No persigas maestros

Hay una sabiduría que no se vende en cursos, que no tiene micrófono ni seguidores, que no cobra por sesión ni llena auditorios. Esa sabiduría crece en silencio.

Las plantas llevan millones de años en esta tierra antes de que la primera palabra humana fuera pronunciada. Conocen el lenguaje del viento. Saben cuándo y cómo la naturaleza provee y cuándo aguantar la sed. Aprendieron a doblar sin romperse, a morir en otoño y renacer en primavera sin que nadie les enseñara cómo hacerlo.

¿Y tú sigues buscando un gurú?

Cuando te sientas junto a un árbol y pones tus manos sobre su corteza, algo en ti recuerda. No aprende: recuerda. Porque tú también eres naturaleza. Y la naturaleza siempre sabe el camino de regreso a sí misma.

Ahí está la enseñanza más antigua. No en las palabras de quien sube al escenario, sino en el silencio de quien lleva siglos enraizado.

Siéntate con las plantas. Escúchalas con el cuerpo, no con la mente. Pronto recordarás lo que el ruido del mundo te hizo olvidar.


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