Gabriel Torres y el arte de la obstinación
Entrevista especial con el guitarrista tarijeño que ganó la medalla de plata en la primera Olimpiada Mundial de Guitarra, celebrada en la ciudad de Volos, Grecia.
Esta entrevista sucedió una mañana de septiembre, en el Auditorio de la Casa de la Cultura, el lugar donde Gabriel Torres Gorena comenzó su obstinada historia ganando un concurso de guitarra a sus 13 años, seis años después de tomar en serio al instrumento que cambió su vida, y que ahora casi siempre le acompaña.
Gabriel es el único de ocho hermanos que se dedicó a la música. Comenzó de la mano del gran Fernando Arduz, y siguió aprendiendo en Argentina. De hecho, su familia tiene una estrecha relación con ese país, pues su padre vivió allá desde sus 9 años, y su madre es jujeña. La pareja se conoció en Córdoba y decidió establecerse en Tarija para hacer una familia, de la cual Gabriel es el hijo menor.
“Mi familia ha sido mi gran escuela. Cada uno tiene su propia fortaleza. Han viajado, han salido de la zona de confort. Todo eso me permitió tener la confianza para viajar”, dijo Torres a Pura Cepa al contar su periplo de 10 años en Argentina, donde, en algún momento, llegó a celebrar por partida doble el día de su cumpleaños, que comparte con Luis Alberto Spinetta, ese barrilete cósmico en cuyo honor los argentinos festejan el día del músico.
En el Auditorio vacío, Gabriel tiene la compañía de una guitarra argentina hecha por Francisco Estrada Gómez, renombrado lutier. Su cuerpo de cedro, que cobija un timbre dulce, parecía alojar, a ratos, el eco de las palabras de esta entrevista.
Pura Cepa (PC). ¿Cómo te acercas a la guitarra si a nadie en tu familia le interesaba la música?
Gabriel Torres (GT). Mi padre me regaló una guitarra cuando tenía 5 años. No fue hasta los 7 que recién me dieron ganas de tocar. Con mi hermana Marcia, fuimos a la escuela Pastor Achá Martínez. Al inscribirnos me dieron la posibilidad de elegir profesor. Fue una gran suerte aprender a leer música con Fernando Arduz desde pequeño, porque empecé con el gran maestro que tuvimos en Tarija. Tenía un método fantástico que permitía tocar diferentes músicas, fue muy amena la escuela junto a él. Fui su alumno durante 11 años. Iba 5 veces a la semana. Era algo que formaba parte de mi vida, y empezaron a surgir oportunidades. En este auditorio, cuando tenía 13 años, se hizo el Concurso de Guitarra Abril en Tarija. Para la premiación, estaba lleno. Toqué “La Procesión”, de Alfredo Domínguez. Fue una emoción muy grande ver a 200 personas y estar tocando en esa soledad del escenario, algo que me marcó y alimentó mucho más mi compromiso con la guitarra.
PC. ¿Qué anécdotas recuerdas de Arduz?
GT. Tengo en el recuerdo, ahora que estoy dando clases, iniciando en música a adolescentes y chicos, yo nunca lo vi renegar o ponerse ansioso. Cada vez que se acercaba a un estudiante, lo hacía con mucha calma, de a poco. Es algo que me sirve para dar clase, porque es un proceso de encantamiento con el instrumento el que se tiene que dar. Y el profe nos daba esa libertad para descubrir, pelearnos y amigarnos con el instrumento. Él iba llevando ese proceso para que sea natural. Era muy paciente, tenía mucho cariño y generosidad.
Creo que el conocimiento hace eso. Cuanto uno más sabe, menos necesitas demostrarlo.
PC. Así no sólo aprendes a relacionarte con un instrumento, también con los demás.
GT. Él tenía muchos amigos por todos lados, mucha humildad y sencillez. Él se podía jactar de todo, y no lo hacía. Creo que el conocimiento hace eso. Cuanto uno más sabe, menos necesitas demostrarlo. Tenía una visión muy integral del mundo, la cultura y el arte. Es bueno tener esa perspectiva que te permita ver con cierta distancia tu actividad y su influencia. Y todo lo que tiene que ver con la música, en este caso.
PC. En 3 años cumplirás 30 años tocando guitarra. ¿Qué rescatas del trayecto?
