Cartografía Mundialista
Suiza y Vajgáz
Gloria eterna para los Embolo, Xhaka, Ricardo Rodríguez y compañía que solo los ves de Mundial a Eurocopa a Mundial a Eurocopa y que juraría llevan jugando desde Korea y Japón 2002.
Como el menú de esta jornada está estratosféricamente suculento y mi amigo Alfonso anda buscando motivación tras ver caer a Modric (tranqui, Inglaterra es un equipazo que llegará lejos) y apenas ver a Cristiano en 90 minutos (de esto ya nada tengo que decir), haré un par de comentarios de la goleada de Suiza, ese país que vota sobre el salario máximo y la cantidad de personas que la pueden habitar con una presidencia rotatoria y un gabinete cuoteado en el que la gente es menos cuadriculada de lo que la leyenda cuenta.
El primero es que es la primera selección que parece un equipo. Gloria eterna para los Embolo, Xhaka, Ricardo Rodríguez y compañía que solo los ves de Mundial a Eurocopa a Mundial a Eurocopa y que juraría llevan jugando desde Korea y Japón 2002. En 2010 fueron los de la cábala de que para ser campeón – le vencieron a España - hay que perder el primer partido, como Argentina en Catar (¿Y Croacia en 2026? Dale Alfonso!)
Lo segundo y a la vez de lo primero, es que he extrañado al “barrilete cósmico” versión alpina, Xherdan Shaquiri, el mejor jugador suizo desde Stéphane Chapuisat (que eliminó a mi Real Zaragoza – ¡ahí está! - de la Europa League del 92 con el Dortmund), un todoterreno del fútbol que ha marcado en tres Eurocopas y tres Mundiales consecutivos y que decidió decir adiós a la selección con ¡34 años! y eso que en vez de irse a Arabia como Cristiano o a Estados Unidos como Messi, se quedó en el Basilea.
El cuento es que hace un par de años estuve unos días en su casa de la pradera suiza de mi amiga Valeria y como recién se había acabado la Eurocopa y mi hijo andaba con esas figuritas todavía, alguien le preguntó a sus hijas adolescentes que si consideraban a Vargas – el extremo afilado latino por los cuatro costados salvo de nacimiento - el mejor jugador de Suiza.
- ¿Vargas?
- Sí, Vargas – así con acento en la última a.
- ¿Quién es Vargas?
Saca el celu, busca.
- Este Vargas
- Aaaah! Vajgáz! – Todo risas y rubores.
Nunca supimos si lo consideraban el mejor, pero sí uno de los más bellos, el más perturbador, y desde luego, uno de los suyos y no de los nuestros. ¿Cómo va a ser nuestro si no le ponemos ni el acento bien?
Este Mundial raro oda de la integración que pretende Infantino aún haciéndolo en la casa de Donald “ICE” Trump no deja de ser lo que siempre fue: un encuentro de naciones distintas hablando el mismo idioma, el del fútbol, donde cada vez queda más en evidencia que las fronteras no son lo que algunos dicen que son.
Seguramente Suiza cumplirá su tradición de avanzar a octavos y hacer las maletas. Qué país fiable, qué hermosa democracia. Xhaka, no te retires nunca.








