Camila Vaca Montes, una chapaca en el mundo árabe
En contacto transcontinental, Pura Cepa charló con Camila Vaca Montes, una bellydancer profesional que se fue a ejercer su pasión de vida en otra tierra, y acabó encontrando una pasión aún más intensa debajo del mar.



Camila Vaca Montes nació en Tarija hace 28 años. Desde temprana edad, fue una apasionada de la cultura árabe. A sus 17, ya era profesora de danzas árabes. Estudió periodismo en La Plata, Argentina, donde también trabajó como editora de un blog de cumbia, y conductora y columnista en distintos programas y radios comunitarias. A sus 26, su talento la llevó a cambiar de vida radicalmente, convirtiéndose en la primera boliviana que migró al mundo árabe para trabajar como bellydancer profesional. Aquí nos contará su experiencia.
Pura Cepa (PC). ¿Por qué migraste a Jordania?
Camila Vaca Montes (CVM). Estaban buscando bailarinas para trabajar en un hotel en Áqaba. Postulé y quedé seleccionada. Antes de venir, averigüé, leí y vi todo lo que pude acerca de Jordania. Pero lo que me convenció es que está cerca de Palestina, un lugar al que sueño ir. Lo más gracioso es que, a casi dos años de estar súper cerca, todavía no fui. Estoy esperando poder ir con mi mamá y mi tía, que también están locas por conocer.
PC. ¿Por qué ir tan lejos para hacer lo que te gusta?
CVM. Yo siempre me lo tomé en serio, nunca como un hobby. Y bueno, eso trajo sus consecuencias. En Latinoamérica, no se puede vivir de la danza, no en el campo del entretenimiento.
“Yo siempre me lo tomé en serio, nunca como un hobby. Y bueno, eso trajo sus consecuencias”
PC. ¿Cuáles eran tus condiciones de trabajo en Bolivia?
CVM. De lo único que trabajé en Bolivia fue de maestra de bellydance. Respecto a eso, creo que se debería dar más importancia al arte. Tengo una artista chapaca ahora trabajando en Egipto, y la educación que ella recibió en Bolivia, a comparación de mi formación profesional en Argentina, que también tiene falencias, es bajísima. Mucha falta de contenido, en todo sentido. Puntualmente, una al aprender esta danza, aprende toda una cultura. Dentro de eso está la música, la historia, los procesos políticos que acompañan a la evolución o retroceso del arte. Es muy amplio y no quiero desestimar el arduo trabajo de las maestras bolivianas, en absoluto. Trabajan durísimo, es una pasión, y a cada una de ellas les tengo un profundo respeto, más aún a las tarijeñas que siempre las veo que viajan a Argentina o a diferentes países para formarse. Mi punto es que, al estar tan lejos, la información que recibimos llega de manera distinta. Me paso a mí. Estando aquí, me di cuenta que lo que aprendí es muy poco.
PC. ¿Cómo ha cambiado tu forma de entender el trabajo y la vida en general viviendo fuera de Tarija?
CVM. Uno puede trabajar de lo que quiera. Solo hay que saber dónde. Depende para otros, pero migrar no solo es extrañar familia y amigos, es un dolor constante y hay que saber vivir con eso. Pero es la vida de uno la que hay que vivir. Y la puedes vivir como quieras.
“Es la vida de uno la que hay que vivir. Y la puedes vivir como quieras”
PC. ¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo y qué es lo que te gustaría mejorar?
CVM. Lo que más me gusta es que bailo y la gente lo disfruta tanto como yo. Mejoraría la imagen de la bailarina. Por ahí la gente ortodoxa o fanática de la religión nos ve como que somos algo más que artistas. Y la realidad es que la bailarina es artista y punto.
PC. Como migrante, ¿qué situación difícil has atravesado y cómo la has resuelto?
