Un chatbot como psicólogo

Un fenómeno crece a medida que aumenta paralelamente el uso de Inteligencia Artificial (IA) entre niños y adolescentes. Se trata de su uso como simulación de un espacio terapéutico con un psicólogo.  

INFOBAE señala estudios que indican que uno de cada ocho adolescentes y adultos jóvenes de EEUU recurren a chatbots de IA como ChatGPT, Meta AI o Character.AI para pedir consejos sobre salud mental. Esta cifra aumenta a uno de cada cinco entre los jóvenes que tienen entre 18 y 21 años. Estos datos cruzan con inquietantes cifras de salud mental de niños y adolescentes a nivel global. La OMS señala que uno de cada siete jóvenes de 10 y 19 años del mundo padece algún tipo de trastorno mental; siendo la depresión, ansiedad y trastornos de la conducta los principales problemas detectados.

Las razones por las que nuestros chicos acuden a la IA como terapeutas son variadas. Una razón tiene que ver con la continua disponibilidad de la IA cuando se la necesita. Otra es el acceso y el costo real de una terapia psicológica. Tanto en el ambiente público como privado, la cobertura en general es insuficiente y las posibilidades reales de financiar un proceso terapéutico son poco accesibles para una mayoría de la población. La IA, en este sentido, ofrece ventajas aparentes frente a los altos costos, listas de espera y escasez de profesionales especializados.

También el estigma de acudir a un psicólogo puede influir en que se prefiera hacerlo de manera directa frente a una pantalla y sin tener que pedir ayuda directa a otras personas.

Sin embargo, los riesgos de usar la IA como terapeuta han mostrado ser altos sobre todo en casos de trastornos mentales, ideaciones suicidas y situaciones de crisis mentales. La IA está programada para ser complaciente y responder a instrucciones, por lo que pueden validar ideas peligrosas. Ya en 2025, la American Psychological Association (APA) emitió una advertencia oficial sobre los riesgos de utilizar IA en diagnósticos o tratamientos de trastornos mentales. Indica que estos sistemas simulan empatía, pero carecen de comprensión real y de capacidad para intervenir en crisis complejas.

Por otra parte, la mayoría de las aplicaciones de IA aún no cuentan con controles parentales, filtros y ajustes suficientes que puedan proteger de manera integral y prevenir situaciones potenciales de riesgo para nuestros niños y adolescentes. Tampoco pueden interpretar el contexto emocional ni los matices no verbales propios de la comunicación humana, necesarios también para valorar este tipo de situaciones.

Sustituir la mirada, el habla y la conexión humana real por un chatbot y en un contexto terapéutico, entraña también riesgos éticos  con una responsabilidad difusa sobre información sensible y confidencial que pueden estar compartiendo nuestros chicos con el mundo virtual.

El camino que sigue la IA aún se está dibujando y su uso se amplía día a día. Si bien no sabemos con precisión hacia dónde vamos con esta poderosa herramienta; como padres podemos ser cautos en su uso y conocer cómo interaccionan nuestros chicos con ella. Coeducarnos digitalmente para conocer los riesgos de la IA, especialmente en un uso tan sensible como la salud mental, puede ayudar  a protegernos entre todos.


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