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Fragmento del libro: “RECUERDOS DE MI TIERRA”

Cántaro
  • Tomás O’Connor d’Arlach
  • 22/12/2024 00:00
Octavio O'Connor d'Arlach

Octavio O'Connor d'Arlach

Portada RECUERDOS DE MI TIERRA

Portada RECUERDOS DE MI TIERRA

Octavio O'Connor d'Arlach
Portada RECUERDOS DE MI TIERRA

LOS FUNDADORES

Año 1576

En española Capa, bien envuelto,

(exponente gallardo de su raza),

bajo la luz de plata de la luna

cruza Luis de Fuentes por la plaza.

 

Dos años hace a que fundó la villa

de San Bernardo de Tarixa, en nombre

de Felipe segundo; y embozado

también, se acerca al capitán un hombre:

 

es el hidalgo don Alonso de Avila;

la noche es tibia y apacible y grata,

y los dos españoles se pasean

de la alta luna ante el fulgor de plata.

 

—De San Bernardo el nombre a nuestra villa

 le he puesto -dijo Fuentes- algo quedo,

sólo por cumplir la orden que me diera

el virrey don Francisco de Toledo.

 

—¿Y no le agrada, capitán, el nombre

que ha dado a nuestra nueva y linda villa?

—Me gusta por ser nombre de un gran santo,

más yo pensabála llamar Sevilla,

 

como Guadalquivir llamé a su río.

—¿No ve usted la belleza soberana

y semejanza de esta linda tierra

con la de nuestra tierra sevillana?

 

El mismo sol, el mismo cielo, el mismo

aroma de sus plantas y sus flores;

como Sevilla, pienso ha de ser esta,

de encanto, de placer y amores.

 

—Dice bien: capitán -repuso el de Ávila-

en tan vasta, magnífica llanura,

ha de alzarse en un tiempo no lejano,

una ciudad de espléndida hermosura.

 

—Y será una ciudad muy española

por la raza, la lengua y la belleza

de sus mujeres y su dulce clima,

—dijo Luis de Fuentes con presteza—

 

—En verdad—contestóle don Alonso

que llamarla debíamos Sevilla,

porque ha de ser Tarixa con el tiempo,

como aquella ciudad, la de Castilla.

 

La luna brilla espléndida en el cielo,

los dos hidalgos se separan; Fuentes

entra en su casa, y en la suya el de Avila.

¡Son los dos fundadores, dos videntes!

LOS CAUDILLOS

Eustaquio Méndez

Constitución atlética y robusta,

alta la frente, altiva la mirada,

negros los ojos, ancho el noble pecho,

pendiente al cinto la invencible espada;

 

presentase en las puertas de Tarija

ocupada por fuerzas españolas;

de San Juan en el alto y de San Roque,

tremolan ya las rojas banderolas

 

de sus improvisados escuadrones,

que en vez de lanza llevan un cuchillo;

y vence así y en la ciudad penetra

de San Lorenzo el inmortal caudillo.

 

Ramón Rojas

Muy negras las pupilas y pálido el semblante,

una amable sonrisa su mostacho impacienta,

esbelta es la figura del bravo comandante

cuando con uniforme de gran gala se ostenta.

 

En el sombrero lleva la pluma azul que al viento

se mece, y es su ropa de negro terciopelo,

la energía de su alma se traduce en su acento,

la frente es ancha y noble bajo el oscuro pelo.

 

Parece un tipo de esas venecianas pinturas,

piensa bajo el sombrero donde la pluma oscila

en enormes empresas, guerreras aventuras,

brilla como un carbunclo la muy negra pupila.

 

Montado en su soberbio caballo de combate,

se muestra de Tarija por las alegres calles;

¡que corazón tan grande dentro del pecho late

del inmortal y bravo caudillo de los valles!

 

LAS PROVINCIAS DE TARIJA

Arce y Avilés

Como dos blancas palomas

que formaron su albo nido

entre dos agrestes lomas

de un valle verde y florido,

 

la Concepción y Padcaya

se yerguen en este suelo,

de esmeraldas en su playa,

de zafir bajo su cielo.

 

Son como un cesto de rosas,

de claveles y otras flores

dó vuelan las mariposas

y los pájaros cantores.

