Por qué no reportamos sospechosos de coronavirus
Superado el desconcierto inicial, en el diario El País hemos optado editorialmente por no reportar el número de “sospechosos” de ser portadores del Covid – 19. La decisión se basa en las recomendaciones académicas para este tipo de situaciones, pero también a la situación compleja que...
Superado el desconcierto inicial, en el diario El País hemos optado editorialmente por no reportar el número de “sospechosos” de ser portadores del Covid – 19. La decisión se basa en las recomendaciones académicas para este tipo de situaciones, pero también a la situación compleja que vive nuestro sistema sanitario, y no solo por las aberrantes imágenes de comunidades y profesionales impidiendo el tratamiento de salud a los enfermos.
En estos momentos iniciales, todos deberíamos considerarnos sospechosos de ser portadores y comportarnos como tales. Tomar las prevenciones del caso, lavarnos lo suficiente, minimizar el contacto social, etc. Todas esas medidas de los profesionales de la salud vienen repitiendo, y también las autoridades políticas, aunque posteriormente hagan cosas diferentes en su propia agenda.
Que no haya “sospechosos confirmados” en Tarija debería darnos más o menos igual, lo mismo que ingresen más o ingresen menos, porque en este caso, la responsabilidad del aislamiento es personal. No tiene sentido exigir medidas drásticas mientras se comparte el mate, te invito o se hace una parrillada furtiva.
Si la enfermedad se dispara, es evidente que no va a haber capacidad de procesar las pruebas al ritmo que se requiere. Así ha pasado en Europa e incluso en China. Tampoco tiene sentido, como pasó en Tarija, señalar a un “sospechoso”, tenerlo cinco días aislado para que después el test salga negativo. Más pronto que tarde, la lista de sospechosos va a ser inmensa y el ritmo de confirmación o descarte de casos demasiado lento, pero ¿Qué información aporta esa lista? ¿En qué ayuda en este momento tener un reporte de descartados?
En el afán comunicativo con enfoque de márketing, como el que predomina en las altas esferas, gusta poner más énfasis en los casos descartados que en los confirmados, como si en eso tuviera algo que ver el poder. El mensaje que se lanza es positivo, lo que obviamente es una invitación a bajar la guardia. Peor en fin de semana.
Las estadísticas internacionales que va dejando el virus solo son eso, pues al final, las peculiaridades de cada país se acabarán imponiendo. En Europa, por ejemplo, se han elevado los porcentajes de fallecimientos entre los pacientes graves básicamente porque son países envejecidos, y es evidente que en Bolivia el porcentaje de mayores de 80 años es minúsculo, pero que también hay un importante porcentaje de la población viviendo con problemas cardíacos a más de 4.000 metros, y diabéticos adquiridos. De ahí que todo cálculo sobre los respiradores y camas UCI necesarios sean básicamente especulaciones hasta que se conozca la evolución. Es obvio que son insuficientes – lo son hasta en Alemania -.
Calcular sospechosos – confirmados es un desafío a la probabilidad y la estadística que conviene no alentar. Es tiempo de cumplir las recomendaciones y no especular. Es tiempo de quedarse en casa y cuidar de los suyos.
En estos momentos iniciales, todos deberíamos considerarnos sospechosos de ser portadores y comportarnos como tales. Tomar las prevenciones del caso, lavarnos lo suficiente, minimizar el contacto social, etc. Todas esas medidas de los profesionales de la salud vienen repitiendo, y también las autoridades políticas, aunque posteriormente hagan cosas diferentes en su propia agenda.
Que no haya “sospechosos confirmados” en Tarija debería darnos más o menos igual, lo mismo que ingresen más o ingresen menos, porque en este caso, la responsabilidad del aislamiento es personal. No tiene sentido exigir medidas drásticas mientras se comparte el mate, te invito o se hace una parrillada furtiva.
Si la enfermedad se dispara, es evidente que no va a haber capacidad de procesar las pruebas al ritmo que se requiere. Así ha pasado en Europa e incluso en China. Tampoco tiene sentido, como pasó en Tarija, señalar a un “sospechoso”, tenerlo cinco días aislado para que después el test salga negativo. Más pronto que tarde, la lista de sospechosos va a ser inmensa y el ritmo de confirmación o descarte de casos demasiado lento, pero ¿Qué información aporta esa lista? ¿En qué ayuda en este momento tener un reporte de descartados?
En el afán comunicativo con enfoque de márketing, como el que predomina en las altas esferas, gusta poner más énfasis en los casos descartados que en los confirmados, como si en eso tuviera algo que ver el poder. El mensaje que se lanza es positivo, lo que obviamente es una invitación a bajar la guardia. Peor en fin de semana.
Las estadísticas internacionales que va dejando el virus solo son eso, pues al final, las peculiaridades de cada país se acabarán imponiendo. En Europa, por ejemplo, se han elevado los porcentajes de fallecimientos entre los pacientes graves básicamente porque son países envejecidos, y es evidente que en Bolivia el porcentaje de mayores de 80 años es minúsculo, pero que también hay un importante porcentaje de la población viviendo con problemas cardíacos a más de 4.000 metros, y diabéticos adquiridos. De ahí que todo cálculo sobre los respiradores y camas UCI necesarios sean básicamente especulaciones hasta que se conozca la evolución. Es obvio que son insuficientes – lo son hasta en Alemania -.
Calcular sospechosos – confirmados es un desafío a la probabilidad y la estadística que conviene no alentar. Es tiempo de cumplir las recomendaciones y no especular. Es tiempo de quedarse en casa y cuidar de los suyos.


