Tu cuerpo en meditación

Vivimos tan acostumbrados al ruido que confundimos movimiento con avance, prisa con importancia y cansancio con productividad. Pero el cuerpo habla. Habla cuando aprietas la mandíbula, cuando respiras corto, cuando tu espalda carga emociones que no dijiste, cuando tu mente no puede parar ni siquiera en silencio.

Meditar no significa dejar la mente en blanco. Significa mirar lo que hay dentro sin pelearte con ello.

Por fuera, la meditación parece quietud. Por dentro, puede ser una revolución silenciosa.

Tu cuerpo guarda memorias, pero también guarda sabiduría. Sabe cuándo detenerse, cuándo soltar, cuándo pedir descanso. El problema es que muchas veces hemos aprendido a ignorarlo. Por eso, meditar es un acto espiritual: porque es volver a escucharte con amor.

La próxima vez que medites, no busques hacerlo perfecto. Solo siéntate, respira y permite que tu cuerpo te enseñe el camino de regreso a la paz.


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