Son 40 actores amateurs brillan en esta obra navideña
Los pastorcillos de Grau y el bichito del teatro en Tarija
La obra en favor del Hogar Vida Digna tuvo gran aceptación de público y crítica y valoriza el arte. La obra fue un festín escénico, música potente, diálogos minuciosos, montajes cuidados y algún guiño interactivo.
Antes de empezar la crónica teatral, anotar dos lujos: uno, el tremendo Teatro que tenemos en Tarija que permite meterse dentro de la obra y disfrutarla sin problemas desde cualquier butaca. El segundo Andrés Grau, un actor de carrera, gigantón, titulado en artes escénicas, que dejó una plácida jubilación en Barcelona para montar su propia academia Artescenic en una esquina de la calle Bolívar donde va creciendo la Compañía Estable de Teatro de Tarija y donde le va dando empaque profesional al talento natural del chapaco.
Este año dio un giro más a la historia y viernes y sábado presentó en el Teatro de la Cultura un cuento navideño: Pastorcillos de Belén, con un grupo ampliado a 40 actores amateurs en 16 escenas perfectamente sincronizadas gracias a dos narradoras que aparecen en escena para garantizar la agilidad de la obra.
La obra no engaña a nadie: es un pastorello clásico, barroco, con su adoración, su niño Jesús, sus pastorcillos y su muy lograda escenificación de la lucha del bien contra el mal y viceversa que siempre se tiende a olvidar en estas fechas pero que cabe recordar de vez en cuando.
Grau lleva el cuento clásico a las narrativas actuales donde la atención de la escena compite con el celular del bolsillo, y lo logra. Golpes de efecto, música estruendosa, villancicos populares, cambios ágiles, montajes cuidados para que todos se luzcan, diálogos minuciosos no tan adaptados al español de Sudamérica, muchos golpes de humor irónico y universal y algo de interacción con el público que está muy de moda entre las compañías profesionales y que se resolvió con maestría.
La historia, y no es un spoiler propiamente dicho, acaba con Jesús naciendo en un portal en Belén entre un buey y una mula, con María la Virgen y José, que lo interpreta quien en Tarija siempre fue el “Jesús Chapaco”. Felicidades por el ascenso. Aun así la historia de Grau explora pasajes a su manera, como la forma en la que el Ángel eligió a José o la forma en la que Lucifer no pudo evitar el alumbramiento. Perspectivas que abren ángulos de reflexión para grandes y chicos.
Lo mejor de la obra, dice Grau, es que todo lo recaudado fue en favor del Hogar Vida Digna de Mujeres en Acción, que se volcaron con la obra. Cansado y feliz por el desempeño de sus pupilos, Grau ya anda pensando en los desafíos del año que viene.
“Yo quiero ser Melchor” sueña uno de los actores más pequeños (7 años) y que cumplió con creces en su papel de angelito y al que el bichito de la interpretación parece ya haberle picado. En buena hora sea, que para eso está el teatro, y Grau.





