No le tengas miedo a la oscuridad
Hay quienes construyen muros de madera para no ver la oscuridad del bosque. Y hay quienes caminaron hasta el centro de ese bosque, se sentaron en su silencio más profundo, y regresaron con luz propia.
No son los mismos.
El que teme a la noche busca una lámpara prestada. Alguien que le diga: aquí está el camino, aquí está la verdad, aquí está lo que debes creer. Y esa lámpara lo calma. Lo protege. Le da un nombre para lo que no comprende.
Pero el que ya cruzó la oscuridad… ese no necesita que nadie le nombre el amanecer. Lo conoce desde adentro. Lo lleva tatuado en el pecho como una cicatriz sagrada.
La espiritualidad no nace de libros ni de templos. Nace del momento en que caíste al suelo y la tierra te recibió. Nace de la noche en que lloraste sin saber por qué, y algo más grande que tú te sostuvo. Nace del instante en que el río se llevó lo que ya no eras, y tú dejaste ir sin aferrarte.
El águila no aprende a volar en una jaula. La semilla no florece sin atravesar la oscuridad de la tierra.
Tú también eres así.
No te avergüences de las sombras que cruzaste. No desestimes el dolor que te transformó. Cada noche que sobreviviste fue una iniciación. Cada caída fue un ritual.
No vine a darte una religión, hermano, hermana. Vine a recordarte que ya tienes dentro de ti todo lo que buscas afuera.
La oscuridad no era tu enemiga. Era tu maestra