GT. Han pasado muchas cosas, muchos viajes. He tenido la suerte de salir a los 17 años a tocar en Chile, en unos encuentros internacionales de música de cámara. Fui como solista. Dábamos dos o tres conciertos por día en diferentes ciudades. Fue una gran experiencia. Todo eso me animó a buscar un gran maestro. Cuando volví del segundo viaje, estaba estudiando ingeniería civil, y fui a un concurso en Cochabamba. Me fue bien, me preparé solo. Dije, “me tengo que arriesgar”, y asumí la decisión tomada. Irse a otro lado, siempre es sacrificado. Fui a Salta, y un amigo profesor me recomendó ir a Paraná, Entre Ríos. De esa manera, en un periodo de 4 meses mi vida cambió radicalmente. Tuve la fortuna de estudiar con un gran maestro de Argentina, que se llama Eduardo Isaac. Es una eminencia, uno de los mejores guitarristas del mundo, y de los mejores maestros. Me encontré con gente de toda la Argentina que iba a buscarlo para estudiar, de Colombia, de Chile, de Venezuela. Es una cátedra importante en Argentina. Ha sido un verdadero privilegio, y me siento agradecido porque la universidad pública y gratuita me ha dado esa oportunidad.
PC. ¿Y acabaste ingeniería?
GT. Estudié 8 meses, hasta que me empezaron a salir estos viajes. Decidí dejarlo. Fue una decisión radical. Tiré todos los papeles, no dejé ni un papelito con una formula, nada. Miré para adelante en este nuevo camino. No me arrepiento, no ha sido fácil. Han sido muchísimas experiencias, de todo tipo, en un tiempo en que el tipo de cambio no nos favorecía. Conocí mucha gente. Luego tuve una etapa en la que estuve viajando por diferentes ciudades. Todo eso me dio confianza para ir a Grecia. Si no hubiesen pasado esos años, no hubiese hecho ese viaje, que fue autogestionado, con preparación de dos meses, casi todos los días enfocado en ello.
PC. ¿Aprendiste griego?
GT. Algunas palabras. Casi todo fue en inglés, que lo tuve que mejorar. Todo otorga aprendizajes.
Tiré todos los papeles, no dejé ni un papelito con una formula, nada. Miré para adelante en este nuevo camino.
PC. Para el que sabe cosechar.
GT. No es fácil en la música, y en todo, mantener la perseverancia, el esfuerzo, la disciplina, el enfoque. Son cosas que he estado aprendiendo a través de la música. Parece fácil decirlo, pero implica muchas cosas. Sacrificarse, y ser muy obstinado para lo que uno quiere, en el buen sentido de la palabra. Me siento muy humilde con la música porque ha sido mi gran maestra en muchos aspectos. Recomiendo que se la pueda estudiar y tomarla en la vida, no importa la edad. No es necesario empezar con 7 años para ser un virtuoso. Yo tengo estudiantes de 70 años. La música enseña tanto, y hace tanto bien, que hay que mirarla sin tantas ideas de tener algún resultado específico. Es un proceso.
PC. ¿Cómo te preparas para un concierto?
GT. Por 10 años, estuve estudiando al máximo nivel y exigencia. Llegué a estudiar 8 a 10 horas al día. Todo ese esfuerzo que uno hace, queda. Es más fácil preparar las obras, la lectura es más rápida. Ahora me está funcionando mucho trabajar sin guitarra, viendo la partitura, siendo consciente de cómo se va desarrollando la música. Trato de interiorizar todo lo que está en el papel, y al mismo tiempo voy llevando la música. La asimilación es total, más intelectual, y más sensorial. Al leer, siento la música, aporto mi propia musicalidad, y aparecen las indicaciones que sugiere el compositor. Son muchos procesos que se dan de manera simultánea. Necesito estudiar al menos 4 horas al día, pero soy intuitivo al momento de cortar el estudio. Suelo salir a caminar, ando en bicicleta, hago deporte, es algo que me ayuda mucho. Y lo más complejo creo que es llegar bien, a todo nivel, en lo gestual, lo intelectual y lo anímico. No llegar cansado a un concierto. Con el trabajo, las clases, hay un cambio sustancial de la disponibilidad de tiempo. Son muchas cosas que tomar en cuenta.
PC. ¿Cómo te hiciste profesor?
GT. Hice la carrera de profesorado de guitarra. Tuve experiencia en una escuela secundaria por ocho meses, prácticas docentes, y felizmente se dio la oportunidad de dar clases en Tarija, de guitarra clásica que es justo en lo que más me he enfocado.
PC. ¿Cómo te volcaste por la guitarra clásica y no por el folclore o el rock, por ejemplo?
GT. Una hermana me regaló un CD con muchos discos de guitarra clásica. Tenía 12 años. Ella tenía un amigo informático que consiguió discos de los mejores guitarristas del mundo. Un tesoro. Empecé a escuchar y me fascinó, se abrió todo un campo de exploración y curiosidad. Empecé a escuchar obra por obra, investigar compositores, intérpretes, ritmos.
PC. ¿Cuál fue el disco que más te gustó?
