El silencio también tiene respuestas

Hay momentos en la vida donde buscas respuestas en todos lados, hablas con personas, ves videos, lees libros, preguntas una y otra vez… y aun así, nada termina de acomodarse dentro de ti.

Y es que estamos acostumbrados a creer que las respuestas siempre vienen de afuera. Que alguien más tiene claridad sobre lo que nosotros sentimos. Que el ruido, las opiniones y las explicaciones nos van a dar paz.

Pero no.

Hay respuestas que solo aparecen cuando haces algo que hoy en día casi nadie sabe hacer: quedarte en silencio.

El silencio no es vacío.

El silencio es un espacio donde todo se acomoda.

Ahí, sin distracciones, empiezas a escucharte de verdad. No la voz del miedo, no la voz de lo que otros esperan de ti, sino esa voz más profunda que no grita, pero sabe.

El silencio te confronta.

Te muestra lo que evitas.

Pero también te revela lo que necesitas.

Porque cuando te permites pausar, respirar y dejar de correr… algo cambia. Lo que parecía confuso empieza a tomar forma. Lo que dolía se vuelve entendible. Lo que te inquietaba, poco a poco pierde fuerza.

No porque el problema desaparezca, sino porque tú empiezas a verlo con más claridad.

A veces no necesitas más información.

Necesitas menos ruido.

No necesitas más consejos.

Necesitas más conexión contigo.

El silencio no siempre te dará la respuesta que quieres, pero casi siempre te dará la que necesitas.

Y lo más curioso es que esas respuestas ya estaban dentro de ti todo el tiempo. Solo que entre tanto ruido, no las podías escuchar.

Así que la próxima vez que no sepas qué hacer… no corras.

No llenes el vacío con distracciones.

Quédate un momento contigo.

Respira.

Y escucha.

Porque el silencio… también habla.


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