IA amable, porno omnipresente
Le pido a la IA que elabore el índice del texto que acabo de terminar, y al acabar me felicita y me desea suerte en la publicación. Le digo que haga un cronograma de una actividad, y me ofrece analizar las condiciones climáticas del periodo en que se realizará, y una vez más vuelve a desearme suerte. Y no se si por la tendencia a la conspiración de la que todos somos portadores, y que se ha acentuado en sobremanera en los últimos años, tengo la impresión de que el “estilo” de las facilitaciones, está adecuado a mi historial; es decir que, si en mis búsquedas existirían antecedentes de interés por la religión, por ejemplo, en sus deseos de buena suerte, habría encontrado bendiciones, o menciones a Dios, o algo por el estilo.
Y por la herencia educacional a la que fuimos sometidos, no puedo evitar darle las gracias después de cada solicitud, lo que inevitablemente va cimentando una relación cada vez más estrecha, entre la “superinteligencia”, y la “inteligencia normal” de quien suscribe estas líneas.
Si, ya se que estos ejemplos son totalmente livianos, frente a la enorme cantidad de ciudadanos y ciudadanas que actualmente llevan adelante verdaderas relaciones de “profundidad” con la IA; conversaciones cotidianas sobre estados de ánimo, condiciones de salud, etc.
Actualmente han comenzado a comercializarse los dispositivos “de bolsillo” de la IA. Pequeños aparatitos, tipo audífonos a los que podemos estar conectados todo el tiempo, y que nos permitirán “conversar” en todo momento. De esta manera, por ejemplo, el clásico encuentro amoroso, de “a dos”, que ha caracterizado a los seres humanos en la mayor parte de su desarrollo evolutivo, se convertirá casi automáticamente en un encuentro amoroso “de a tres” o más seguro, “de a cuatro”.
Estamos a un paso de que la predicción realizada por la excelente serie de televisión Mrs. Davis (2023), se convierta en realidad: todos los seres humanos, seremos portadores de un “chip” en el cerebro, que nos comunicará permanentemente con la IA. El tránsito de una existencia individual, a una existencia “dual”, inédita en la historia de la humanidad.
La irrupción de la IA en nuestras vidas, está trayendo el mayor cambio (de consecuencias imprevisibles todavía), en la cultura cotidiana de los seres humanos, desde la aparición de la “virtualidad”, pero no ha sido el primero. Hace unos años, en forma imperceptible y “natural”, la pornografía se hizo omnipresente en nuestras vidas, merced al internet, y que hayamos sabido el fenómeno no ha sido objeto de grandes análisis, por lo menos en nuestro medio.
¿Tiene que ver ese “acceso universal” a la pornografía (especialmente violenta), en el aumento creciente de agresiones, abusos, y diversas enfermedades mentales, en las últimas décadas? Es probable que sí. Pero dada la naturalización del “libre mercado global”, parece imposible que exista una discusión que se plantee ponerle un freno.
En la era analógica, el acceso a la información sexual, de una manera u otra, estaba regulado de acuerdo a las etapas de evolución de los seres humanos (niñez, pubertad, adolescencia, etc.). No siempre de las mejores maneras evidentemente (con una fuerte carga de censura ideológica en muchos casos), pero por lo menos existía.
Pero la pregunta de fondo en este caso es: ¿la pornografía constituye la forma de relacionamiento sexual natural de los seres humanos?, por supuesto que no, pero sin embargo es la más difundida y “promocionada” en la sociedad contemporánea (la que se impone en el imaginario del ciudadano de a pie). De acuerdo a los valores imperantes no importa que sea dañina, lo que si interesa es que es la comercialmente más eficaz; otro del regalo del “libre mercado” promocionado a mansalva por nuestros “libertarios” autóctonos.
Dado se trata de un fenómeno global, la respuesta local, debería ser la de un Estado que, a través de la educación sexual en los colegios y la capacitación a los padres, provea de herramientas a los ciudadanos para enfrentar el fenómeno, pero por supuesto que ello no ocurre. Mas bien al revés: la influencia conservadora imposibilita que la sexualidad se discuta libremente en las escuelas, merced a lo cual niños y adolescentes (y adultos) aprenden de las diversas (y libres) paginas gratuitas de internet.
¿Si el Estado en los pasados años, ha sido incapaz de plantearse políticas que contrarresten los efectos del internet, en la formación de los niños y adolescentes, es realista pensar que ahora tome acciones pardas enfrentar las formas en que la IA influirá en la evolución de nuestra vida cotidiana?
Se trata de una discusión, que no se si es de largo aliento (dado el ritmo al que esta evolucionando el fenómeno), pero si de trascendencia. Discusión a la que los bolivianos, dadas las limitaciones de nuestros sectores dirigentes, asistiremos como testigos mudos, cada vez más convencidos de que la verdadera realidad, es aquella diseñada por entes cuyo objeto de existencia es el de vendernos cada vez más y con mayor ganancia.
[1] Rodrigo Ayala es gestor ambiental y cineast





