David González, el artista que encontró su reino entre los insectos
Con veinte acuarelas de precisión científica, David González desafía el canon artístico tarijeño y propone una obra tan singular como los especímenes que retrata.
Élitros son las alas anteriores endurecidas de los coleópteros, esa cubierta que protege y oculta las alas verdaderas con las que el insecto vuela. Es un nombre perfecto para una exposición: lo que está a la vista no es todo; hay algo guardado adentro que, cuando se despliega, asombra.
David González tiene 26 años, egresó del Instituto de Bellas Artes José Santos Mujica y lleva seis años acumulando una obra que en Tarija nadie más estaba haciendo. No son paisajes del Valle de la Concepción, ni retratos académicos, ni bodegones de tradición española. González se fue a otro reino, literalmente: el reino Animalia, filo Arthropoda, clase Insecta. Y desde ahí construyó ELYTRA, su segunda exposición personal, que puede verse en la galería de la Casa de la Cultura de Tarija entre el 16 y el 22 de febrero de 2026.
El corazón de la muestra es una colección de ilustraciones científicas entomológicas realizadas en acuarela, técnica que González domina con una paciencia que él mismo describe como perfeccionismo. Los cuadros tienen dimensiones variadas, porque el artista tomó la decisión conceptual de representar cada insecto en una escala igual o cercana a 1:1.

El Phyllium giganteum, el insecto hoja que engaña al depredador con su camuflaje vegetal, ocupa en el papel prácticamente el mismo espacio que ocupa en la selva. La mariposa Attacus atlas, una de las más grandes del planeta, aparece con sus más de 25 centímetros de envergadura sin reducción ni artificio. El Acrocinus longimanus, el arlequín de antenas desproporcionadas, favorito de González, es tan perturbador en papel como en vida. Ver estos cuadros es enfrentarse a una escala que el museo suele domesticar y González devuelve sin aviso.

Junto a cada obra, una ficha taxonómica completa: Reino, Filo, Clase, Orden, Suborden, Infraorden, Superfamilia, Familia, Subfamilia, Tribu, Género y Especie. González investigó cada clasificación porque quería que la exposición fuera también educativa, y porque descubrió, en el proceso, que Wikipedia falla con frecuencia en la entomología. Tuvo que ir más lejos. El resultado es una muestra que funciona como galería de arte y como gabinete de historia natural al mismo tiempo —una tradición ilustre que viene de Maria Sibylla Merian y Ernst Haeckel, aunque González la haya construido desde Tarija y desde sus propias obsesiones.

Entre los especímenes retratados están el escarabajo jirafa (Trachelophorus giraffa), el Bocydium globulare con sus estructuras esféricas que parecen ciencia ficción, el Chrysina resplendens cuyo caparazón dorado desafía la incredulidad, o el Mormolyce phyllodes, el escarabajo violín, del que González admite que no sabía mucho antes de pintarlo. Eso también forma parte del método: elegir lo que fascina, incluso antes de entenderlo del todo.

La muestra no se agota en los insectos. González incluye obras de otros registros, como escenas inspiradas en Alien, o The Labyrinth. Pero la pieza que más detiene al visitante es Tradición: un chuncho promesante, figura central de la devoción chapaca a San Roque, abstraído sobre un fondo blanco puro. La figura es realista, detallada, reconocible. El fondo es vacío. Esa sustracción, ese silencio alrededor del personaje, es exactamente lo que la academia tarijeña no hace: dejar que el motivo respire solo, sin paisaje que lo justifique ni contexto que lo explique. También sorprende, por lo opuesto, un pequeño tomate en acuarela sobre lienzo de cinco por siete centímetros, pieza casi secreta que resume la virtud del artista para saber cuándo la escala mínima también es una declaración.

Los veinte insectos no están en venta de manera individual. González pone precio al conjunto: mil dólares por toda la colección. Una cifra que, ante la calidad y la coherencia de lo que hay en esas paredes, suena más a gesto que a transacción.
ELYTRA es la exposición de alguien que encontró su tema antes de que el tema se pusiera de moda. En un entorno artístico donde el statu quo tiene raíces profundas, González eligió la entomología —ese universo de formas que la mayoría ignora o rechaza— y lo convirtió en argumento pictórico, en programa estético, en declaración. Como los élitros, la cubierta protege algo más frágil, más veloz, capaz de volar.






