Cartografía Mundialista
La historia no importa, esto es fútbol
Sin embargo, para tranquilidad de los futboleros, la historia del fútbol se escribe en presente. Los antecedentes pesan, las estadísticas sirven para el debate y los recuerdos alimentan la previa del partido, pero nada de eso garantiza un resultado
Cabo Verde está entrando con honores en la historia de los mundiales. Ya nada borrará que empató en su debut con España, una de las favoritas, y que en su segundo partido puso en jaque a la mítica garra charrúa para sacar otro punto frente a los uruguayos.
El partido tuvo todo lo que se necesitaba para hacerlo memorable y sufrido. Un golazo de tiro libre, un gol entre la inocencia caboverdiana y el oficio uruguayo, una insólita posición adelantada y una jugada que debe estar en el top de los bloopers del Mundial.
La fiesta en las graderías era caboverdiana -más allá del marcador- y el sufrimiento celeste. Las leyendas uruguayas en las tribunas eran el mejor reflejo, con un Luis Suárez que lo sufrió todo y seguramente tuvo ganas de saltar a la cancha, mientras los históricos capitanes Diego Lugano y Diego Godín dejaron claro con sus gestos lo que había que hacer en la cancha.
Después del batacazo del tiro libre que abrió el marcador, el primer gol de Uruguay no solo fue el del empate, sino el que dejó en claro el oficio de los uruguayos. Mientras los caboverdianos esperaban que los charrúas optaran por el fair play, cuando incluso uno de ellos ayudaba a un jugador caído, los sudamericanos no lo dudaron: gol es gol.
El segundo tiempo, con Uruguay arriba en el marcador, parecía más tranquilo para los sudamericanos, pero al frente estaba la voluntad y persistencia de Cabo Verde, que aprovechó un gran error de la defensa rival y volvió a empatar.
Baste decir que, tras el empate, ya no había margen para elegir barra. Confieso que estaba con el “corazón partío”, entre el deseo de que Uruguay ganara y la pena por si Cabo Verde perdía. El empate fue la solución salomónica para esta futbolera, pero sumió en el desencanto a los uruguayos, cada vez más críticos con Marcelo Bielsa.
Vozinha, con su mamá en uno de los palcos, estuvo a punto de convertirse en villano y borrar de un plumazo todo lo que había atajado frente a España. Lo salvó esa insólita posición adelantada de Agustín Canobbio. Parece que la tecnología no perdona en este Mundial.
Cabo Verde ya se siente cómodo en esta fiesta y juega de igual a igual con la certeza de que no tiene nada que perder y sí todo por ganar. Seguro ahora irá por todo contra Arabia Saudita y, por lo visto en la cancha -donde ya demostró que puede competir de igual a igual con cualquiera- no debería tener problemas, dejándoles todo el peso del grupo a España y Uruguay, que, en los papeles, deberían darnos un gran partido.
No es la primera vez que en un Mundial se desafía el orden establecido. Camerún sorprendió en Italia 90 frente a Argentina, Senegal derribó a la campeona Francia en 2002, Costa Rica se abrió paso entre gigantes en Brasil 2014 para llegar a cuartos de final y Marruecos hizo historia al alcanzar las semifinales en Catar 2022, y hoy es protagonista por derecho propio. Los mundiales están llenos de equipos que llegaron como invitados de última fila y terminaron sentándose en la mesa principal. Cabo Verde todavía tiene mucho camino por recorrer, pero ya tiene un espacio entre esos rebeldes que siempre aparecen para desafiar los pronósticos.
Sin embargo, para tranquilidad de los futboleros, la historia del fútbol se escribe en presente. Los antecedentes pesan, las estadísticas sirven para el debate y los recuerdos alimentan la previa del partido, pero nada de eso garantiza un resultado. Si así fuera, Cabo Verde estaría ocupando el lugar que le reservaron en las últimas mesas del banquete y Uruguay estaría caminando con tranquilidad hacia los octavos de final.
Por suerte, cuando empieza el partido, nada de eso importa. Durante noventa minutos no hay antecedentes, trofeos ni leyendas. En la cancha simplemente hay dos equipos que quieren ganar. Y eso hace que el fútbol siga siendo irresistible: la historia cuenta, pero nunca tiene la última palabra.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








