hoy, puesto que las instrucciones siguen siendo contradictorias y con pocas opciones para la gente que realmente necesita ingresar día a día.
Los casos de contagio local empiezan a detectarse en el país, lo que han enseñado las prácticas de los demás países que están en plena guerra contra el virus es que controlar los contagios es fundamental. Para ello, la detección temprana es la clave, más allá de la cuarentena. Con lo primero, se logra inmovilizar a una persona o una familia, con lo segundo, logras minimizar los contactos, pero nadie acaba por aislarse lo suficiente si no tiene síntomas y no tiene diagnóstico confirmado.
Las elecciones se han suspendido, y eso tal vez permita abordar la crisis con mayor objetividad, de una forma que permita apoyar las medidas de prevención, sin que eso signifique callar ante lo que parecen negligencias demasiado peligrosas.
Las elecciones se han suspendido, y eso tal vez permita abordar la crisis con mayor objetividad, de una forma que permita apoyar las medidas de prevención, sin que eso signifique callar ante lo que parecen negligencias demasiado peligrosas.
Lo fundamental en el origen es reducir los contactos de la población. Eso se ha aprendido desde China, el primer país que sufrió el flagelo del virus. Ahí, la Presidente y el Gobierno actuó rápido suspendiendo clases primero – los niños son grandes difuminadores del virus por lo besables que son, pese a que no manifiesten grandes síntomas. Después aplicó una media cuarentena que parecía útil si se hubiera aplicado con rigurosidad, pero cuyos defectos provocaron que se tomara la medida dura de la cuarentena total.
Si las medidas médicas de prevención son correctas, el Gobierno no ha previsto las medidas económicas que acompañen la emergencia de forma suficiente para, precisamente, apuntalar el éxito de la propia cuarentena. El riesgo es evidente.
Con todo, lo más grave está siendo la falta de medidas que garanticen la identificación de casos y la propia atención. El ritmo de pruebas de confirmación es absolutamente vergonzante en comparación con cualquier otro país del mundo – apenas 11 diarias desde que empezó la crisis el 10 de marzo – y recién se han empezado a gestionar pruebas rápidas.
Quedan por delante dos semanas de agotadora cuarentena general, una medida extrema tomada pronto, pero que puede convertirse en una bomba de tiempo si no se toman las convenientes medidas. Sin pruebas, dentro de dos semanas podemos encontrarnos en el mismo sitio y con las reservas de paciencia agotadas. Es necesario que el Gobierno se mueva rápido. Mucho más rápido.
Es contradictorio el esmero en reportar pruebas negativas y mostrar inversiones urgentes por doquier en cuyos actos de presentación se asegura que todo está bajo control, al mismo tiempo que se indica que la gente debe permanecer en sus casas las 24 horas del día. El miedo es todavía demasiado etéreo para un país acostumbrado a vivir en el alambre.
Ayer, la propia Policía levantó las manos en los centros de abasto y otras zonas de la ciudad de Tarija, donde se vivió prácticamente un domingo normal de solcito y paseo. Es una incertidumbre saber lo que realmente puede llegar a pasar hoy, puesto que las instrucciones siguen siendo contradictorias y con pocas opciones para la gente que realmente necesita ingresar día a día.
Los casos de contagio local empiezan a detectarse en el país, lo que han enseñado las prácticas de los demás países que están en plena guerra contra el virus es que controlar los contagios es fundamental. Para ello, la detección temprana es la clave, más allá de la cuarentena. Con lo primero, se logra inmovilizar a una persona o una familia, con lo segundo, logras minimizar los contactos, pero nadie acaba por aislarse lo suficiente si no tiene síntomas y no tiene diagnóstico confirmado.
Las elecciones se han suspendido, y eso tal vez permita abordar la crisis con mayor objetividad, de una forma que permita apoyar las medidas de prevención, sin que eso signifique callar ante lo que parecen negligencias demasiado peligrosas.
Las elecciones se han suspendido, y eso tal vez permita abordar la crisis con mayor objetividad, de una forma que permita apoyar las medidas de prevención, sin que eso signifique callar ante lo que parecen negligencias demasiado peligrosas.
Lo fundamental en el origen es reducir los contactos de la población. Eso se ha aprendido desde China, el primer país que sufrió el flagelo del virus. Ahí, la Presidente y el Gobierno actuó rápido suspendiendo clases primero – los niños son grandes difuminadores del virus por lo besables que son, pese a que no manifiesten grandes síntomas. Después aplicó una media cuarentena que parecía útil si se hubiera aplicado con rigurosidad, pero cuyos defectos provocaron que se tomara la medida dura de la cuarentena total.
Si las medidas médicas de prevención son correctas, el Gobierno no ha previsto las medidas económicas que acompañen la emergencia de forma suficiente para, precisamente, apuntalar el éxito de la propia cuarentena. El riesgo es evidente.
Con todo, lo más grave está siendo la falta de medidas que garanticen la identificación de casos y la propia atención. El ritmo de pruebas de confirmación es absolutamente vergonzante en comparación con cualquier otro país del mundo – apenas 11 diarias desde que empezó la crisis el 10 de marzo – y recién se han empezado a gestionar pruebas rápidas.
Quedan por delante dos semanas de agotadora cuarentena general, una medida extrema tomada pronto, pero que puede convertirse en una bomba de tiempo si no se toman las convenientes medidas. Sin pruebas, dentro de dos semanas podemos encontrarnos en el mismo sitio y con las reservas de paciencia agotadas. Es necesario que el Gobierno se mueva rápido. Mucho más rápido.


