Protección económica en Bolivia para no quebrar la salud de los bolivianos
La mayor parte de las medidas para frenar el coronavirus en Bolivia están vigentes. Desde hoy las fronteras están cerradas para todos los extranjeros. El sábado a las 00.00 estarán prohibidos, además, no solo los viajes interdepartamentales, sino los viajes interprovinciales. Los efectos en...
La mayor parte de las medidas para frenar el coronavirus en Bolivia están vigentes. Desde hoy las fronteras están cerradas para todos los extranjeros. El sábado a las 00.00 estarán prohibidos, además, no solo los viajes interdepartamentales, sino los viajes interprovinciales. Los efectos en la economía ya han sido descontados por el Gobierno, dispuesto a asumir el riesgo ante lo que supondría un colapso mayor del sistema de salud, a todas luces insuficiente.
La escasa habilidad comunicativa del Gobierno está acelerando el agotamiento de la población y poniendo en riesgo la efectividad de las medidas. Y eso que van dos días, aunque parezcan cinco. La cuarentena es de doce horas, pero todavía ningún portavoz acreditado ha sido capaz de explicar en términos racionales por qué sí es útil la medida decretada.
El meme de moda es ese que pone a don Ramón llegando a casa apurado a las 16.59 “antes de Covid – 19 salga a infectar”. El propio meme da cuenta de la desinformación campante, pues no se ha entendido que de lo que se trata es de salir a trabajar, tener el contacto mínimo con el resto de los vecinos, abastecerse de lo necesario y retornar al domicilio, para bien lavado, seguir compartiendo con la familia.
No se trata de hacer la vida en doce horas: trabajar, comer salteñas, celebrar cumpleaños, ir al cementerio, visitar a la suegra, ir al gimnasio, etc., para después encerrarse en casa a las 17.00 horas haciendo planes de a quién visitarás al día siguiente, aunque haga diez años de la última vez.
No se trata, por tanto, de hacer la vida en doce horas: trabajar, comer salteñitas, celebrar cumpleaños, ir al cementerio, visitar a la suegra, ir al gimnasio, etc., para después encerrarse en casa a las 17.00 horas haciendo planes de a quién visitarás al día siguiente, aunque haga diez años de la última vez.
Es una medida a medio camino, que lo que trata es de no reventar por completo nuestro precario sistema económico de consumo interno, con demasiada gente viviendo al día de sus microemprendimientos, y demasiada gente trabajando sin contrato ni garantías para emprendimientos medianos que dependen enteramente de la voluntad de sus clientes.
El riesgo es evidente, acostumbrados al cuarto intermedio, el fin de semana amenaza tragedia si es que no se toman algunas medidas clave. Pero a ello no contribuyen solo los factores socioculturales, sino una deficiente comunicación, y una lentitud magnífica en el procesamiento de los casos sospechosos.
Las medidas sanitarias han sido tomadas vertiginosamente, lo cual es probablemente muy buena decisión, pues minimiza el riesgo de contagio, siempre y cuando todo el mundo entienda que de lo que se trata es de reducir la exposición y no multiplicar la actividad en un corto periodo de tiempo. Ahora bien, esas medidas no han sido acompañadas con un plan económico lo suficientemente pensado para evitar la quiebra de las familias y de las empresas y negocios más pequeños, que además son los que generan más empleo, aunque sea subempleo.
La gente no vive del aire, ni de un bono de 500 bolivianos para los escolares. Es necesario garantizar la continuidad económica de las familias, porque solo así se podrán aplicar las medidas sanitarias pertinentes en un país con tantas necesidades como este. Solo así la gente podrá quedarse en casa.
Es tiempo de ser responsables, y generosos. Es tiempo de ser creativos y ambiciosos. Es tiempo de una Bolivia mejor.
La escasa habilidad comunicativa del Gobierno está acelerando el agotamiento de la población y poniendo en riesgo la efectividad de las medidas. Y eso que van dos días, aunque parezcan cinco. La cuarentena es de doce horas, pero todavía ningún portavoz acreditado ha sido capaz de explicar en términos racionales por qué sí es útil la medida decretada.
El meme de moda es ese que pone a don Ramón llegando a casa apurado a las 16.59 “antes de Covid – 19 salga a infectar”. El propio meme da cuenta de la desinformación campante, pues no se ha entendido que de lo que se trata es de salir a trabajar, tener el contacto mínimo con el resto de los vecinos, abastecerse de lo necesario y retornar al domicilio, para bien lavado, seguir compartiendo con la familia.
No se trata de hacer la vida en doce horas: trabajar, comer salteñas, celebrar cumpleaños, ir al cementerio, visitar a la suegra, ir al gimnasio, etc., para después encerrarse en casa a las 17.00 horas haciendo planes de a quién visitarás al día siguiente, aunque haga diez años de la última vez.
No se trata, por tanto, de hacer la vida en doce horas: trabajar, comer salteñitas, celebrar cumpleaños, ir al cementerio, visitar a la suegra, ir al gimnasio, etc., para después encerrarse en casa a las 17.00 horas haciendo planes de a quién visitarás al día siguiente, aunque haga diez años de la última vez.
Es una medida a medio camino, que lo que trata es de no reventar por completo nuestro precario sistema económico de consumo interno, con demasiada gente viviendo al día de sus microemprendimientos, y demasiada gente trabajando sin contrato ni garantías para emprendimientos medianos que dependen enteramente de la voluntad de sus clientes.
El riesgo es evidente, acostumbrados al cuarto intermedio, el fin de semana amenaza tragedia si es que no se toman algunas medidas clave. Pero a ello no contribuyen solo los factores socioculturales, sino una deficiente comunicación, y una lentitud magnífica en el procesamiento de los casos sospechosos.
Las medidas sanitarias han sido tomadas vertiginosamente, lo cual es probablemente muy buena decisión, pues minimiza el riesgo de contagio, siempre y cuando todo el mundo entienda que de lo que se trata es de reducir la exposición y no multiplicar la actividad en un corto periodo de tiempo. Ahora bien, esas medidas no han sido acompañadas con un plan económico lo suficientemente pensado para evitar la quiebra de las familias y de las empresas y negocios más pequeños, que además son los que generan más empleo, aunque sea subempleo.
La gente no vive del aire, ni de un bono de 500 bolivianos para los escolares. Es necesario garantizar la continuidad económica de las familias, porque solo así se podrán aplicar las medidas sanitarias pertinentes en un país con tantas necesidades como este. Solo así la gente podrá quedarse en casa.
Es tiempo de ser responsables, y generosos. Es tiempo de ser creativos y ambiciosos. Es tiempo de una Bolivia mejor.


