Frente al coronavirus, humanidad
El miedo al coronavirus puede ser razonable. No es el virus más mortal del mundo ni el más contagioso, ni de lejos, pero es precisamente lo desconocido lo que hace generar esa sensación de impotencia y preocupación. Es normal tener esa reacción, y hasta adecuada si se traduce en una acción...
El miedo al coronavirus puede ser razonable. No es el virus más mortal del mundo ni el más contagioso, ni de lejos, pero es precisamente lo desconocido lo que hace generar esa sensación de impotencia y preocupación.
Es normal tener esa reacción, y hasta adecuada si se traduce en una acción permanente e interiorizada para la prevención del contagio de enfermedades: lavarse las manos muy frecuentemente, taparse al estornudar, desechar esos pañuelos de papel que se quedan días en el bolsillo, no compartir vaso, etc.
Estos días incluso es recomendable limitar el saludo afectuoso con contacto físico, las aglomeraciones y todo el resto de “prácticas de riesgo” que tan peligrosamente hemos arraigado en Bolivia y Tarija.
Es importante también leer. Todos los medios serios ofrecen valiosa información tanto sobre el estado de situación como sobre lo que se sabe de la enfermedad en sí, las causas, síntomas, formas de controlarlo, los avances sobre la vacuna, e incluso, el presumible efecto que tendrá sobre la economía, y que de hecho ya se ha empezado a sentir.
Lo que no es recomendable es limitarse a compartir los bulos que llegan por redes sociales y entrar en estado de alarma sin ni siquiera haber hecho un mínimo esfuerzo por comprender el problema. Es de ahí que se entra en pánico, y el pánico es irracional.
Aun así, antes de todo, está lo humano. Y lo sancionable. Lo sucedido en San Carlos primero, en Santa Cruz después y en Oruro al final en la jornada del miércoles es absolutamente intolerable y las autoridades de Salud deberían tomar medidas urgentes para asegurarse de que eso no vuelva a pasar.
Bolivia pasa por ser el único país que no quiere que sus enfermos vayan a los hospitales. Hemos sido vergüenza mundial. Cuesta encajarlo
Una enferma fue sacada del área de aislamiento del centro médico destinada para eso por la irracional presión popular. Después, en Santa Cruz, hasta siete hospitales le negaron el ingreso. Siete hospitales. A una enferma.
Las protestas fueron organizadas en su mayoría por el propio personal de salud de esos hospitales, que evidentemente debería ser sancionado o retirado de forma inmediata. El coronavirus no es una enfermedad diferente y que requiera de otro manejo que el de cualquier otra enfermedad vírica y así está por demás demostrado. Se trata de aplicar los protocolos y ser prudentes. Aquellos funcionarios que no sean capaces de manejar estos aspectos básicos, que forman parte de la currícula básica, no deberían seguir en su puesto. Menos aún si alguno de ellos ha hecho el juramento hipocrático.
El sistema de salud boliviano es probablemente uno de los peores del mundo, un sistema por el que en realidad nadie se ha preocupado en serio nunca, pero hay cuestiones elementales que no pueden tolerarse.
La epidemia, que ya es pandemia, va a seguir extendiéndose en el mundo y en Bolivia; y lo hará más si no aplicamos los elementales cuidados más allá de la cuarentena dictada por la Presidenta. De momento, Bolivia pasa por ser el único país que no quiere que sus enfermos vayan a los hospitales. Hemos sido vergüenza mundial. Cuesta encajarlo.


