La gallina, los huevos de oro y la privatización de parques nacionales

Es difícil hablar sobre los incendios de la Chiquitanía, la Amazonía y otros, sin repetir lo ya dicho; datos, argumentos y evidencias circulan masivamente en medios de comunicación y redes sociales, no sin su respectiva dosis de fake news. Pero entre los muchos efectos causados por el...

Es difícil hablar sobre los incendios de la Chiquitanía, la Amazonía y otros, sin repetir lo ya dicho; datos, argumentos y evidencias circulan masivamente en medios de comunicación y redes sociales, no sin su respectiva dosis de fake news.

Pero entre los muchos efectos causados por el desastre ecológico está el envalentonamiento de quienes piden privatizarlo todo, incluso las áreas protegidas y parques nacionales.

Efectivamente, algunos opinadores de corrientes ideológicas “neoliberales” consideran que la falta de propiedad privada está llevando al país a sobreexplotar su territorio en una búsqueda ciega por recursos económicos para financiar su modelo de gasto, su modelo de “crecer por crecer”.

A tal punto que empezaron compartir frases, como aquella famosa cita de Milton Friedman que refleja su crítica de los defectos del estatismo: “Si pones al Gobierno Federal a cargo del desierto del Sahara, en 5 años habrá escasez de arena”.

Gracias a las leyes y decretos con los que hace años el gobierno central ha estado favoreciendo al otrora “gamonal” agromperesariado soyero, ganadero, alcoholero, etc., (pero también a las transnacionales petroleras, a los empresarios mineros disfrazados de cooperativistas, a los colonizadores rebautizados como interculturales) hasta pareciera que el fantasma de Friedman nos mueve el dedo índice a modo de regañadura: “yo se los dije”. El neoliberalismo recargado tiene una excusa más.

Quienes piensan de esta manera, plantean privatizar las áreas protegidas y parques nacionales porque consideran que, teniendo dueños privados, reglas claras e incentivos adecuados, los recursos que estos territorios contienen -bosques, biodiversidad, agua, tierra, etc.- estarán mejor resguardados de aprovechadores de diversa índole, que ejercen presión mediante incendios, avasallamiento y otros mecanismos.

Sin embargo, no aterrizan en el hecho de que, es precisamente la política de “laissez faire” (libre mercado) aplicado por el gobierno actual el que está incentivando los desastres ecológicos que padecemos hoy en día.

Como ya es de amplio conocimiento público, es precisamente el intento disimulado de privatizar tierras fiscales e inclusive reservas forestales -en favor de los sectores anteriormente mencionados-, con el fin de producir monocultivos, carne y agrocombustibles, lo que está detrás de las quemas descontroladas.

Y es parte de lo que científicos nacionales e internacionales conceptualizan como extractivismo, o más precisamente en este caso particular, “agroextractivismo”, es decir una forma o modelo de organizar la economía de un país, basado en una alta dependencia de la extracción intensiva (en grandes volúmenes) de recursos naturales con escaso o nulo valor agregado y destinado para su venta en el exterior (exportación).

En este contexto, la gallina de los huevos de oro de la que hablan los ganaderos es precisamente el modelo extractivista-agroextractivista. Obviamente, los huevos no llegan a todos por igual. No por nada los expertos consideran que este modelo constituye una economía de enclave y refuerza el carácter dependiente de la economía nacional, tal como la capitalización gonista.

Más del autor