Los sueños del Guadalquivir
“¿No tiene un tufillo machista, hermano?”
MANSPLAINING es el término que describe la situación donde un varón asume la voz ante una mujer, sea para explicarle algo que no necesita ser explicado, o asumiendo su representatividad cuando no la tiene



La anterior semana publiqué mi último artículo sobre “La carretilla de comadres”. Fue en ese contexto que mi editor, Jesús Cantín, me hizo la observación que reproduzco en el título de este artículo. “Un hombre reflexionando sin mojarse mucho sobre las carretillas de comadres y que recomienda al final que las mujeres se cuiden solas. [Así lo] Podría resumir la amiga Galindo”. Esto me dejó pensando.
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Yo había hecho todo lo posible para escribir un artículo equilibrado, y en él hacía mención a la dificultad de hablar sobre el tema como varón y en la necesidad de que sean las mujeres las que tomen la palabra. No sabría cómo hacerlo mejor.
Una alternativa sería no escribir nada, pero como lo digo en ese artículo: creo necesario empezar a conversar sobre el tema. Otra alternativa sería dejar que las mujeres empiecen a hablar públicamente del tema. Pero no lo hacen, no realmente. Entonces habría que “hacer que las mujeres hablen”, pero eso sería peor todavía. “¿Por qué deberíamos?”, según mi amiga Dani Rodríguez.
Pero entonces llegamos al mismo punto, y ese es mi problema: el Vaco (para los que no me conocen: ese soy yo) es el único loco que habla de ciertos temas en Tarija. A veces le achunto. A veces no. Casi siempre me siento solo.
Hace algunas semanas atrás tuve una presentación académica sobre la Fiesta de Comadres en la Universidad Católica. Ahí tuve el placer de ser comentado por Elena Peña, una joven intelectual tarijeña muy prometedora, que hizo un análisis conceptual y simbólico delicioso sobre Comadres. Me encantó y espero que siga. Porque hay algunas cosas que las mujeres pueden decir que los hombres no podemos.
El movimiento feminista en Tarija tiene una producción intelectual importante que no se nota desde afuera. La Elena me dice que “son para proyectos” además de algunos espacios académicos concretos. Se problematizan temas como el de discriminación y violencia de género, de activismo, los feminicidios, y la apertura del área de masculinidades como trabajo con la población masculina desde el feminismo. La Dani Rodríguez me dice que como colectivos feministas todos los años hacen acciones para visibilizar la violencia y que realizan una toma de la plaza en Comadres para reivindicar su “derecho al goce”, que es lo mismo solo que en positivo.
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Yo conocí la teoría feminista en mis estudios de antropología, y desde entonces estoy fascinado con ello. Entiendo la importancia del activismo comprometido, y la ¿imposibilidad? del activismo masculino. Hay ciertos procesos que deben hacer las mujeres. Eso no quita el sentimiento de disforia que tengo: un feminista atrapado en un cuerpo masculino. Me pregunto si esto no es como la mujer blanca que se lamenta que no puede ser parte del movimiento indígena.
En ciencias sociales se habla del conocimiento situado. Esto quiere decir que solo puedo hablar desde mi propia posición: como tarijeño, como varón y como antropólogo. No puedes hablar por alguien que no eres. Esto por supuesto entra en contradicción con la postura positivista de las ciencias naturales. El hablar sobre algo es siempre un espejo al alma del que enuncia el conocimiento.
En mi caso en particular se trata de una práctica académica asociada a un pensamiento teórico específico. Si bien yo no hice activismo político, me gustaría dejar alguna huella en el pensamiento feminista tarijeño. Hice mi práctica académica a través de la investigación, de manera aislada del movimiento y con mis propios recursos, mis propias limitantes y mis propios conflictos. Es pura casualidad que haya llegado a trabajar el tema de las chunchas y con las músicas mujeres y, ahora, con la fiesta de Comadres. Es normal que me hagan confidencias por todo lado. Así es que suelo terminar donde termino y hablando de lo que hablo.
Mi ex dice que como hombre no estoy libre de rasgos machistas muy marcados. No lo voy a negar, aunque quisiera que no sea así. Una de esas cosas, y esto lo reconozco yo, es mi tendencia a no percibir la presencia femenina con la que no tengo contacto directo. Recuerdo que para el homenaje de Julián “Chiquis” Cartagena invitamos a puro hombres para que se sienten en el estrado para tomar la palabra; hasta que me indicaron muy sutilmente que faltaban mujeres. Mi vergüenza.
Finalmente, quiero terminar con una anécdota de María Galindo, una de las feministas más icónicas de Bolivia y una de las más peleonas. ¿Recuerdan cuando escribió ese artículo en contra de Jeanine Añez? Todo el mundo le reclamó de todo. Lo que es yo, le reclamé que la fiesta de Comadres de la que hablaba no tenía nada que ver con la verdadera, mucho más burda y más violenta que su imagen idealizada de sororidad irrestricta. Visto desde el mal lado eso es mansplaining puro: un hombre explicándole a una mujer lo que hacen las mujeres. Todavía creo que estaba hablando huevadas.