El alma que sabe agradecer, ya encontró el camino de regreso a casa
Hay momentos en la vida en que el corazón, después de tanto, simplemente suelta. No de rendición, sino de confianza. De esa confianza que solo se construye cuando has cruzado fuego y has salido transformado, no destruido.
Decirle al universo "no tengo quejas" es uno de los actos espirituales más valientes que un ser humano puede hacer. Porque implica haber mirado el dolor a los ojos, haberlo atravesado, y aun así elegir la paz. Elegir confiar. Elegir la vida.
Los ancestros decían que quien vive en queja, vive mirando hacia atrás con los ojos cerrados. Pero quien vive en gratitud, camina con el corazón abierto como la palma de una mano que recibe la lluvia sagrada.
Decirle al universo "no tengo quejas" no significa que todo ha sido fácil. Significa que has aprendido a leer los mensajes detrás del dolor. Significa que confías. Significa que sabes, en lo más profundo de tu ser, que nada de lo que viviste fue en vano.
Hoy, antes de que el sol alcance su punto más alto, pon tu mano sobre tu pecho. Siente ese latido. Y di en voz alta o en silencio: Universo, no tengo quejas. Gracias por tanto.


