Arce liga su futuro al de Eduardo del Castillo



El presidente Luis Arce tomó una decisión política y desde ese mismo momento, asumirá las consecuencias de la misma. La censura de un ministro en el pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional implica el cese inmediato del mismo siendo este uno de los pocos mecanismos de control efectivo por parte del legislativo al ejecutivo. Volverlo a nombrar, aun siendo una prerrogativa presidencial, no deja de ser una burla a la institucionalidad y así lo manifestaron todos los voceros del Movimiento Al Socialismo cuando en el pasado Jeanine Áñez usó la misma artimaña tras la censura de algunos de sus ministros más polémicos.
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La decisión de Arce acaba definitivamente con las posibilidades de reconciliación con el ala evista: cumplir la prerrogativa constitucional hubiera abierto un espacio al diálogo, pero le hubiera dado a los críticos la posibilidad de maniatar al gabinete. Así, Arce deja claro que no se someterá a las decisiones del legislativo y lo hace además apelando a los mismos argumentos a los que solía apelar Morales ante decisiones impopulares: “obedeciendo al pueblo”.
Las palabras de Del Castillo fueron además meridianas identificando al enemigo, pues aunque no lo citó, Evo Morales es ese hombre que entró en Palacio en 2005 y que hoy “es una persona totalmente cambiada” dispuesto a contaminar todo “para retornar al poder”.
Arce le encomendó después a Del Castillo “continuar” con algunas tareas clave tras considerar que el motivo de la censura era un asunto falso utilizado solo para perjudicarle.
Sin duda que la cancha ha quedado definitivamente delimitada. Le toca al evismo contratacar.