Soltar
Soltar no significa dejar de amar.
Significa dejar de aferrarte.
En el yoga, una de las enseñanzas más profundas habla del desapego. No como frialdad, ni indiferencia, sino como la capacidad de aceptar que todo en la vida cambia. Las personas cambian. Las etapas cambian. Nosotros también cambiamos.
Pero el alma no vino a esta vida a vivir atrapada.
Vino a evolucionar.
Y para evolucionar, a veces hay que abrir las manos y dejar ir aquello que ya no vibra con nuestro presente.
Hay personas que llegan para enseñarte amor.
Otras para enseñarte límites.
Otras para mostrarte heridas que necesitaban sanar.
Y algunas simplemente llegan para enseñarte que tu paz vale más que cualquier apego.
Cuando practicas yoga, aprendes que la respiración también enseña este principio. Inhalas… y exhalas. Recibes… y sueltas. No puedes vivir solo reteniendo el aire. La vida necesita movimiento. Energía que fluya.
Lo mismo pasa con las relaciones, las emociones y las experiencias.
A veces, lo que más te duele perder es exactamente lo que más necesitabas liberar para volver a encontrarte contigo mismo.
Y aunque al principio soltar se siente vacío, con el tiempo descubres algo hermoso: detrás de cada despedida también existe espacio para una nueva versión de ti.
Porque hay personas que llegan a tu vida no para quedarse… sino para enseñarte que también es amor saber dejar ir.


