Anemia, desarrollo infantil y futuro en riesgo
Desde Vicepresidencia del Estado, se ha informado que actualmente cerca del 70% de la niñez boliviana sufre algún tipo de anemia o malnutrición. Como complemento a esta información, tenemos la Encuesta de Hogares de 2025 que publicó el INE. Según el análisis de El Pais sobre la misma, se confirma lo que se temía y se percibe: miles de hogares volvieron a caer por debajo de la línea de pobreza en apenas doce meses, revelándose uno de los deterioros sociales más pronunciados en las últimas dos décadas.
Según este informe, la pobreza llegó al 44,7% de la población en 2025, unos 5,35 millones de personas, frente al 38,1% de 2024. La pobreza extrema, la que muestra la incapacidad de cubrir siquiera la alimentación mínima, pasó de 12,8% a 16,7%.
Los datos muestran que los avances reconocidos que hicimos como país en los últimos quince años están desapareciendo. También revelan que no solo hay más pobres, sino también que los pobres son más pobres; y esta incidencia aumentó con mayor intensidad entre las mujeres y afectó con especial dureza a niños y jóvenes, los grupos con mayor dependencia económica.
El deterioro vivido coincide también con el peor año inflacionario: el IPC general cerró 2025 en 20,4% acumulado, frente a 9,97% en 2024, y ya en julio la inflación acumulada llegaba a 16,92%, la más alta desde 1987.
Finalmente el análisis hace una proyección que preocupa de sobremanera para el presente año, pues la Encuesta de Hogares 2025 no ha capturado el alza de combustibles de diciembre del año pasado, ni el impacto del ajuste fiscal desde el cambio de gobierno, ni las consecuencias de la reciente devaluación del boliviano. Es decir que se prevee para la finalización de este 2026 un empobrecimiento aún más amplio.
En este contexto, los hogares absorben de manera casi directa lo que pasa a nivel macroeconómico. Un ingreso devaluado produce mayor pobreza, precariedad, e insatisfacción de necesidades básicas como la alimentación. La inflación ha provocado que se gaste de manera menos eficiente y esto incide en la forma en que nos estamos alimentando.
Así, los indicadores de anemia y desnutrición infantil pueden explicarse en gran parte por la situación económica actual que viven nuestros hogares. La anemia es un problema grave que aumenta la mortalidad infantil y afecta fuertemente el crecimiento infantil; provoca menor coeficiente intelectual, problemas de atención y memoria, déficits en el lenguaje y daños cerebrales difíciles de revertir. La anemia y la desnutrición infantil provocan daños graves e irreversibles en el crecimiento físico y el desarrollo cerebral de los niños.
Pronto se realizarán campañas y eventos de concienciación sobre la desnutrición y la anemia; sin embargo mientras no se resuelva la actual crisis socioeconómica ni se mejore el acceso a servicios, los hogares tendrán muy difícil la tarea de mejorar los niveles nutricionales de sus niños y adolescentes.
Comprender los efectos silenciosos y daños colaterales de un entorno de crisis sostenida sobre la salud y desarrollo infantil; quizás ayude a nuestras autoridades y tomadores de decisiones a entender, asumir la responsabilidad y accionar para revertir el hecho de que estamos poniendo en riesgo no solo el presente, sino el futuro de nuestros niños y adolescentes.





