Del color a la oscuridad: el arte y la empatía de Geraldine Csapek
La ilustradora boliviana de libros infantiles abraza el blanco y negro para crear “La Voz de las Emociones”, una exposición itinerante que transforma el trauma personal en arte terapéutico y conciencia social.
Hasta hace poco, Geraldine Csapek era conocida por sus ilustraciones coloridas para libros infantiles, un universo lleno de humor y mensajes positivos que la consolidaron como artista especializada en estos y otros estilos. Pero la artista paceña se sumergió en un nuevo color para presentar un rostro distingo. Obras en blanco y negro exploran el vasto espectro que hay entre el estrés y la esquizofrenia, incluyendo el alcoholismo, la bipolaridad, la incertidumbre o el duelo. El radical contraste guarda coherencia artística en el recorrido de Csapek.
“Como todas las personas, tengo distintas capas que quiero ir mostrando al mundo con mi arte”, explica desde La Paz, mientras planea el desmontaje de su exposición en Los Altos del Marqués, este 28 de septiembre, para llevarla a Sucre. La transformación estética surgió de un encargo para ilustrar un libro laboral de autoras cruceñas, donde uno de los capítulos abordaba la salud mental. “De ahí nació la primera obra para esta exposición, que es la cara de la exposición, la que tiene la jaula en la cabeza, que habla acerca de justamente cómo la mente puede ser tu propia prisión”.
Una artista forjada por la pérdida
La génesis de esta nueva dirección artística se ancla en una biografía marcada por la tragedia temprana. Csapek perdió a su padre cuando era niña, una experiencia que su madre transformó en conciencia emocional familiar. “Mi madre siempre nos hizo muy conscientes acerca de nuestra salud emocional y mental, a mí y a mi familia, a mis hermanos. Entonces, siempre ha sido un tema muy interesante, porque hemos tenido que aprender a sobrevivir y canalizar esas emociones que fueron tan duras al perder a mi padre”.
Esta pérdida fundacional se multiplica con el tiempo y con la pérdida de otros seres queridos en los últimos años. “Eso me llevó también a muchas emociones de duelo, de depresión, de enojo, de ansiedad”, relata. Lejos de sucumbir, Csapek canalizó estas experiencias hacia el arte, manteniendo una práctica terapéutica constante y desarrollando una curiosidad genuina por comprender los trastornos mentales ajenos.
La artista, graduada en 2015 del Savannah College of Art and Design en Georgia, encontró en esta nueva temática un propósito que trasciende lo comercial, pues, como menciona, “los artistas, al final, muchas veces hacemos exposiciones solo por crear conciencia, por crear algo que tenga un impacto en la gente”.
El arte como pedagogía emocional
Una de las características más distintivas de “La Voz de las Emociones” es la inclusión de textos poéticos que acompañan cada una de las obras. La decisión, que podría ser criticada como una explicación innecesaria de obras que deberían hablar por sí solas, encuentra su justificación en la experiencia previa de Csapek con la literatura infantil, y establece un puente consciente entre sus dos universos o fases creativas.
“Siento que el texto también le da otra fuerza al cuadro”, explica la artista, quien rescata que esta aproximación didáctica ha generado reacciones emotivas específicas en su público: “Muchas personas me dijeron: ‘Pusiste en palabras y en un cuadro lo que yo siento en muchas ocasiones, no sabía cómo describirlo y tú lo hiciste’. Fue realmente muy lindo para mí”.
Csapek, consciente de su público y de su responsabilidad social, ha convertido cada montaje en una experiencia diferente, incorporando elementos interactivos que funcionan como dispositivos terapéuticos. En Tarija, anima a los visitantes a escribirse cartas a sí mismos, a contemplarse en espejos, y a recoger mensajes positivos y liberales sobre emociones tradicionalmente consideradas negativas, como el miedo, la tristeza y la soledad.
La transitoria esperanza
Uno de los aspectos más sugerentes de la propuesta emerge en la conversación sobre la obra “Esperanza”, que puede ser una emoción tan pasajera como las demás. Csapek reflexiona: “Todo es pasajero y eso es lo difícil, porque uno siempre quiere estar bien. Pero si uno estaría bien todo el tiempo, la vida tampoco sería muy entretenida y tampoco uno valoraría lo que tiene en el momento”.
Esta madurez sobre la transitoriedad emocional define el núcleo filosófico de la exposición. Para la artista, no se trata de ofrecer soluciones fáciles o finales felices, sino de “entender que todo es pasajero, tanto lo bueno como lo malo, y nada es para siempre”. Así, la esperanza no es un destino sino una herramienta, “el motor para que sigas tu día a día”.
El arte de la vulnerabilidad
La decisión de exponer aspectos tan íntimos de la experiencia humana no está exenta de riesgos personales. Csapek reconoce que “como artista, intimida mostrar esas emociones porque uno se siente hasta desnudo”. Sin embargo, el impacto observado valida la apuesta: “Ahí te das cuenta que uno no está solo. Que todos tenemos distintas luchas y distintas experiencias de vida. En términos de emociones, podemos vivir una misma emoción pasando por otra experiencia”.
A sus 32 años, con 15 años de trayectoria profesional desde su graduación en Georgia, Csapek ha encontrado en la salud mental un territorio artístico que le permite integrar su formación técnica, su experiencia personal y su vocación social. “Esta decisión es mi forma de sanar muchas cosas, de procesar otras, y de conectar más allá de mí con otra gente”, concluye.
Mientras se sigue callando la salud mental, con “La Voz de las Emociones” Csapek propone un dispositivo de sanación colectiva, un espacio de encuentro y reconocimiento mutuo que desafía los tabúes culturales y ofrece herramientas de comprensión emocional, demostrando que la vulnerabilidad compartida puede ser el fundamento de una comunidad más empática.