CVM. Gracias a Dios y su cuidado, siempre estuve segura. Si me paso una mala experiencia con una compañía de entrenamiento llamada “Blossom”, que me mantuvo ilegal en Jordania por 3 meses sin pagar salarios. Con ayuda de mi familia, pude hacer mi visa y estar legal. Y eso para mí fue una gran lección. Ahora sé cómo manejarme para que no me engañen otra vez.
PC. ¿Cómo es la relación con tu familia?
CVM. Mi mamá es mi heroína. Ella siempre me apoyó como artista. Nunca entendió por qué estudié periodismo, pero siempre me apoyó y financió mis carreras, que no fueron nada baratas. Ser bellydancer es muy caro, pero vale la pena. Y la verdad el resto de mi familia, mi papá y mi hermano, también me apoyaban. Creo que eso fue fundamental. Si tengo a mi familia de mi lado, me importa muy poco todo lo demás. Me la hicieron fácil en ese sentido. Les amo.
“Los sirios toman mate. Y por el Levante es fácil conseguir yerba y poro. Pero en Egipto, muy difícil. Consigues, pero solo en Cairo”
PC. ¿Cómo va tu experiencia hasta ahora? Por ejemplo, ¿ya hablas árabe o cocinas algún platillo?
CVM. Empecé a estudiar árabe antes de venir. La realidad es que soy una apasionada de esta cultura. El idioma es muy difícil, pero estoy aprendiendo. Sigo estudiándolo. De cocinar, si, sé hacer desayuno árabe.
PC. ¿Cómo es el desayuno árabe?
CVM. En Jordania, es principalmente un montón de comida en la mesa. Se pone hummus, mutabal, gelaya, que es tomate, cebolla, ajo, todo salteado y es una salsa deli, lebane, que es como queso crema, zatar, que es perejil seco con semillas de sésamo y condimentos, aceite de oliva en un bowl para mojar el pan. Y puedes poner huevos revueltos, quesos, pavo como si fueran lonjitas de jamón. Aquí no es fácil encontrar jamón porque los musulmanes no consumen chancho. También algún picante junto con zanahorias y pepinos en tiritas. Todo eso se come con la mano. Y el pan, que es pan árabe, como una tortilla, se usa como si fuera una cuchara.
“Aquí, el rol de la mujer es diferente y eso, por ejemplo, no lo hace ni más ni menos machista que en Bolivia”
PC. ¿Cuáles son las cosas que más disfrutas de la cultura árabe?
CVM. A mí me gusta siempre recalcar que no todos los países árabes son la misma cosa. Al ser tantos, cada uno tiene su dialecto, su cultura, sus comidas. Es muy diverso. Realmente toda la historia es exquisita. Siempre descubro cosas nuevas de los egipcios, de los Khaleegy, de los levantinos. Creerías que otra cosa que disfruto es encontrar similitudes con nuestra cultura. Por ejemplo, los sirios toman mate. Y por el Levante es fácil conseguir yerba y poro. Pero en Egipto, muy difícil. Consigues, pero solo en Cairo.
PC. ¿Y cuáles son las cosas más difíciles de aceptar?
CVM. No creo que, particularmente para mí, haya habido algo específico. Todo es diferente, y hay que tener la mente abierta para aceptar algo totalmente distinto a lo que conoces de toda la vida. Aquí, el rol de la mujer es diferente y eso, por ejemplo, no lo hace ni más ni menos machista que en Bolivia. Pero si hablamos puntualmente, por ejemplo, de Arabia Saudita o de la cultura Khaleegy, es otra historia y un capítulo aparte. Con la cultura egipcia, por ejemplo, no me hallo demasiado. Solo me gusta el arte de Egipto, en general. Mi compositora favorita, Oum Kaltum, es egipcia. Pero no puedo convivir con la mentalidad de los egipcios, son muy acosadores y está muy normalizado. Para ser mujer artista y vivir en Egipto se requiere de otro nivel de fortaleza y sabiduría emocional.
