“Muerto de Hambre” iluminó Tarija con magia y conciencia social
Teatro Negro Andino se presentó por primera vez en la ciudad, y se tomó su tiempo para contar una fábula sobre precariedad artística y rescate animal, logrando enternecer y abrir el corazón a una nueva conciencia.
Con once años de trayectoria internacional y más de 115 funciones en su haber, Teatro Negro Andino, la compañía dirigida por Roberto Nanetti, ya se ha consolidado como referente del panorama teatral boliviano contemporáneo.
El pasado 15 de noviembre, el Centro Artescenic recibió la propuesta escénica de la compañía, que desembarcó con su obra “Muerto de Hambre”; la primera vez que la milenaria técnica del teatro negro, perfeccionada en Praga en los años cincuenta, se presenta en escenarios tarijeños.
La historia de un artista endeudado que encuentra amistad “con muchas pulgas” en las calles funciona como parábola: la precariedad del creador escénico y la vulnerabilidad del animal callejero comparten el mismo drama de supervivencia. Nanetti, para quien “hay una analogía de lo difícil que hoy en día es ser un artista o un perro de la calle”, logra transmitir la premisa con ternura genuina.
La escena despliega la magia característica de la compañía, cuyas luces UV dan vida a objetos y marionetas, y conviven con la pantomima a ratos precisa y la infaltable iconografía que Teatro Negro Andino rescata con orgullo. Al final de la obra, la historia hace tal pirueta que nos lleva del llanto amargo al descubrimiento más emotivo e inesperado, perfecto para abrir la conversación sobre la esterilización responsable.
Desde lo técnico, la obra revela áreas de crecimiento. El ritmo narrativo podría ser más ágil para sostener la atención durante sesenta minutos, cosa que se olvida cuando vemos aparecer al personaje más peludo de todos. Aunque la técnica del teatro negro demanda detalle, y se puede interactuar con el público más allá del gesto ligero, el pulido natural de las subsecuentes funciones le darán a “Muerto de Hambre” la maestría que la compañía ha demostrado en sus anteriores obras, todas de autoría propia.
La sustancia permanece intacta: Teatro Negro Andino mantiene la misión de vincular el arte y el compromiso social, dando parte de su recaudación de taquilla a un grupo de rescatistas independientes de Tarija, materializando la coherencia entre la escena y la acción concreta.
Quienes se inician en el teatro, como sucedió con Verónica Revilla para quien la función fue su primera vez sobre el escenario, esta propuesta resulta una entrada luminosa a un universo donde la magia técnica se pone al servicio de causas urgentes, como la adopción animal y la dignificación del oficio artístico.
Y ahora que el arte, otra vez, debe luchar por su espacio, Teatro Negro Andino nos dice que hacer teatro con hambre no apaga el fuego creativo. Al contrario: lo aviva.





