Busca paz para tu mente y encontrarás salud para tu cuerpo

Los que caminaron antes que nosotros lo sabían. El guerrero que regresaba de la batalla no curaba primero sus heridas del cuerpo. Primero se sentaba frente al fuego. Primero respiraba. Primero devolvía su mente al silencio, como se devuelve el agua al río después de la tormenta.

Porque el cuerpo escucha todo lo que la mente siente. Cada pensamiento es una semilla que siembras en tu propia tierra. Siembra tormenta, y tu cuerpo se convierte en campo de batalla. Siembra paz, y cada célula tuya recuerda para qué fue creada: para vivir, para sanar, para florecer.

El río no lucha contra las piedras. Las rodea. Las abraza. Y sigue fluyendo, siempre hacia adelante. Así debe caminar tu mente: sin resistencia feroz, sin guerra consigo misma, buscando el cauce suave que conduce a aguas tranquilas.

Hermano, hermana… la medicina más poderosa que existe no crece en ninguna planta ni en ninguna tierra. Crece en el centro de tu pecho cuando decides, en medio del caos, elegir la paz.

Tu cuerpo está esperando esa decisión. Lleva mucho tiempo esperándola.

Busca paz para tu mente. Tu cuerpo ya sabe el resto.


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