 

Son tierras de los claveles

y las rojas amapolas,

de las frutas y las mieles

y almas muy españolas.

 

Sus hombres son tan honrados

y sus mujeres tan bellas!

Estas, flores de sus prados

son y de su cielo estrellas.

 

Son las dos villas, hermosas,

patriotas y meritorias,

que cuentan fechas honrosas

de sacrificios y glorias,

 

Tierra de los ricos vinos,

mejores que el de jerez,

tierra de grandes destinos,

cuna de Arce y de Avilés;

 

Dios te ha dado cuanto quieres,

suelo fértil, muchas flores,

hermosísimas mujeres

y los más ricos licores.

 

Siempre hermanas, siempre unidas

sigan el mismo camino

las dos provincias queridas

hacia su noble destino.

 

MÉNDEZ

Oh, región de San Lorenzo

tan agradable y tan bella,

con tu fértil Canasmoro

y tu encantadora Sella

 

en cuyos prados hay ninfas,

como en sus ríos sirenas,

que en esas noches de luna

tan puras y tan serenas,

 

inspiran sentidas coplas

a los tristes trovadores

que cantan sus esperanzas,

sus penas y sus amores.

 

Carachimavo está allí,

donde nació el denodado

Eustaquio Méndez, que fuera

el más heroico soldado,

 

el más bravo guerrillero

de la tarijeña tierra,

héroe de la independencia,

grande en la paz y la guerra.

 

Tus famosos escuadrones

al español arredraron

cuando aquí le combatieron

y en Tarija le sitiaron.

 

Tranquila corre la vida

en tus sitios encantados,

entre tus verdes viñedos

y entre tus rojos granados.

 

De aquellas lomas patrióticas

las gloriosas tradiciones

recuerdan y el heroísmo

de tus fieros escuadrones.

 

Tu paisaje hubiera puesto

Murillo en clásico lienzo,

tan bella y encantadora

es tu región, San Lorenzo!

 

O’CONNOR

Esta es la Nueva Vega de Granada

que en nombre de Castilla,

de la colonia en la época pasada,

vino a fundar Juan Pórcel de Padilla.

 

Pero los indomables chiriguanos

a la vega invadieron,

dieron fin con los bravos castellanos

y todo en la invasión lo destruyeron.

 

y la provincia se llamó Salinas,

porque en su rico suelo,

de cloruro de sodio tiene minas,

hoy lleva el nombre de mi heroico abuelo,

 

y la Provincia O’Connor se la llama,

y es rica y es hermosa.

¿Quien al verla una vez sola no la ama,

si es tan bella, patriota y generosa?

 

Su capital, ondina reclinada

de ríos a la orilla;

con razón Nueva Vega de Granada

quiso llamarla Pórcel de Padilla.

 

Sus tabacos, sus pastos, sus ganados,

sus ricas salitreras

y sus variadas aves, sus pescados,

sus frutas, sus riquísimas maderas;

 

el valor de sus hijos denodados,

que fueron en la. guerra

valientes y magníficos soldados,

y en la paz labradores de su tierra,

 

honrados industriales, ciudadanos

que viven trabajando,

que se aman noblemente, como hermanos,

a su Dios y a su Patria venerando;

 

la hace una provincia más que bella;

su porvenir hermoso

es grande. Brille siempre pura estrella

de Tarija en el cielo esplendoroso.

 

GRAN CHACO

Un sol abrasador vierte su rayo

sobre esa tierra de riquezas llena

que riega el caudaloso Pilcomayo.

Allí los llanos de tostada arena,

 

allí los prados de eternal verdura,

allí la policromía del paisaje

y los bosques que cubren la llanura

en que viven el tigre y el salvaje.

 

Misteriosa región que está regada

por la sangre del santo misionero;

dilatada región qué conquistada

fue de Tarija por el noble acero.

 

Oh, seculares bosques donde crecen

el pino, el arrayán y los nogales

y nenúfares pálidos florecen

y cantan en bandadas los zorzales

 

y vuelan las pintadas mariposas,

de flor en flor, y en la callada noche,

mustias se inclinan las fragantes rosas

y la gran pasacana abre su broche.

