Las oportunidades de la juventud
El desempleo juvenil en Tarija: con el título guardado en un cajón
El Censo de 2024 registró que 15.000 tarijeños emigraron al exterior desde 2012 y que 26.000 optaron por buscar oportunidades en otros departamentos; la mitad de ellos son jóvenes entre 18 y 29 años y son la muestra real de la crisis del desempleo en Tarija.
Tarija atraviesa una crisis de subsistencia donde la falta de tejido empresarial obliga a gran parte de la población a refugiarse en la informalidad. Esta realidad, evidenciada por los datos del último Censo de Población y Vivienda, que reflejan un 48,3% de trabajadores por cuenta propia, ha desplazado a muchos jóvenes graduados hacia trabajos de subsistencia e informales ante la escasez de vacantes y oportunidades en el departamento.
La cruda realidad
Son las 10:00 AM y el sol ya empieza a picar sobre los hombros de quienes transitan la zona céntrica de la capital tarijeña. Para el turista, según las proyecciones positivas de las instituciones públicas, Tarija es la ciudad de la sonrisa, el vino y la calma.
Para Jorge, un ingeniero civil de 25 años, es un laberinto de desempleo. "Llevo seis meses saltando de un lugar a otro, esperando que alguien se jubile o que se abra un proyecto", comenta mientras come una salteña que hace 3 meses costaba 2 bolivianos y hoy llega a los 4 bolivianos.
Jorge vive con sus padres, además de ayudar con el negocio familiar, que es una tienda de electrodomésticos ubicada en la zona de La Loma. “Egresé hace algo más de un año, pero hasta el momento no encuentro trabajo donde pueda ejercer mi carrera” señala Jorge.
Su historia no es una anomalía, es el pulso de una generación que creció escuchando sobre la bonanza del gas (2006-2016) y que la educación aseguraba un futuro, pero que heredó un mercado laboral en terapia intensiva con pocas oportunidades en el sector público y en el sector privado.
Esta realidad de empleabilidad golpea a miles de jóvenes que, como Jorge, tienen que nadar en un mar de desigualdades o recurrir a espacios políticos donde la promesa de un puesto laboral se alcanza, supuestamente, a través de levantar banderas, pintar paredes o reaccionar a publicaciones de redes sociales.
Jorge relata que, como muchos, hizo campaña para un candidato a la alcaldía de Tarija con la esperanza de conseguir un puesto laboral en el municipio. “Me uní a un grupo de personas de mi distrito; hemos aportado dinero y bastante tiempo con el fin de conseguir un empleo…”, pero de momento nada.
Para Fernando Leytón, presidente del Comité Cívico Juvenil de Tarija, el panorama laboral para los nuevos profesionales es "atractivo pero limitado". La debilidad del sector privado en la región ha generado una distorsión en el acceso al empleo, obligando a los jóvenes a buscar refugio en la administración pública.
Según Leytón, esta falta de tejido empresarial empuja a muchos graduados a la "mala racha" de depender de vínculos con partidos políticos o autoridades para asegurar un puesto estable, lo que convierte a las instituciones del Estado en el único horizonte de seguridad económica.
Ecosistema de la supervivencia
En las calles adyacentes a la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS), la atmósfera es intensa y tensa; las aceras están llenas de cientos de estudiantes universitarios que entran y salen de la universidad. Además del chirrido constante de las bocinas de los vehículos, se suma el popurrí de voces, risas y gritos de la vida universitaria.
Cada año egresan cientos de nuevos profesionales con la esperanza de transformar su futuro, pero se topan con una realidad: la economía tarijeña ha dejado de ser el motor del país gracias a sus hidrocarburos para convertirse en un ecosistema de supervivencia. Ni hablar de los otros tantos egresados de universidades privadas e institutos de formación técnica que proliferan en Tarija.
Un grupo de estos egresados, que por suerte de sus vidas futuras heredarán los negocios de sus padres o tendrán ese empujón laboral llamado popularmente “muñeca”. Aquella muñeca tan anhelada por bastantes jóvenes, necesaria para subsistir en la vida cotidiana de esta ciudad, donde cada vez existen menos oportunidades.
Fernando Leytón señala que, ante la falta de industrias y empresas de gran alcance, los graduados se ven empujados hacia ciudades con mercados más dinámicos. como Santa Cruz o La Paz, o incluso hacia destinos internacionales.
Según el Censo de 2024, más de 15.000 personas han emigrado al exterior en Tarija desde 2012. La mitad de ellos cuando tenían entre 18 y 29 años.
Además, otros 26.000 han dejado el departamento entre 2012 y 2024, de nuevo, un tercio entre 18 y 29 años. El saldo migratorio en Tarija, además, es negativo en más de 6.000 personas, siendo solo positivo en personas mayores de 60 años que retornan a Tarija a descansar.
Para el dirigente juvenil, el problema no es solo la falta de plazas, sino la calidad de las mismas: las escasas vacantes formales suelen ofrecer apenas un salario mínimo que difícilmente compite con los ingresos generados en la informalidad, lo cual desmotiva al profesional y lo arrastra hacia sectores alejados de su formación o, en el peor de los casos, hacia actividades al margen de la ley.
Leytón advierte que la estructura de poder en Tarija se ha convertido en un "embudo" donde solo se sobrevive a través de la filiación política o el padrinazgo, complementado por lo que él describe como una "política dañina" que ocupa cargos técnicos en la Alcaldía o la Gobernación con perfiles ajenos a la materia, relegando la formación y el mérito profesional.
La radiografía de una economía de "cuenta propia"
Los datos finales del Censo de Población y Vivienda 2024 han actuado como un espejo crudo para la región, revelando un cambio de paradigma que muchos sentían en los bolsillos.
