Cartografía Mundialista
Ser boliviano de excepción
“Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir”. Hay una búsqueda de grandeza en esa frase. Nosotros entonamos: “Morir antes que esclavos vivir”. Ellos persiguen la gloria; nosotros celebramos la resistencia. No es mejor ni peor, es todo lo contrario
¿Dónde obtengo un carnet de bolivianidad? Sí, quisiera ser boliviano por amor y no solamente por ser del sitio donde me parió mamá. Uno debería elegir su lugar de nacimiento, así como elige el club de sus amores.
A mediados de los años 90, cuando no existía Internet, María la del Barrio entraba a las casas sin pedir permiso y en las fiestas bailábamos la Macarena tratando de igualar los pasos para no sentir vergüenza, se retiraba del fútbol Luis Esteban Galarza.
Señoras y señores, yo lo vi. Era una muralla. En mi memoria casi siempre viste de negro, lleva el cabello corto y una voz de mando que parecía escucharse hasta en las tribunas. Mis recuerdos más antiguos viajan a aquellos años en los que defendía el arco de The Strongest. Sí, era atigrado. Sí, tenía garra. No, no era boliviano. Era paraguayo.
También vistió la camiseta de la selección boliviana. Lo que más recuerdo de él es aquel penal que le atajó a Perú en el Hernando Siles durante las eliminatorias rumbo a Italia 90. Quedamos eliminados por diferencia de gol, pero nos dimos el lujo de derrotar a Perú aquí y allá. Esa selección tenía, al menos en mis recuerdos, más magia y más garra que la que terminó clasificando al Mundial de 1994. Con decir que Chichi Romero era el 10 y por algo le decían “Maestro”.
El candado del arco boliviano era paraguayo. Siempre habló bien de Bolivia y no dudó cuando tuvo la oportunidad de nacionalizarse y representar a la Verde. En aquella generación también brillaron otros nacionalizados, como Trucco y Cristaldo. Entonces el corazón decidía más que la billetera… sí, así era.
Por estos días volví a pensar en Galarza. Lo hice después de leer una nota de Pablo Carbone sobre Matías Galarza, sobrino nieto de Luis Esteban. Matías jugó en River y no dio la talla, también tuvo la posibilidad de vestir la camiseta que defendió su tío abuelo, pero eligió Paraguay. Allá él. Cada quien tiene derecho a escoger su camino. De hecho, dicen que fue héroe de la Albirroja al marcar un gol importante frente a Turquía en este Mundial.
La verdad, en Paraguay me resulta indiferente. Tampoco creo que Matías sea una estrella de esas que cambian la historia. Y sí, reconozco que quizá hablo como el zorro que reniega de las uvas que no puede alcanzar.
También pienso en Efraín Morales. Dicen que es un gran defensor. Yo sólo sé que juega para Bolivia y nada más. Él fue convocado años atrás; pero se hizo rogar y, quizá, esperando el llamado de la selección estadounidense… no lo llamaron.
Pero cuando veo casos como el suyo y luego recuerdo a Luis Esteban Galarza o a Marcelo Martins, siento una diferencia difícil de explicar. Martins pudo elegir Brasil y escogió Bolivia. Y esa decisión terminó convirtiéndolo en algo más que un goleador.
Tal vez por eso me llaman la atención las personas que viven diciendo que hubieran preferido nacer en otro país, o quienes sueñan con escapar de La Paz, de El Alto o de Bolivia apenas tienen la oportunidad. No quiero ser patriotero ni chauvinista. Bolivia es complicada, difícil, injusta y a veces hasta insensible. Pero también es inmensamente bella.
Creo que muchas veces nos falta creer más en nosotros mismos... y querernos.
Siempre me llamó la atención una diferencia entre los himnos de Argentina y Bolivia. Los argentinos prometen: “Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir”. Hay una búsqueda de grandeza en esa frase. Nosotros entonamos: “Morir antes que esclavos vivir”. Ellos persiguen la gloria; nosotros celebramos la resistencia. No es mejor ni peor, es todo lo contrario.
Yo apuesto por quedarme. Por amar mi La Paz, mi Illimani y mi Bolívar. También quiero a Santa Cruz, Cochabamba, Cobija y a Bolivia entera. La recorrí de arriba abajo. La vi hermosa y la vi herida. Y aun así la amo.
Por eso recuerdo con cariño a Luis Esteban Galarza. Porque a veces un paraguayo puede enseñarnos mejor que nadie lo que significa ser boliviano.








