Río, el jabón tarijeño que salva nuestras aguas
Un litro de aceite contamina hasta 10.000 litros de agua, pero Ana María y Edwin lo transforman en un emprendimiento que limpia ropa, descontamina el ambiente y demuestra que los tarijeños pueden crear productos de calidad mundial.
En plena pandemia, mientras el mundo se detenía, Ana María Aguilera y Edwin Quecaña comenzaban en su casa una revolución silenciosa. Dos ingenieros químicos de la Universidad Juan Misael Saracho, con un bebé en brazos y la incertidumbre económica golpeando la puerta, decidieron que era momento de arriesgarse. Su laboratorio: la cocina. Su materia prima: aceite usado que otros desechaban. Su meta: demostrar que lo que se hace en Tarija sirve.
“La gente me decía: ‘¿Ese jabón es tarijeño? No, lo nacional no sirve’”, recuerda Ana María, rememorando sus primeros domingos en la feria, donde vendía zapatillas usadas y, al lado, una cajita de jabones que casi nadie quería probar. “Me bajoneaba, pero volvía el siguiente domingo con otra cajita”.
Tres años de prueba y error, de formular y reformular, hasta encontrar el punto exacto. Hasta crear Río, un jabón en barra que compite de igual a igual con marcas industriales como Cosquín y Huracán, pero con una diferencia fundamental: cada pancito de 200 gramos nace del reciclaje de aceite que, de otro modo, habría contaminado 10.000 litros de agua.
Hoy procesan entre 800 y 1.500 litros de aceite mensualmente, recolectados de restaurantes, snacks y puestos de comida rápida. Más de mil kilogramos de grasa animal rescatan de carnicerías del Mercado Campesino y Bolívar. Todo se transforma en un proceso artesanal de saponificación en frío que preserva propiedades, evita altas temperaturas y respeta el ambiente.
El camino no ha sido fácil. Edwin trabaja siete días en Oruro, descansa siete en Tarija —tiempo que dedica íntegramente a la producción—. Ana María coordina la recolección, cuida a sus hijos y enfrenta la burocracia estatal: sustancias controladas, licencias municipales, impuestos nacionales, permisos departamentales, trámites en La Paz donde atienden apenas hora y media al día.
“Es terrible la burocracia. Uno que recién empieza se frustra. Queremos crecer, pero si ellos mismos nos están trancando, ¿cómo?”, cuestiona Ana María. Aun así, perseveraron. En 2024 fueron uno de los emprendimientos ganadores de la Incubadora de Empresas, obteniendo 21.000 bolivianos que inyectaron directamente al proyecto. Hoy producen unas 100 cajas mensuales —5.000 jabones— y distribuyen en mercados, tiendas de barrio y supermercados de Tarija, La Mamora y Padcaya.
Más allá del emprendimiento económico, Río es una toma de conciencia. “No es solo un jabón que limpia, contribuye a un futuro más sostenible”, afirma Ana María. Cada vez que alguien compra Río, está diciendo sí al talento local, sí al cuidado del Guadalquivir, sí a una Tarija que no solo es limpia en sus plazas, sino en su compromiso ambiental.
“Queremos que la población nos apoye”, dice Edwin. “Que confíe en que los tarijeños podemos salir adelante”. Y vaya que pueden. De dos litros en pandemia a una pequeña planta en el barrio 3 de Mayo, Río fluye con la misma fuerza del río que busca proteger: limpio, persistente, imparable.
Pedidos al número 77871295.





