Cuentos, colores y contención: arte en la vigilia de Tariquía
Seis personas llevaron pedagogía, títeres y pintura a Quebrada Las Vacas. Los niños pidieron más historias. Los adultos expresaron miedo e incertidumbre.
Tres días en el punto de vigilia de Quebrada Las Vacas no alcanzaron para que Liliana García pudiera dormir tranquila. La primera noche, cerca de las cinco de la mañana, dos movilidades pasaron cerca del campamento. El grupo salió corriendo de las carpas, pero ya era tarde para interceptarlas. “Esa incertidumbre de saber si han pasado o no, no me imagino cómo ellos han podido aguantar tantos años”, reflexiona García, integrante del espacio BioCultural, una de las seis personas que el pasado miércoles ingresaron a la Reserva de Tariquía para acompañar a los comunarios que resisten el avance petrolero.

El grupo estuvo conformado por Wara Alvarez (sic), Liliana García, Lizeth Alemán, Lorena Morales, Daniel Vargas del Ensamble Imaybé, y José Humacata, presidente de Jóvenes Ambientalistas de Bolivia. Con el apoyo de Rosbania Baldivieso, llevaron víveres, pero sobre todo arte: cuentos, stickers, actividades de pintura. Una propuesta que nació después de un operativo policial del lunes 6 de enero, cuando un convoy de 13 vehículos escoltado por 40 efectivos rebasó el punto de vigilia en Quebrada Las Vacas para permitir el ingreso de Petrobras Bolivia al área del pozo exploratorio Domo Oso X-3.
“Fue un relevo”, dice García. “Poder conectar con ellos charlando, tratar de darles ánimos para que pudieran continuar. Hacerles sentir que no estaban solos”.
Los tres días fueron intensos. Por un lado, el encuentro con la naturaleza: el río, el aire que se respira diferente, los árboles que transmiten serenidad cuando uno se interna en el bosque. Por otro, las conversaciones con comunarios y madres que llevan años en esto. La pregunta recurrente era siempre la misma: “¿Y ustedes qué creen? ¿Creen que se logrará algo? ¿Qué pasará?”.
“A ratos había mucha desesperanza, mucho miedo, incertidumbre”, cuenta García. “El que menos tiempo llevaba estaba ya dos o tres años con esto. Otros llevan mucho más. Nosotros con estar tres días no podíamos dormir”.
Los comunarios relataban las ofertas que recibían de la empresa: repartir 200.000 bolivianos, promesas de trabajo. “Aunque repartan un millón, no es nada en comparación a lo que se van a llevar”, les decía García. Una prosperidad falsa que, como en tantos otros casos en Bolivia, no llega.

Una de las comunarias les contó que ya le habían iniciado juicio. Era una de las últimas que había entrado a la vigilia. “Ya me han puesto juicio a mí y a mi hija. No sabemos qué pasará”, decía con miedo. Según información de la Defensoría del Pueblo, 17 personas fueron notificadas con el inicio de un proceso penal por la presunta comisión de delitos como asociación delictuosa y otros, tras el operativo del 6 de enero. Este es un proceso nuevo que se suma a otro anterior: inicialmente la imputación estuvo en contra de 29 defensores de Tariquía, de los cuales 17 fueron sobreseídos, mientras que 12 continúan siendo procesados por los presuntos delitos de atentado contra la libertad de trabajo e impedir o estorbar el ejercicio de funciones públicas.
El grupo subió con algunos niños del campamento. Les hicieron pintar. Al principio no hablaban mucho, pero después entraron en confianza y comenzaron a preguntar, a leer. El artista Sadid Arancibia envió su cuento titulado “Ernestina la polilla” y unos stickers que regalaron en el punto de vigilia. Un niño llamado Armin y su mamá María leyeron el cuento. “Precioso”, recuerda Wara Alvarez, gestora cultural independiente que organizó la visita.
Cuando les preguntaron a los niños qué habían dibujado, respondieron: su casa, su perrito, su entorno. “Algo tan sencillo para ellos era su casa, su lugar, donde están felices. No lo ven de otra forma. Es su visión de vivir bien”, dice García.
Al finalizar la visita, les preguntaron qué les gustaría que llevaran en un próximo viaje. “Pero anótamelo, así no me olvido”, dijo García. Uno de los niños hizo la lista, y es reveladora.

“Nos estamos olvidando de esa parte”, reflexiona García sobre la contención emocional. “Nosotros sí llevamos un montón de víveres, pero es solo una parte. ¿Qué pasa con esa parte emocional, ese desgaste que ellos están viviendo con tanto tiempo?”.
Alvarez lo resume así: “Es importante recordar, usar el juego, la pedagogía, el arte como resistencia y concientización en todos los espacios, ya sea en lo rural o urbano, porque es con esos métodos donde se protege lo diverso y el concepto de vivir en armonía, en paz, con salud tanto personal como del entorno familiar y ecológico. Tariquía, así como otras áreas verdes, son sujeto vivo y vivido”.
El contexto del conflicto se ha intensificado en las últimas semanas. El Juzgado Agroambiental del municipio de Entre Ríos admitió la solicitud de medidas cautelares ambientales presentada por la Defensoría del Pueblo, disponiendo la suspensión temporal del Proyecto Perforación Exploratoria Pozo Domo Oso X-3.
Mientras tanto, los comunarios siguen en vigilia. Se turnan, están atentos. Viven con la incertidumbre de no saber si la siguiente movilidad que pase será de la empresa o de la policía. Viven con el peso de los procesos judiciales. Viven con la memoria de aquel operativo en que los efectivos los retiraron del camino a la fuerza.

El grupo planea volver con títeres, teatro, más cuentos y actividades de pintura. Intentarán contribuir con esa contención que hace falta. “Ciertas resistencias no son de quién grita más fuerte, no son de quién puede hacer más daño al otro, hablar mal, hacer guerra sucia. Hay resistencias que pueden ser igual de valiosas y esas las estamos tratando de hacer a través del arte”, dice García.
La lista de los niños sigue esperando, con esos elementos básicos para seguir imaginando un futuro en su casa, con su perrito, en ese entorno donde están felices y donde quieren seguir viviendo bien.
Al final, como señala Alvarez, “los beneficios económicos son temporales, las consecuencias ambientales son permanentes, las economías locales quedan más dependientes y frágiles, se transforman en insostenibles. Y la imposición de proyectos extractivos, además de toda la violación a la tierra y a los derechos, también rompe tejidos comunitarios”.
En Quebrada Las Vacas, mientras los adultos resisten con miedo e incertidumbre, los niños piden cuentos. Y esa petición dice todo lo que hay que saber sobre lo que está en juego.