PC. ¿Cómo es el caso de Jordania?
CVM. En cuestiones culturales, somos muy parecidos. Aquí son clasistas, el apellido es importante, cosa que también tenemos nosotros. Ahora, otro tema es la religión. Algo que me dejó muy impresionada de Jordania, particularmente, es el matrimonio. No es así con toda la población, aclaro, pero hay familias musulmanas y antiguas que siguen buscando marido o esposa a los hijos. Los padres firman un contrato de compromiso donde el futuro esposo debe darle a la futura esposa una cantidad de yidis, que es la moneda jordana, que los padres deciden, una cantidad de oro, y una casa propia. Una vez que tenga todo eso, se pueden casar. Mi primera reacción cuando me lo contaron fue: “¡Qué belleza! ¡Me quiero casar con un jordano!” (Risas). Chiste, obviamente.
“Aquí son clasistas, el apellido es importante, cosa que también tenemos nosotros”
PC. ¿Qué otros parecidos hallas entre la cultura levantina y la boliviana?
CVM. Los levantinos son muy amorosos, están dispuestos ayudar a cualquiera sin recibir nada a cambio. Cuando te reciben en alguna casa, por ejemplo, quieren que pruebes y comas todo. Se aseguran que estés bien, que te sientas bien. Son familieros. Les encanta sentarse a comer y beber por horas, y charlar de la vida. Cantan sus canciones. Si hay guitarra o derbake cerca, se arma lo que nosotros conocemos como guitarreada. Realmente me siento en casa.
PC. ¿Qué cosas extrañas de Tarija?
CVM. Lo primero que se me viene a la mente son los choricitos del mercado, el combinau y el saice (Risas).
PC. ¿Qué cosas recomiendas hacer en Jordania?
CVM. Bucear. Es algo que se hace comúnmente aquí.
“Fue la primera vez que sentí que iba a morir. Fue increíble, lo volvería hacer mil veces”
PC. ¿Cómo fue tu experiencia de buceo?
CVM. Mi primer buceo fue de una hora. Normalmente, los try-dives son de 15 a 30 minutos, máximo, y el guía te sostiene todo el tiempo. Pero yo estaba tan cómoda abajo del agua que mi guía lo notó y simplemente se nos fue el tiempo. Estábamos súper entretenidos con los peces y corales. Me dijo que debería empezar el curso. “Sos una buceadora nata, te va encantar”, y le hice caso. Empecé con los cursos y algunas especialidades. Ahora soy buceadora avanzada “Advanced Open Water”, lo que me dio la posibilidad de estar en “This Is Project Sea” y ser la primera boliviana en el proyecto. Básicamente, somos un grupo de buceadores certificados, sin fines de lucro, amantes del mar, que mes a mes sacamos basura a manera de limpiar, obviamente, y concientizar a la gente sobre el exceso de consumo de plástico que, al final, termina en el mar.
PC. ¿El buceo cambió tu vida?
CVM. Me abrió las puertas a un nuevo mundo que está debajo del mar. Realmente es increíble, los viajes de buceo son los más increíbles. Siempre viajé como persona normal, pero viajar para bucear es otra historia. Me fui a las Maldivas y todo lo que hice fue comer, dormir y bucear hasta 3 o 4 veces al día. Conocí muchos tiburones, nadé con ellos, vi muchos peces, mucha vida marina. El océano obviamente es diferente. Es más riesgoso, si o si tienes que ser certificada para prevenir la muerte. Mi meta es ser divemaster. Necesito dos cursos más. De hecho, me pasó que Buddy y yo nos perdimos en un nightdive en medio del océano. Por suerte, encontramos otro grupo y nos quedamos con ellos. Esa noche la corriente en la superficie y abajo del mar estaba no fuerte, fuertísima. Fue la primera vez que sentí que iba a morir. Fue increíble, lo volvería hacer mil veces. No hay dudas, amo bucear. Moriría haciéndolo.