La oscuridad también es un espacio de creación

Desde niños nos enseñan que lo oscuro es lo que hay que evitar.

Que ahí habita el peligro, lo incierto, lo desconocido.

Que la oscuridad es tristeza, caos, ausencia, muerte.

Pero hay una verdad menos contada y profundamente poderosa.

La oscuridad también es un espacio de creación.

Antes de que haya luz, hay sombra.

Antes de que brote una flor, hay una semilla enterrada.

Todo nacimiento comienza en la penumbra.

Bajo la tierra, donde nadie ve, ocurren los milagros.

La oscuridad no es solo ausencia…

También es potencial, transformación, renacimiento.

Hay oscuridades externas: la noche, la niebla, el apagón.

Y otras internas: la tristeza, el duelo, la confusión, el vacío.

Aunque duelan… también son fértiles.

En el silencio más profundo, muchas veces nace una nueva voz.

Sin la luz que nos distrae, aprendemos a ver con el corazón.

La oscuridad nos detiene, nos desarma, nos confronta.

Pero también nos abre un portal a lo nuevo.

Porque no hay amanecer sin noche.

Ni claridad sin sombra.

Aceptar la oscuridad es abrazar el ciclo completo.

Es crear desde la herida.

Es encontrar milagros donde parecía no haber nada.


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