El reto tecnológico y el coronavirus

Mientras el Gobierno dosifica las medidas a implementar para luchar contra la expansión del coronavirus en Bolivia, y la economía pide a gritos un plan de estímulo que el gabinete no acaba de materializar pese a los anuncios de la propia Jeanine Áñez, la sociedad se prepara para dar uno de...

Mientras el Gobierno dosifica las medidas a implementar para luchar contra la expansión del coronavirus en Bolivia, y la economía pide a gritos un plan de estímulo que el gabinete no acaba de materializar pese a los anuncios de la propia Jeanine Áñez, la sociedad se prepara para dar uno de esos saltos que tantas veces venimos demorando.

Bolivia está en el siglo XXI como cualquier otro país del entorno, pero lleva demasiado tiempo de atraso, en parte por las políticas ineficientes, en parte por la negativa sistemática a cambiar las formas de hacer las cosas.

Los que viajan, o ven televisión, son conscientes de que en otros lugares del mundo se han dado saltos tecnológicos importantes, que a la larga contribuyen a ser más eficientes y por tanto, a ahorrar o tiempo o dinero que luego sea invertido en cualquier otra situación.

Hace cincuenta años nos presentaban una sociedad manejada por robots y con autos voladores, y es verdad que estamos lejos de eso que además siempre generó rechazo por la frialdad del modelo.
Los emprendedores que buscan implementar nuevas formas de hacer las cosas en la red de redes encuentran mil inconvenientes burocráticos, de la AJ a Impuestos, pasando por la Licencia de Funcionamiento
Una crisis como la actual, que exige sobre todo limitar el contacto público, es decir, la exposición, es más digerible con el apoyo de las tecnologías, y fundamentalmente internet. Ahora bien, el teletrabajo es posible siempre y cuando todos estén dispuestos a asumir la responsabilidad que comporta.

En general, en Tarija seguimos resistiendo el cambio a situaciones básicas. El pago con tarjeta de débito, por ejemplo, sigue siendo una excepción y no una opción disponible. Esto limita numerosas operaciones que reducen la interacción social, pero libera tiempo para otras tal vez de mejor uso.

La desconfianza que sigue enraizada, pese al paso de las décadas, sigue impidiendo implementar aspectos como el telepeaje o la tarjeta ciudadana, que facilita el acceso al transporte público con monederos prepago… ideas que simplemente han sido rechazadas de plano en Tarija, pero que son “admiradas” cuando se viaja a sitios no tan lejanos.

Es verdad que nunca parece el momento adecuado para implementarlas, que siempre se ha impuesto la comodidad o flojera, o que es verdad que necesita de cierta inversión social o personal para lograr implementarlas.

El coronavirus ha llegado para desnudar las excusas no razonables. Las universidades, por ejemplo, han implementado a toda máquina el sistema de educación virtual tras años de aplazamiento, mientras que en los trabajos donde es posible, se está logrando dar tolerancia para trabajar desde casa.

El siguiente paso lo tiene que dar el Estado. Las infraestructuras tecnológicas siguen siendo malas, débiles, lentas y en algunos casos, obsoletas. Los emprendedores que buscan implementar nuevas formas de hacer las cosas en la red de redes encuentran mil inconvenientes burocráticos, de la AJ a Impuestos, pasando por la Licencia de Funcionamiento.

Es necesario, por tanto, que la administración invierta decididamente en estos aspectos para lograr un salto sustancial que permita consolidar lo poco que se avance estos días. Ojalá en algo sirva esta crisis.

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