La semilla usa la luz y la oscuridad para crecer
Una semilla no se pregunta si merece crecer. Simplemente recibe lo que la vida le da: un poco de luz, un poco de sombra, días de lluvia, días de silencio, y con todo eso va abriéndose camino.
En el yoga esto se vuelve muy claro. No siempre llegas al tapete sintiéndote fuerte, tranquilo o inspirado. A veces llegas cansado, con la mente llena, con el corazón inquieto. Y aun así respiras. Te sientas. Te mueves. Observas. No peleas con lo que sientes; aprendes a usarlo.
La luz te muestra el camino, pero la oscuridad te muestra lo que todavía necesita ser sanado. La luz te da esperanza, pero la sombra te enseña profundidad. La luz te abre, pero la oscuridad te invita a echar raíz.
Por eso, una práctica espiritual no consiste en negar lo difícil. Consiste en aprender a atravesarlo sin perderte. En entender que tu tristeza también puede enseñarte. Que tu miedo también puede revelarte una puerta. Que tu cansancio también puede pedirte amor, descanso y presencia.
Tal vez hoy no estás floreciendo como imaginabas. Tal vez apenas estás bajo la tierra, en silencio, sintiendo presión, sin ver todavía la luz. Pero eso no significa que no estés creciendo. Muchas veces, lo más importante ocurre antes de que alguien pueda verlo.
Confía en tu proceso. Usa la luz para inspirarte y la oscuridad para conocerte. Usa los días buenos para agradecer y los días difíciles para profundizar.
Porque quien aprende a respirar en medio de la sombra, un día florece con una fuerza que nadie puede apagar.


