Cartografía Mundialista
Papá
Y ese amor con el hombre que nos hizo amar el fútbol es fuerte como la defensa italiana comandada por Baresi y Maldini. Este cariño a papá es creativo y divertido como el juego de Ronaldhino. Es único… como la jugada de Maradona contra los ingleses, el 86
No quisiera ser Messi. Ahí donde lo ven, él puede tenerlo todo: una familia hermosa, dinero, salud, fama… aura, eso que está de moda en el mundo. Es que a Messi muchos no lo miramos, lo admiramos. Es el héroe que sale al campo de batalla verde escoltado por sus escuderos que lo darían todo por su capitán. Yo no quisiera ser Messi.
Y sí, yo soy un humano más… él es el 10; pero el 10 también llora. O como diría Verónica Castro, “los ricos también lloran”. Su papá está enfermo y vivir con esa zozobra es morir un poco.
Hijos y padres sufren el uno por el otro. El compañero cartógrafo, y a quien espero le llegue esta carta, Alfonso Cortez escribió recién sobre la angustia de Zidane al ver a su hijo siendo abatido una y otra y otra vez por el capitán argentino. Imagino y casi siento la pena del francés; es una pena que tenemos los padres al ver crecer a nuestros hijos y comprender que no siempre los podemos proteger.
Ahora tecleando también me acuerdo de Ramiro Castillo, el 10 boliviano que jugó en The Strongest, Bolívar y River Plate, entre otros cuadros de Sudamérica. Fue al mundial de Estados Unidos, el 94 y tres años después formó parte del equipo que llegó a la final de la Copa América; aquella vez perdimos en el invencible estadio Hernando Siles. Vi aquel partido desde la curva Norte y recuerdo el segundo gol de Brasil, un zapatazo de Ronaldo (Ronaldo el bueno) imparable para Trucco. Nos ganaron 3 a 1. Esa tarde fue horrible para la ciudad y el país; sin embargo, el coripateño Castillo perdió mucho más que un partido de fútbol.
Aquella vez, en el camerino, le informaron al Chocolatín que su hijo mayor estaba muy enfermo. Dos días después el niño murió. El crack boliviano arrastró aquella derrota durante tres meses y decidió desvivirse, como dicen ahora eufemísticamente; yo prefiero hablar con la verdad y digo que el 10 yungueño se murió de amor, de amor paternal.
Y ese amor con el hombre que nos hizo amar el fútbol es fuerte como la defensa italiana comandada por Baresi y Maldini. Este cariño a papá es creativo y divertido como el juego de Ronaldhino. Es único… como la jugada de Maradona contra los ingleses, el 86.
Yo no envidio a Messi porque sé lo que es tener a papá enfermo. Cuando mi papá estaba mal, yo estaba mal… recuerdo que sus últimos meses partí mi vida entre el trabajo y el hospital. Yo le mentía ¿o me mentía? diciendo que todo iba a mejorar. Hasta que la mentira se descubrió y él dejó de sufrir.
Quizás la forma de vivir es sobreviviendo a las muertes de los seres queridos. Quizá Messi también lucha con la pena y con los rivales. Quizá por eso también es uno de los mejores del mundo.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








