Los vientos sur de Abril

Abril del 2026 ya casi se fue, y con él momentos que merecen permanecer en algún lugar antes que vuelen. No fue para Tarija un mes más. Fue de los abriles que se graban en la memoria.

Y así lo transitamos:

“Ninguna pascua es tan linda, como la mía, Pascua mezclada de pena con alegría”, suena la tonada al ritmo del zapateo durante Semana Santa, señalando una nueva estación cultural, de siembra y hasta político. En estas fechas, también vale prestar atención a las obras que renacen del artista plástico Jhonny Ponce de León. Óleos que retratan la historia de quienes con la espada abrieron surcos de esperanza. “La historia está llena de derrotas y triunfos, y es tarea del pintor rescatar y encontrar la riqueza de colores”, cuenta el artista, sobre una de sus obras cumbres “El Combate de Los Montoneros”.

Otro hito que marcó el compás fue la XXXV versión del Abril en Tarija. A pesar de los problemas supo ir adelante con una serie de eventos que brindaron otro aire a la ciudad: calles, plazas, teatros, galerías y auditorios se vistieron con pintores, danzarines, músicos, bailarines, actores y poetas que convirtieron al mes del aniversario departamental en una sana animación. Personalmente disfruté del teatro, del magistral pianista taiwanés que interpretó en el piano Stenway, de la orquesta Filarmónica, de la lectura de poesía viva y del festival de música Barroca.

Y después el coraje. La celebración en homenaje a nuestra Batalla de la Tablada de Tarija, cuando en 1817 el IV Ejército Auxiliar del Alto Perú junto a Los Montoneros de Méndez, expulsaron a los realistas desde las alturas de la ciudad. La épica chapaca, señores. Y en estos 209 años de celebración, recibimos al presidente tarijeño, Rodrigo Paz, quien promulgó el financiamiento para la planta de la PTAR y la declaratoria de prioridad nacional al hospital Oncológico.  

Eso no fue todo, los aires de cambio se sucedieron con la segunda vuelta electoral. Y se va la segundita fue para una mujer lúcida. María René Soruco Campero, gobernadora, que entró al lienzo de la historia de la mano del liderazgo de Mario Cossío.

Desde otro lado, rescato la afluencia de turistas. Personas que vinieron a experimentar nuestras bondades terrenales. Gente compartiendo y colmando las bodegas, restaurantes, museos y calles de la ciudad sintiendo a un valle con aroma a flores pascuas.

A ello, le sumo la multiplicación de cafeterías, que ya forman parte del paisaje de la ciudad, espacios para compartir charlas y disfrutar del magnífico café boliviano en compañía de pastelería de alto valor.

Al estribo se vino el junte de la tertulia, con lectores ávidos a compartir la obra “El Occiso” de la genial María Virginia Estenssoro, espacio mensual donde se comunican  pensamientos y palabras que construyen la obra mayor: el ser.   

Por eso, en la ciudad de Tarija el viento no solo mueve hojas: mueve memorias. Eso somos: una voz que camina con el viento. Quizá de eso se trate al final: reconocer el ritmo de las cosas y dejar que el viento haga el resto. Así sentí este viaje de Abril en Tarija.

 

 

 

 


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