Abril en Tarija
Los cuadros de Subelza
Este “Abril en Tarija” ha sido acompañado con el nombramiento de un nuevo director de la Casa de la Cultura, momento en el cual se descubrió que la oficina de esta ONG guarda dos joyas de un gran pintor tarijeño.



La oficina directiva de la Casa de la Cultura, en plena esquina de la General Trigo e Ingavi, guarda un par de cuadros de Reinerio Subelza Delgado, mejor conocido en el mundo del arte y la pintura como René Subelza. Se trata de “América Latina, el saqueo”, reproducida en la portada de esta nota, y “El Caminante”, obras donadas hace bastantes años y que se mantienen ahí, fuera de la vista del público general.

La primera es un óleo sobre lienzo de la década de los ochenta que ganó el segundo lugar en un concurso nacional celebrado en Cochabamba, y retrata de una manera sombríamente surreal la manera en que este continente que habitamos ha sido colonia, ha sufrido dictaduras, y ha permanecido, aunque el mundo tratara de “acaparar su esencia para destriparle, sacar el oro, la plata, robar todo”, dijo el autor. La protesta hecha pintura muestra a una madre con el vientre hueco, vestida de un manto blanco que se hunde en una pila de cadáveres y seres dolientes sobre la cual pareciera esperar a recibir una gota de lluvia, de un azul intenso, casi tanto como la sangre que brota de un pie violentado.
“Es lo que nos pasa a todos, mientras más vamos entrando en la vida, también vamos saliendo”
“Pinochet puso a la gente en el estadio y las ha hecho ametrallar. En Bolivia, el Plan Cóndor ha dejado una gran cantidad de muertos y desaparecidos. Les rompían los brazos y los tiraban al Chapare desde un helicóptero. Una época terrible donde cualquier tipo de divergencia política era penada con la muerte o la desaparición forzosa”, comentó Subelza.

La segunda obra es una alegoría de la vida, y, de acuerdo al autor, “simboliza a la gente que, mientras va viviendo, va desintegrándose y mezclándose con el resto del universo. Es lo que nos pasa a todos, mientras más vamos entrando en la vida, también vamos saliendo”. El cuadro representa a un hombre que, irónicamente, ya no camina. Está echado sobre su suelo, andando aún con la mirada, imprimiendo la fuerza de su marcha en el puño que sigue, mientras la otra mano se convierte en hojas secas que flotan en el viento. Subelza logra la imagen con una paleta de ocres, suficiente para dar tridimensionalidad y realidad a la noción filosófica y poética que quiso expresar.

Subelza nació en 1958 y es abogado de profesión, pero su vocación profunda es la pintura. Lleva más de 44 años pintando, dibujando y esculpiendo algunas obras que se quedan en su casa por la dificultad que implica su traslado. “He pintado desde que era changuito. He expuesto en varias ciudades del país y del exterior. Madrid, París, Colonia, Munich, La Florida, Salta, Buenos Aires. En Tarija, muchas veces. Lo más fuerte para mi es la pintura, el color, la textura, las formas, graficar mis sueños”, dijo.

Su tendencia al surrealismo se aprecia en cuadros como “Insomnio”, en los que el delirio de la vigilia sostenida enfrenta a una persona a sus más cercanas visiones, mientras intenta descansar apoyado sobre un piano en el agua. O en “Retrato hablado de un asesino en serie”, que, a la manera de un Arcimboldo criminalista, junta una gran cantidad de figuras que bien pueden ser los trofeos de una persona muy peligrosa.

Además, está “El aria intensa”, una escena que desborda teatralidad y en la que Subelza nos sitúa en la fila de atrás de un espectáculo en el que un tenor se enciende mientras un cuarteto de sombras lo acompaña. Pero, más allá de las imágenes del sueño, o quizá más adentro, está “Granadas Solitarias”, una naturaleza muerta que genera tanta más intriga mientras más largo se hace el pasillo frente al cual sitúa el motivo principal del cuadro.

Con tanto recorrido, hará falta seguir la pista de su vasto catálogo. Muchas de sus obras ni siquiera se encuentran en Bolivia, y están regadas por varios lugares del mundo, como la serie de los Ángeles, en la que juega con las nubes de amaneceres y atardeceres para dar alas a figuras apologéticas.
“Todo el mundo aquí piensa que el oficio de pintor es de ociosos. Pero no. Es una carrera, como cualquier otra”
“Tengo la suerte de vender mis cuadros afuera. Sobre todo, porque en Tarija son muy raros los que compran. Te regatean hasta lo último, y quieren que les des a precio de gallina muerta. A lo sumo dicen, ‘qué bonito, qué lindo’, sin pensar que los artistas también tienen que dar de comer a sus hijos. Que mi hijo venga y me diga, ‘papi, tengo hambre’, y le diga, ‘qué bonito, qué lindo’. Todo el mundo aquí piensa que el oficio de pintor es de ociosos. Pero no. Es una carrera, como cualquier otra”.