 

Del gran Crevaux, del mártir de la ciencia;

y de sus meritorios compañeros,

parece qué se siente la presencia

en los bosques del Chaco y los esteros;

 

lo mismo que de aquellos religiosos

que de Dios la palabra predicaron

y que humildes, constantes y animosos,

a los bravos salvajes amansaron.

 

¡Oh, el noble misionero franciscano

que en las ignotas selvas penetrara

y en beneficio del poder cristiano

tantas y tantas almas conquistara!

 

Allí vertió su sangre, allí cayeron

llenos de fe, constancia y gran coraje,

los pobres misioneros que murieron

víctimas de la flecha del salvaje.

 

Cuando el ferrocarril cruce mañana

esa de promisión tierra querida,

exuberante, grande y soberana

se alzará esa región llena de vida.

 

LA TARIJEÑA

Blanca la frente,

las cejas negras,

ojos brillantes

cual dos estrellas,

labios de rosa,

dientes de perlas,

flexible, airosa

como palmera;

pié de andaluza,

mano pequeña

mano que es lirio

o es azucena,

la que bendice

la que consuela

y da limosnas

y Heridas venda;

mejillas rojas,

cutis de seda,

dulces miradas

que al alma llegan,

larga y sedosa

la cabellera,

como la noche,

negra, muy negra,

corazón de ángel,

que ama, que sueña

y que consuelos

vierte do quiera;

de las mujeres

es la más bella:

esa es, señores,

la tarijeña.

 

PRIMER AMOR

Ya repican las campanas

de la Matriz; bello sol

ilumina el grato día

de mi más bella ilusión.

Es ardiente la mañana

de ese día encantador;

ninguna nube en el cielo

ni pena en el corazón.

En tropel bajan las gentes

a oír la misa mayor;

de la voz de las campanas

sigue escuchándose el son.

Ah, campanas de mi tierra

que alegran el corazón

con su acento tan sonoro!

Parece que hablan de amor,

de esperanzas y de ensueños

y de la bondad de Dios.

Grupos de hombres y mujeres

llegan con todo fervor

a oír la misa; en el atrio

del templo me quedo

yo un instante—cuando pasa

por junto a mí una visión

bella cual sueño de infancia

como el primer amor.

Es una joven hermosa,

que negros sus ojos son!

Adormecen sus miradas

como el opio el corazón.

Parece que la circunda

un celeste resplandor.

Son sus ojos dos estrellas

en el cielo de mi amor

y sus mejillas dos rosas

del jardín de mi ilusión.

En un cielo de turquesa

cuan radiante brilla el sol

para el que siente en el alma

nacer el primer amor.

Es el ocho de diciembre;

no olvidará el corazón

esa fecha memorable

ni aquella misa mayor,

ni aquellos ojos rasgados,

grandes como mi pasión,

negros como mi destino,

hermosos como el amor!

 

NOCHES DE LUNA

¡Ah, las noches de luna de mi tierra!

La atmósfera de aromas impregnada;

bogando en mar inmenso de zafiro

es la luna una góndola de plata.

 

En los canales de las anchas calles

como una melopea canta el agua

y perfume de flores de naranjo

se aspira por las calles y las plazas;

 

y grupos de señoras y de niñas

se sientan en las puertas de las casas,

(argentina costumbre que en Tarija

es a través del tiempo conservada).

 

A lo lejos se escucha la armonía

de una dulce y doliente serenata,

y en alas de la brisa, de la noche

llega el grato rumor de una guitarra.

 

Bajo la luz de plata de la luna,

en el silencio, al pié de una ventana,

se oye la voz de amor y de ternura

de un joven que conversa con su amada.

 

Música, amor, perfumes, armonías,

encantos, ilusiones, esperanzas,

todo flota en la atmósfera serena

a la luz de la luna triste y pálida.

 

El ladrido de un perro en extramuros,

el croar de las ranas en la playa,

el canto de algún gallo en la alquería

y el funeral acento de la caña;

 

las voces sin palabras de la noche,

la voz de los recuerdos en el alma,

los múltiples rumores que se sienten

cruzar bajo la bóveda estrellada;

 

todo es hermoso en esas claras noches

llenas de amor, de encanto y de esperanza;

esas noches de luna del terruño,

que ama y que nunca olvidará mi alma.

 

A su recuerdo, unidas hoy contemplo

las blancas horas de mi dulce infancia

y de mi juventud aquellas noches

¡ay! tan queridas cuanto más lejanas.

