El sistema financiero nacional, a examen: Las minas (I)
De Porco al poder: el origen del imperio minero de Gonzalo Sánchez de Lozada
El Decreto 21060 que defiende el expresidente estabilizó y modernizó la economía nacional, pero también abrió enormes “oportunidades” para capitales extranjeros que además, lucraron con el ahorro interno
En la geografía minera de Bolivia, pocas minas cargan con un simbolismo tan grande como Porco, ubicada en el actual departamento de Potosí. Antes incluso de que el legendario Cerro Rico se convirtiera en sinónimo de la plata que sostuvo al Imperio español, Porco ya brillaba como centro de explotación colonial. Desde el siglo XVI, este yacimiento fue un punto neurálgico en la red extractiva que drenó riquezas hacia Europa, dejando tras de sí una huella de trabajo forzado, explotación y despojo.
Con el paso de los siglos, Porco vivió distintos ciclos: la época colonial, la república temprana, las nacionalizaciones y la era de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) tras la Revolución del 52. En ese entramado histórico, el destino le tenía reservado un papel protagónico a un joven empresario que años más tarde sería presidente de Bolivia y figura central de su historia reciente: Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni).
El desembarco de Goni en Porco
En 1963, todavía en los albores de su vida empresarial, Goni obtuvo el control de Porco. Su ingreso no fue casual: formaba parte de una generación de jóvenes empresarios ligados a familias con capitales, conexiones y formación en el exterior. En su caso, tras estudiar en Estados Unidos, regresó al país con una visión muy distinta a la de los tradicionales barones del estaño. Goni quería aplicar esquemas modernos de administración y, sobre todo, aprovechar la apertura del modelo liberal que comenzaba a consolidarse en los años sesenta.
Porco se convirtió en el punto de partida de un imperio. Desde allí, el joven empresario diseñó una estrategia basada en la diversificación de yacimientos y en el aprovechamiento de los resquicios legales de la minería estatal. La Comibol, debilitada y sobrecargada de operaciones, era incapaz de explotar de manera eficiente todas sus minas, lo que abrió la puerta a concesiones, arriendos y asociaciones que beneficiaron a operadores privados.
El nacimiento de Comsur
En esa coyuntura nació la Compañía Minera del Sur (Comsur), que se convirtió en la matriz de los negocios mineros de Sánchez de Lozada. Porco fue su piedra angular, pero rápidamente Comsur expandió su influencia hacia otros yacimientos estratégicos. Entre los más destacados estaban la mina Bolívar, rica en zinc, plomo y plata, y los desmontes del Cerro Rico de Potosí, enormes montañas de residuos que, con nueva tecnología, podían ser reexplotados para obtener minerales aún aprovechables.
La lógica era clara: convertir residuos o yacimientos en declive en fuentes rentables mediante capital privado, know-how técnico y una relación privilegiada con el Estado. De esta forma, Goni consolidaba no solo un negocio, sino una narrativa que más tarde trasladaría a la política: la del empresario moderno capaz de “salvar” a Bolivia de su rezago histórico.
De empresario a actor político
A finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, Goni ya no era un simple empresario emergente. Su nombre empezaba a sonar en el ambiente político y académico, vinculado al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y a la élite intelectual que debatía el rumbo económico del país.
Su fortuna en crecimiento le permitió tejer redes con actores internacionales y con centros de decisión en Washington. No era un minero tradicional encerrado en las galerías, sino un hombre de traje que hablaba inglés con fluidez y se movía con soltura en foros internacionales. Esa doble identidad (empresario y político) sería la clave de su ascenso como recuerda la vieja guardia del MNR.
Porco, y en general Comsur, financiaban ese posicionamiento. La minería no solo era su fuente de riqueza, sino también la base material de su carrera pública. En un país marcado por la pobreza y la dependencia de los recursos naturales, tener control sobre yacimientos estratégicos significaba tener poder político.
El camino hacia el poder
Los años ochenta encontraron a Sánchez de Lozada en plena expansión. Comsur se había convertido en una de las compañías mineras más sólidas del país, con presencia diversificada y con capacidad para atraer financiamiento externo. Mientras tanto, Bolivia atravesaba la hiperinflación y la crisis de la deuda, lo que abrió la puerta a las políticas de ajuste estructural.
En 1985 Goni fue uno de los arquitectos de la Nueva Política Económica (NPE), que marcó la liberalización de la economía y el repliegue del Estado. Después del decreto 21060 que contribuyó a idear y que este viernes defendió con vehemencia, fue designado ministro de Planeamiento por Víctor Paz Estenssoro. La reforma fue devastadora para miles de trabajadores mineros que perdieron sus empleos en Comibol, pero fue al mismo tiempo una bendición para empresarios como él, que consolidaron el control privado de la minería. El 21060 abrió la puerta años después a las AFP privadas, germen del mayor fondo de inversiones del país hoy en día y cuyas lógicas de inversión han perdurado y que han tenido precisamente en la minería un especial interés.
A partir de allí, el ascenso político de Sánchez de Lozada fue meteórico: senador, candidato presidencial en 1989, presidente en 1993 y reelegido en 2002. En cada etapa, la sombra de Porco y de Comsur acompañaba su historia, recordando que su fortuna y su poder político habían nacido en las entrañas de una mina explotada desde los tiempos de la colonia.
La semilla de un modelo
Hoy, al revisar la historia de Porco y de Comsur, es imposible no ver en ellas el germen de un modelo que todavía genera debate en Bolivia: la articulación entre capital privado, recursos naturales y política. Lo que comenzó como una inversión empresarial en 1963 terminó moldeando no solo la fortuna de un hombre, sino también la trayectoria económica y política del país durante décadas.
Porco fue mucho más que una mina: fue el origen de un imperio y, al mismo tiempo, la metáfora de un país que repite su historia extractiva bajo distintos rostros. En el caso de Goni, ese rostro lo llevó de los socavones de Potosí hasta el Palacio Quemado, con todas las luces y sombras que esa travesía implicó.
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