El violín de Don Pedro sonó en Domingo de Resurrección
En las huertas de San Luis vive el último hombre que fabrica, toca y transmite los instrumentos de la cultura chapaca. Esta Pascua Florida, su violín volvió a resonar en San Roque.
El 5 de abril de 2026, en la Parroquia de San Roque de Tarija, cuando las Mañanitas de Pascua Florida estaban por terminar, sonó el violín de Don Pedro Pascual Ordoñez Mamani, y quienes lo conocen saben que cuando él toca es como si la misma tierra cantara.
Don Pedro vive más arriba de las huertas de San Luis, en un taller que es también su mundo entero. Agricultor de formación y músico por vocación, ha pasado décadas construyendo con sus manos los instrumentos que definen el sonido de Tarija: cañas, quenas, cajas, y los ya escasos violines chapacos que él mismo fabrica con maestría heredada de sus propios maestros. Los hace de todo tamaño, y se reconoce como el único que elabora instrumentos típicos en su zona.
Su conocimiento alcanza un nivel cosmológico. Para Don Pedro, la música chapaca tiene un saber ligado a la tierra y los ciclos de la agricultura: el erke suena desde Todos Santos, el violín entra con el carnaval y dura hasta la Pascua, la caña aparece tras la Cruz del 3 de mayo, y la caja y quena reinan desde San Juan hasta Todos Santos. Un calendario sonoro que pocos en Tarija pueden recitar de memoria y que él lleva en la palma de sus manos.
La llegada de instrumentos chinos golpeó su oficio. Los precios más bajos de los productos importados interrumpieron la fabricación de violines chapacos, aunque Don Pedro no duda en afirmar que el chapaco es superior al asiático. Con esa misma convicción serena con que defiende lo suyo, Don Pedro vive presentándose en todos los eventos posibles, llevando sus interpretaciones de caja y quenilla, y sus consejos de fabricación, subrayando que la clave está en el elegir la luna correcta para cosechar los materiales.
Pero el 5 de abril, a la penumbra fragante de San Roque, no había caña ni quena. Había un violín y un hombre mayor, de manos gruesas, paso característico, y oído fino que no necesita partitura porque toca como quien reza, donde sea, con todo el cuerpo y la memoria.
Don Pedro ha construido instrumentos para varias generaciones de chapacos orgullosos de su música, y su deseo más profundo es que en las escuelas se aprenda y practique, para que la cultura y las tradiciones sigan vigentes. Sin retórica, deja un mensaje más profundo que el de cualquier declaratoria oficial, porque sabe que lo que hace y guarda no tiene reemplazo.





