Recursos departamentales, la necesidad de pensar de otra manera

Por alguna extraña razón, que tiene más que ver con la política que con la economía, en Tarija nos hemos acostumbrado a creer que con las regalías y el IDH había suficiente dinero para resolver todos los problemas del departamento. Y es cierto que es pequeño, y es cierto que los ingresos...

Por alguna extraña razón, que tiene más que ver con la política que con la economía, en Tarija nos hemos acostumbrado a creer que con las regalías y el IDH había suficiente dinero para resolver todos los problemas del departamento. Y es cierto que es pequeño, y es cierto que los ingresos han sido altos, y es cierto también que tenemos en muchos ámbitos los mejores indicadores de desarrollo del país… pero evidentemente, no es suficiente.

Ni el haber estado a punto de perder los pozos petroleros y gasíferos más importantes del país sirvieron para que se tomaran decisiones certeras en la integración de los departamentos fronterizos con el resto del Estado. Inició el siglo XXI y en Tarija apenas había algún kilómetro de asfalto; la capital no conectaba con el país ni con sus provincias, y apenas un poco después se priorizó la frontera.

Con el siglo XXI llegó también el nuevo boom del gas natural, que YPFB ya había localizado en pozos tan relevantes como San Alberto, San Antonio y Margarita. La descentralización dio paso a la autonomía; el fracaso neoliberal a la agenda de octubre, y en el camino colisionaron muchos egos y muchos sueños. La pobreza era tal y los recursos se multiplicaron de tal manera, que con poco parecía que se hacía mucho.

Tarija nunca había sido especialmente dependiente de nadie, más al contrario, su fama pregona habilidad para la desobediencia y la lucha por las convicciones. El ingreso de la plata y la agitación de algunas pulsiones, consolidó la autonomía en la Constitución, pero no se tardó en entrar en un bucle de hastío y desesperanza.

Una serie de decisiones poco inteligentes, y la voluntad de gobernar con la chequera y en confrontación aumentó esa idea de la autosuficiencia. Ni siquiera cuando a priori se lograron mejores sintonías entre gobiernos se logró establecer una lógica gubernativa que pusiera en su justa dimensión el papel de cada cual.

Hoy, el Gobierno Departamental maneja apenas 100 millones de dólares, el presupuesto del Estado ronda los 40.000. Los números son elocuentes, por lo que no tiene sentido pretender la autosuficiencia desde las regalías.

El apoyo del Gobierno nacional para enfrentar proyectos básicos como las carreteras, las plantas de tratamiento, y asuntos como fronteras es fundamental. La Gobernación de Tarija no tiene dudas a ese respecto, mientras que los Municipios han empezado a posicionar un relato de dependencia que no corresponde.

La autonomía municipal no depende de la departamental. Los recursos que los municipios de Tarija necesitan para subsistir y generar obras y proyectos salen del Tesoro General del Estado, y si son insuficientes, es necesario sentarse en la mesa del Pacto Fiscal para corregirlos.

Gestionar un departamento es más que sumar las necesidades locales de los municipios o provincias y repartir recursos en consecuencia; esa fórmula ya fracasó en tiempos de Lino Condori. Es tiempo de sumar, no de dividir.

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