El cerebro y el estado de ánimo
Elías Vidaurre Médico La habilidad que tenga una persona para superar un trauma puede estar “escrita” en sus genes. Algunas investigaciones han demostrado que hay quien sí tiene esa capacidad y quienes tienen mucho más difícil conseguirlo por lo que finalmente se deprimen. Esto se...



Elías Vidaurre Médico
La habilidad que tenga una persona para superar un trauma puede estar “escrita” en sus genes. Algunas investigaciones han demostrado que hay quien sí tiene esa capacidad y quienes tienen mucho más difícil conseguirlo por lo que finalmente se deprimen. Esto se debe a que los genes están preparados para ello y dan las órdenes para que el cerebro fabrique serotonina.
Consejo médico
Los científicos vieron que, tras pasar varios momentos dolorosos en la vida, como la muerte de una persona allegada o la pérdida de trabajo, el cerebro se inflama, las neuronas cambian de forma y se conectan de manera diferente a la normal. Ese proceso, que pudiera ser una manera de enfrentarse al dolor, favorecería la depresión si se prolongara demasiado tiempo.
Algunas personas parecen estar especialmente predispuestas a los estados depresivos, pero en otras ocasiones es un entorno poco saludable el que consigue modificar nuestro estado de ánimo hasta hacernos enfermar. Ya se trate de uno u otro caso, cada vez hay más soluciones para lograr vivir sin depresión.
Últimamente se ha comprobado en un estudio realizado en Amsterdam que cuando las personas con depresión se someten a una luz brillante, mejoran. Funciona sobre todo en aquellos casos en que se padece el llamado trastorno afectivo estacional y que es un tipo de depresión relacionada con los meses sin mucha luz solar.
Una de cada seis personas padece depresión clínica al menos una vez en su vida y un 7% de la población sufre esta enfermedad al cabo del año. La extensión de este problema psiquiátrico ha hecho que tenga un impacto sobre la salud pública similar al de enfermedades crónicas como la artritis o la diabetes. Sin embargo, a menudo se pasa por alto o se confunde con una simple y natural tristeza.
Comer mal puede incrementar de manera alarmante el riesgo de padecer una depresión
La depresión se relaciona con la diabetes, pero también la obesidad e incluso deficiencia cardíaca
La depresión es mayor cuando dura 2 semanas seguidas o 6 meses sin tratamiento
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La habilidad que tenga una persona para superar un trauma puede estar “escrita” en sus genes. Algunas investigaciones han demostrado que hay quien sí tiene esa capacidad y quienes tienen mucho más difícil conseguirlo por lo que finalmente se deprimen. Esto se debe a que los genes están preparados para ello y dan las órdenes para que el cerebro fabrique serotonina.
Consejo médico
Los científicos vieron que, tras pasar varios momentos dolorosos en la vida, como la muerte de una persona allegada o la pérdida de trabajo, el cerebro se inflama, las neuronas cambian de forma y se conectan de manera diferente a la normal. Ese proceso, que pudiera ser una manera de enfrentarse al dolor, favorecería la depresión si se prolongara demasiado tiempo.
Algunas personas parecen estar especialmente predispuestas a los estados depresivos, pero en otras ocasiones es un entorno poco saludable el que consigue modificar nuestro estado de ánimo hasta hacernos enfermar. Ya se trate de uno u otro caso, cada vez hay más soluciones para lograr vivir sin depresión.
Últimamente se ha comprobado en un estudio realizado en Amsterdam que cuando las personas con depresión se someten a una luz brillante, mejoran. Funciona sobre todo en aquellos casos en que se padece el llamado trastorno afectivo estacional y que es un tipo de depresión relacionada con los meses sin mucha luz solar.
Una de cada seis personas padece depresión clínica al menos una vez en su vida y un 7% de la población sufre esta enfermedad al cabo del año. La extensión de este problema psiquiátrico ha hecho que tenga un impacto sobre la salud pública similar al de enfermedades crónicas como la artritis o la diabetes. Sin embargo, a menudo se pasa por alto o se confunde con una simple y natural tristeza.
Comer mal puede incrementar de manera alarmante el riesgo de padecer una depresión
La depresión se relaciona con la diabetes, pero también la obesidad e incluso deficiencia cardíaca
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