El (des)gobierno del agua
Fue en los primeros días de la pasada semana, o en los últimos de la anterior a esa, cuando una comisión formada por funcionarios de la alcaldía de Tarija y técnicos de COSAALT, la EPSA encargada de proveer el servicio de agua y alcantarillado en la ciudad, descubrió una tubería de 11 pulgadas, que en forma continua echa aguas servidas a la “quebrada de la víbora negra”, una de las mas importantes de Tarija.
Las “quebradas” son depresiones naturales, parte central de la topografía urbana tarijeña, que constituyen su sistema natural de drenaje; pequeñas microcuencas de carácter estacional. En la Tarija “tradicional” las quebradas eran espacios hermosos, no solo porque por allí transcurría el agua que en muchos casos servía para el consumo de las casas, sino porque eran verdaderos reservorios de naturaleza.
Hoy las quebradas, merced a los buenos oficios de los “gobernantes del agua”, se han convertido en enormes depósitos basura, sólida y liquida, lo que a su vez da lugar a que se conviertan en sitios de concentración de indigentes (muchos alcohólicos a los que en Tarija se denomina “parroquianos”), y en ocasiones de diversos tipos de grupos delincuenciales. Las “aguas servidas”, y sus olores y características, expulsan a los vecinos, y les impiden “apropiarse” de estos espacios.
La cualidad, tragicómica, del “descubrimiento” de la tubería de 11 pulgadas se encuentra, en que se constató que “pertenecía” a COSAALT. Es decir que los propios técnicos de la empresa, aupados por los de la alcaldía (después de una fuerte campaña publica de presión), recién se dieron cuenta que tenían en sus existencias uno de los mayores contaminantes de la zona.
Pero no se trata de ninguna excepción; en la misma “víbora negra” hay muchas otras tuberías que descargan sus deshechos, sin que nadie sepa su origen. También están aquellas de las que se conoce el nombre del propietario (varios privados, e inclusive algunas entidades públicas), que no conectan sus tuberías al alcantarillado por simple negligencia. Uno de los casos más extraños descubiertos en esta intervención, es el de una tubería que descarga agua caliente; ¿de dónde puede venir?, ¿de alguna instalación privada mal echa?, o ¿quizás de algún centro medico cercano, en el que se lavan los utensilios después de las cirugías? Obviamente si se confirmara la última posibilidad, nos encontraríamos ante un hecho de extremada gravedad.
Y este escenario se reproduce de manera inequívoca en las restantes quebradas de la ciudad.
¿Cómo se explica la existencia de entidades administradoras del agua, que ni siquiera tienen un mapa actualizado de sus conexiones? ¿Puede haber mayor precariedad que la de una entidad de este tipo, que no solo que no exige a los usuarios el conectarse a la red de alcantarillado, si no, que no lo hace ella misma?
Pero en el caso específico de COSALTT, además, nos encontramos ante una “cooperativa de servicios públicos” (que ejemplifica perfectamente la frase de que lo que “es de todos, no es de nadie”), con severos problemas de gobernanza interna; denuncias frecuentes de corrupción, disputas crónicas por los puestos de decisión, etc.
El caso de Tarija, se está convirtiendo en una expresión extrema de un mal que aqueja a toda Bolivia; vivimos en un esquema de (des) gobierno del agua, en el que los aspectos centrales de su gestión; especialmente la conservación de las fuentes de agua y el tratamiento de las aguas servidas, no interesan, porque no están incorporadas en la el diseño, la “ingeniería” y en definitiva el “plan de negocios”, de las entidades encargadas, las que tienen otras prioridades tales como la contratación de personal (bajo diversas formas de clientelismo), y la realización de compras bajo cualquier esquema.
Y ese desgobierno, también expresa la miopía de una elite, educada en la lógica de la “obra” o el “negocio a largo plazo”, acostumbrada a ignorar los problemas cotidianos de la gente, hasta que estos se acumulan y le estallan en la cara.
La tarea actual en Tarija, es lograr que la acción de la alcaldía, que, por primera vez en muchos años, está interviniendo de manera efectiva en el tema de la contaminación de las quebradas, se vuelva política pública y tenga continuidad. La tarea en Bolivia, es la de lograr que la gestión integral del agua, ingrese a la agenda de las reformas estructurales, pendiente en el país.
[1] Rodrigo Ayala es cineasta y gestor ambienta








