La naturaleza es nuestra religión

Hubo un tiempo en que los seres humanos no necesitaban buscar a lo sagrado. Lo sagrado los encontraba a ellos en el olor de la lluvia sobre la tierra seca, en el canto del viento entre los pinos, en el fuego que baila sin que nadie le enseñe.

Hoy, muchos caminamos sobre el cemento sin sentir la tierra que late debajo. Vivimos tan acelerados que olvidamos que somos parte de algo eterno, algo que existía mucho antes que nosotros y que seguirá respirando mucho después.

¿Cuándo fue la última vez que pusiste tus pies descalzos sobre la tierra y simplemente… escuchaste? La tierra habla. El viento traduce.

Tu religión no tiene dogmas, tiene estaciones. No tiene jueces, tiene ciclos. No tiene paredes, tiene horizontes infinitos. Y su única ley es esta: lo que nace, florece, muere y renace. Todo vuelve. Todo es sagrado.

Camina hacia afuera. Toca la corteza del árbol más viejo que encuentres. Siente cómo el tiempo vive en sus anillos. Ese árbol es tu abuelo. Esa tierra bajo tus pies es tu iglesia. Ese cielo que te cubre es tu oración.

No estás solo en este mundo. Estás tejido dentro de él.


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