 

LA HERRERÍA

Tarde fría, densa niebla

está asentada en los cerros,

bajo un cielo gris y triste

sopla con furor el cierzo,

 

y en esta tarde se siente

el rigor del invierno.

Tan solo se oye el ruido

del martillo del herrero

que en la fragua trabajando

se encuentra con todo empeño

de la mañana a la noche,

en verano y en invierno.

Da el martillo contra el yunque,

brotan estrellas de fuego;

todo es calor en la fragua

y afuera es un frío intenso

La plazuela de San Juan

está en solemne silencio,

y solo se oyen los golpes

que en la fragua dan al hierro;

y solo se ven las chispas

del fogón en el incendio,

y la figura cubierta

de hollín, del activo herrero.

En la acequia que desciende

del molino como en terso

espejo, se ven los sauces

que bordean el sendero;

con el pico bajo el ala

están los patos durmiendo,

de hojas secas el camino

completamente cubierto.

En medio de tanta calma

y tan solemne silencio

se oye la voz del trabajo,

el martillo del herrero.

Yo atravieso la plazuela

acompañando a mi abuelo

que da siempre, por la tarde

a caballo este paseo.

Gozo al ver que le saludan

los transeúntes con respeto,

y que se cuadra en la fragua

y hace una venia el herrero

y, mi general—murmura

—Dios guarde al viejo guerrero,

Tin, tin, tin, sigue el ruido

del martillo contra el hierro.

Y en mi memoria de niño

guardo grabado el recuerdo

de esa tarde y la Terrería

y la plazuela y mi abuelo.

Días bellos de mi infancia,

¡ay! ¿por qué tan pronto huyeron?

Por siempre los ha llevado

en su vorágine el tiempo!

En medio de mi tristeza,

que de ellos me queda, siento,

lo único que de la vida

nos queda al fin: ¡un recuerdo!

 

EN LA CASA DE CAMPO

Estaba el día nebuloso y frío

y la nieve cubría la llanura,

se deslizaba rumoroso el río

en la ancha playa llena de verdura.

 

En el triste jaral cantaba un gallo,

en el rastrojo sesteaba un toro,

relinchaba en las lomas un caballo,

se adormilaba en la cocina un loro,

 

y allá cerca al fogón un negro gato

entreabría sus ojos amarillos,

y nadaba en la acequia un blanco pato,

volaba un picaflor en los tomillos;

 

en su rueca una anciana campesina

blanco vellón de lana estaba hilando,

sentada en el umbral de la cocina,

medio durmiendo cuando no rezando.

 

Melancólicos sauces inclinaban

sus oscuros ramajes sobre el río,

bajo un cielo impreciso suspiraban

las frescas brisas en el valle umbrío;

 

y mi madre, la reina de la casa,

en el jardín hiendo una novela.

¡Qué pronto el tiempo de la infancia pasa

como el encanto de esos días vuela!

 

LAS CAMPANAS DE MI PUEBLO

Campanas de la Matriz:

vuestros repiques parecen

un acento de victoria.

Campanas de San Francisco,

¿parece tocáis a gloria?

Campanitas de San Roque,

de tanta, tanta armonía,

vuestros repiques parece

que gritan, vida! alegría!

Y los vuestros campanitas

deliciosas de San Juan,

hablan de las ilusiones

juveniles que se van.

Y las de San Juan de Dios,

de acentos tan plañideros,

semejan la voz humilde

de enfermos y de enfermeros.

Y la otra campana, aquella,

la del triste cementerio,

esa es la voz de ultra-tumba,

de la Muerte, del misterio...

Esa no repica; dobla,

nunca ríe, nunca canta,

llora, y su triste tañido

es voz ignota que espanta.

De la Matriz las campanas

son lentas, solemnes, graves,

y son la de San Francisco

un vuelo de blancas aves.

Las de San Juan y San Roque

armoniosas cual laúd,

evocan gratos recuerdos

de amor y de juventud.

Y aquellas del Cementerio

con su fúnebre tañido,

nos recuerdan a los seres

que para siempre se han ido.

Campanitas de San Roque,

campanitas de San Juan,

vuestros alegres repiques

cuando volveré a escuchar?

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