GT. Uno del guitarrista escocés David Russell. “Tárrega: Integral de Guitarra”, ese disco me encantó.
La música espontánea tiene fronteras que sólo se pueden atravesar con el conocimiento.
PC. En tus años como profesor, ¿sigues usando las herramientas aprendidas, o estás elaborando una propuesta pedagógica propia?
GT. La propuesta cambió muy pronto. A los dos meses comencé a usar mi propia propuesta. Además de Isaac y Arduz, tuve otros cinco profesores más. Al principio usé algunas cosas de ellos, pero me di cuenta que es bueno dar cierta autonomía desde un principio. Apliqué cómo se leían las tablaturas de música renacentista barroca para la guitarra actual, y tuve resultados muy buenos, porque, de alguna manera, los chicos no tienen toda la información, entonces tienen que deducir ciertas cosas a partir de las notas, las posiciones, el dedo. Plantear que no tengan todo resuelto me ha dado buenos resultados. Ellos mismos están generando ideas de grandes maestros. Los guitarristas profesionales pueden tocar una partitura sin indicaciones de digitación. Para eso, tienen que pasar unos 20 años. Yo quiero que ellos, de a poco, vayan generando sus propias digitaciones. Estoy en eso, en darles más espacio para que generen ideas.
PC. ¿Y qué exploraciones en la guitarra te llaman la atención?
GT. Me llama la fusión que puede haber entre el folclore y el jazz. Me formé en la Escuela Pastor Achá Martínez, me gusta mucho el folclore.
PC. ¿Sabes todas las canciones en una guitarreada?
GT. Todas.
PC. ¿Cantas?
GT. También, pero con amigos. En el escenario no. Ahora la tendencia para el folclore es no hacerlo tan tradicional. El tratamiento es con nuevas armonías y recursos melódicos. Estoy muy interesado en ese camino. Y más adelante quiero tener una propuesta por ese lado.
PC. ¿Compones?
GT. Estoy de a poco empezando a generar ideas. He hecho arreglos y transcripciones. Lo otro está en proceso. Quiero darle más tiempo a la composición, y necesito formarme más. La rama de la composición es otra carrera, otras materias. Pero todo tiene que ver con la música.
PC. ¿Has grabado algún disco?
GT. Todavía. He trabajado mucho las piezas que interpreto y que he arreglado. Por lo pronto, esperando la oportunidad y el momento. No es tan sencillo. Hay que cubrir los costos de manera personal. Faltan instancias de patrocinio por parte de las instituciones, para que no sea tan difícil.
PC. ¿Qué opinas de la formación musical en Tarija y qué falta para lograr la licenciatura?
GT. No es un proceso fácil lograr la educación superior. Depende del nivel que se quiera lograr. Tenemos el Mario Estenssoro, que es nivel técnico medio, dos años. Tenemos el Instituto de la Orquesta Juvenil, que es técnico superior, tres años. La licenciatura son cuatro años. Nos falta armar eso para que los chicos tengan un título de grado al salir. Pienso que el lugar o la institución ideal para gestionarlo es la Universidad Juan Misael Saracho. Puede permitir que los chicos lleguen a un mejor nivel de interpretación, de investigación también, que haya orquestas profesionales, que puedan salir y tocar Beethoven, Mozart, Bach.
PC. ¿Será que hay mucho interés por el folclore y se da poca importancia a otro tipo de música?
GT. No sé si mucho es el tema. La manifestación es la que tiene que ser, la que hay y surge naturalmente. Viéndolo desde un lado musical, tiene su límite. La música espontánea tiene fronteras que sólo se pueden atravesar con el conocimiento. Nos falta eso, que nuestra música avance logrando que cada vez más gente pueda leer música. Hay que hacer una cruzada de alfabetización musical. En otras ciudades, es habitual que la gente pueda tocar un instrumento leyendo música. Eso nos permite formar parte de otro tipo de propuesta. Va a ser importante que se abran espacios gratuitos para que la gente pueda aprender a leer música. Tarija es un buen lugar para gestar cosas. La gente tiene un interés marcado por las artes. Es cuestión de estructurar y abrir espacios, y habrá que enfocar presupuestos en recursos humanos. Es lo que hace falta para avanzar. Tiene tantas implicancias la actividad cultural, básicamente hace que mejore una sociedad. Cuantas más instituciones culturales haya, los chicos tendrán más intereses y podrán invertir mejor sus energías.
PC. Más sentido de vida.
GT. Si, y más trascendencia en sus propias vidas. Les da más perspectiva del tiempo en el cual se vive. Soy un convencido de que el arte es un motor para mejorar a la persona y la personalidad en todo sentido. Qué mejor que integrarlo a la vida de uno. Es poderoso para la sociedad.