La estadística es contundente y dibuja un departamento que se aleja de la industrialización para refugiarse en la autogestión: el 48,3% de los tarijeños ocupados se encuentran hoy bajo la categoría de trabajadores por cuenta propia.
De acuerdo con este análisis censal, el núcleo del empleo formal en Tarija se ha reducido a una minoría privilegiada. Solo el 43,3% de la fuerza laboral en el departamento ostenta la categoría de empleado u obrero estable. El abismo que separa ambas cifras es donde se pierde el futuro de la nueva generación: significa que más de la mitad de los trabajadores tarijeños sobrevive en la intemperie de la informalidad.
Son hombres y mujeres que operan fuera del sistema, sin realizar aportes a la Gestora Pública que garanticen una vejez digna y, lo que es más urgente en el día a día, sin un seguro de salud que los respalde ante cualquier emergencia.
Para un joven profesional que recién se quita la toga y el birrete, el panorama es desolador. Ese 43,3% que representa tanto al empleo en el aparato estatal como al sector privado formal se ha convertido en un "club exclusivo" de acceso restringido. Entrar en ese porcentaje es hoy un privilegio cada vez más escaso.
Esta brecha estadística explica por qué la excelencia académica ya no garantiza el ascenso social en Tarija; mientras el empleo formal se estanca, la calle se llena de talentos obligados a la precariedad para no engrosar las listas del hambre.
La estructura productiva de Tarija parece haberse congelado en el tiempo, resistiéndose a la diversificación que exigen los nuevos mercados globales. Según el desglose de sectores económicos del Censo 2024, el departamento sigue anclado en actividades extractivas y primarias: la agricultura, ganadería y pesca concentran al 26,27% de la población ocupada, seguidas de cerca por el comercio al por mayor y menor, que abarca el 21,06%.
Sectores dinámicos y modernos, como las Tecnologías de la Información (TIC) o los servicios financieros, tienen una presencia casi invisible en las estadísticas, lo que limita las opciones de los jóvenes que buscan insertarse en la economía del conocimiento. Sin una base industrial sólida, el talento local no tiene dónde anclar, convirtiendo a Tarija en un exportador neto de materias primas y, lamentablemente, de cerebros.
Los datos de filiación a los fondos de pensiones que recoge el INE 2003-2023 también revelan el cambio en el mercado de trabajo, aun cuando se ha ganado en conciencia. En 2006 había apenas 37.500 personas afiliadas en Tarija, de las que el 4% lo había hecho por cuenta propia; en 2023 la cifra se había casi triplicado, hasta las 117.500 personas afiliadas, pero el 23% lo había hecho por cuenta propia.
Más allá del plan B: ¿Hay futuro laboral en Tarija?
Andrea, de 26 años, es licenciada en Administración de Empresas; pasó dos años postulando a vacantes en empresas privadas como en instituciones públicas. Hoy, su oficina no es un escritorio de alguna empresa o institución, sino los pasillos de las ferias de ropa usada y la pantalla de su celular.
Ante la falta de oportunidades en su área, Andrea decidió aplicar sus conocimientos de mercado en un rubro de subsistencia o lo que ella llama “plan b”: la venta de ropa de segunda mano.
"Mi carrera está guardada en un cajón, literalmente; lo que aprendí sobre gestión y finanzas ahora lo uso para cuadrar caja con fardos de ropa", relata mientras organiza las prendas que exhibirá en su próximo "live" de TikTok.
Para ella, las redes sociales no son un pasatiempo, sino un canal de ventas en una economía que ha desplazado a los profesionales hacia el cuentapropismo, esa categoría que el Censo 2024 sitúa en un alarmante 48,3%.
“Es frustrante, uno siente que le falló al sistema porque no 'logró' entrar a una empresa, pero cuando ves que varios de tus compañeros de la universidad ya se fueron de Tarija, te das cuenta de que el sistema es el que nos falló a nosotros; hoy mi prioridad no es ejercer mi profesión, es pagar mis gastos", afirma.
Andrea representa a esos jóvenes que, a pesar de estar calificados, terminan en el comercio informal, además del recordatorio constante de la vida que planificó y de la realidad que Tarija le obligó a improvisar.
Así, muchos egresados no logran insertarse en el rubro para el que se formaron y terminan sobreviviendo entre ferias, servicios informales y redes de venta, mientras la formación universitaria parece quedar "guardada en un cajón". No es un asunto de falta de talento: la estructura productiva tarijeña sencillamente no logra absorber a quienes cada año salen de las aulas con un título bajo el brazo.
Las promesas nunca terminan de concretarse; sin una política de desarrollo que conecte la formación académica con sectores estratégicos, los egresados continuarán engrosando las filas del subempleo, mientras sus conocimientos se desperdician en trabajos que nada tienen que ver con lo que estudiaron durante cinco o más años.
Sin embargo, en medio de este diagnóstico crudo, las nuevas autoridades que asumirán la nueva gestión 2026-2031 han planteado un horizonte distinto. María René Soruco, gobernadora de Tarija, ha anunciado una gestión que apuesta por el "empleo productivo y no por el cuoteo político".
La pregunta que queda flotando es si estas nuevas autoridades lograrán convertir el diagnóstico en acciones; la distancia entre el discurso oficial y la realidad de la juventud tarijeña se mide en cosas concretas según el Censo de 2024: en los 15.000 que se fueron al exterior, en los 26.000 que emigraron a otros departamentos, en el saldo migratorio negativo que solo es positivo entre los mayores de 60 años que vuelven a morir a la tierra que sus hijos tuvieron que abandonar para vivir.
*Este texto forma parte del programa de pasantías y capacitación laboral entre la Universidad Privada Domingo Savio y el diario El País








