Anastasia Sdobnikova: “Por amor he llegado a Bolivia”
En un mundo artístico dominado por la mirada del hombre, la artista rusa impone su trazo.



Hace seis años, en Moscú, Anastasia Sdobnikova se encontró con un “chiru-chiru” que le robó el corazón y la llevó a Oruro. La intensa relación duró pocos años y le dio una hija orureña, Melania. Después del idilio, Anastasia tuvo un par de años difíciles. Quería volver a Rusia, pero algunos viajes le hicieron cambiar de opinión. “Así es mi vida”, relata la artista rusa.
Empezó a estudiar arte en Moscú, a nivel técnico, y antes había terminado las carreras de Derecho y Economía. “Tienes que hacer algo serio”, le decían sus padres. Ya profesional, intentó trabajar, “pero no podía, de corazón no podía hacerlo”, recuerda con un dejo agridulce. “Me he quedado en Bolivia porque me gusta hacer arte aquí”, sonríe.
Pudo profundizar más en su profesión estudiando en el Instituto de Bellas Artes de Oruro. Hay quienes dicen que el clima allá es muy frío, pero Anastasia lo disfruta por su frescura. “Me gusta la época de carnavales, me gusta bailar”, dice Anastasia, quien ha participado de algunas comparsas de caporales y morenos, por nombrar algunas. También disfruta las distancias, porque “todo está cerca comparado con Rusia”.
“No hay que ir contra ti mismo, porque no va a terminar bien”
Ella pintaba desde niña. Alrededor de los nueve años hizo el retrato de alguno de sus tíos, quien sorprendido con el parecido la animó a ser artista. Aunque sus padres no aceptaban esa vocación, también le pedían dibujos. “Me he cansado de lo demás y me dediqué al arte”, dice con orgullo, pues “no hay que ir contra ti mismo, porque no va a terminar bien. Así que he dicho, ‘todavía hay tiempo para empezar’, y he empezado”.

Quienes eran sus profesores, ahora son sus colegas, y siempre lleva sus obras a las exposiciones colectivas de artistas orureños que saben darse la mano. Hace poco, reunió una buena cantidad de obras y realizó su primera exposición personal. En Oruro, ya la buscan para encargarle obras. “Aquí puedo tener más oportunidades que en Moscú. Hay más inspiración y solicitan más a los artistas”, dice Sdobnikova, quien hace poco recibió una comisión para pintar un mural en la Fexpo Cruz.
Sin embargo, una diferencia importante con Moscú es el machismo en el mundo del arte. “Aquí los hombres me comparan con otras mujeres artistas, pero no con ellos. Parece que todavía no están listos para dar paso a la mujer, y me sorprende porque somos humanos, somos artistas, somos más abiertos y podemos estar adelante en temas de discriminación. Pero parece que esa mentalidad todavía existe”, comenta en un español bien boliviano.

Los idiomas son otro gran interés de Sdobnikova. Cuando estudió esas otras carreras en Alemania, aprendió el alemán y el inglés. “Francés siempre quise aprender, me encanta”, dice Anastasia, quien en su primera experiencia en Tarija opina que la gente de acá “es la más cariñosa que he conocido de todos los departamentos”.
Aunque prefiere realizar sus obras en vivo, se llevará algunas fotos de Tarija para inspirar algún cuadro. “Me gusta viajar. Cada año que estoy aquí, más extraño mi país. Quiero pintar el invierno”, dice la artista que jamás imaginó vivir la vida que deseaba en nuestro país mediterráneo. “Veré hasta dónde puedo estar. Quiero aprovechar lo máximo posible”.
