El río que le grita al presidente: ¿qué clase de mundo le deja a sus hijos?
Mensaje de las Madres por el Agua y las Infancias de Tarija al Presidente Rodrigo Paz Pereira, en vísperas del 15 de abril, desde la Iglesia de la Loma de San Juan.
Señor Presidente, desde esta iglesia se ve el valle que usted gobernó. El mismo que riega el Guadalquivir —ese río que en nuestras coplas es símbolo de identidad y de vida— y que hoy es, clínicamente, un río que agoniza.
Los datos no mienten: doce millones de metros cúbicos de aguas residuales sin tratar son vertidos a su cuenca cada año. Las lagunas de oxidación del barrio San Luis llevan más de quince años colapsadas. Bolivia perdió once millones de euros de financiamiento holandés, a fondo perdido, para reemplazarlas —porque nadie pudo ponerse de acuerdo. El 39% de los hogares tarijeños sigue sin alcantarillado. En Padcaya, el 48% de las familias no tiene baño. Todo esto ocurrió mientras el departamento administraba seis mil millones de dólares en renta petrolera. Usted fue alcalde de esta ciudad durante parte de esos años. Lo sabe.
Pero el río empieza mucho antes de llegar al valle, Presidente.
Todo empieza en Tariquía
La Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía no es solo un pulmón verde. Es la fábrica de agua de la que depende este valle: sus cuencas alimentan los ríos que riegan nuestras huertas, llenan nuestros pozos y eventualmente llegan —o deberían llegar— limpios a nuestras cañerías. La reserva es una de las áreas protegidas mejor conservadas de Bolivia, hogar del oso jucumari y cientos de especies más. Y sin embargo, lleva una década bajo asedio.
El conflicto se remonta a 2015, tras la promulgación del Decreto Supremo 2366, que autorizó actividades extractivas en áreas protegidas. Desde entonces, YPFB y Petrobras han empujado sin descanso la exploración en esas tierras. El último episodio tiene nombre propio: el pozo Domo Oso X-3. Un acuerdo firmado el 22 de octubre de 2023 reveló que Petrobras negoció la licencia ambiental para ese pozo con un grupo de comunarios de Saicán, a espaldas de las otras comunidades afectadas. Así se obtienen los permisos en Bolivia: con dinero en mano y comunidades divididas. Petrobras tenía presupuestado 400 mil bolivianos para “proyectos sociales” en la comunidad, pero ese presupuesto estaría condicionado a la emisión de la licencia ambiental y al inicio de los trabajos de perforación. Eso no es cooperación. Es una compra.
Cuando las comunidades resistieron, la respuesta no fue el diálogo. YPFB y Petrobras presentaron una demanda penal en octubre de 2024 contra 29 personas —defensoras y defensores del territorio— por el “delito” de hacer vigilias y cortar caminos. Las 10 comunidades del cantón Chiquiacá, en una consulta interna realizada en octubre de 2024, ratificaron su rechazo a toda actividad hidrocarburífera en su territorio. Su presidente —usted, Rodrigo Paz— fue notificado de esa decisión en noviembre del mismo año. En enero de 2026, YPFB y Petrobras se declararon “víctimas” de esas mismas comunidades y activaron un segundo proceso penal.
El último informe de la CIDH sobre defensores de derechos humanos en las Américas destaca el caso de Tariquía como un hecho de indebida persecución y criminalización a defensores ambientales.
Nosotras preguntamos: si destruyen las cuencas altas de Tariquía, ¿de dónde vendrá el agua que aún nos queda? ¿De un decreto? ¿De una licencia ambiental comprada en cuotas?
Y ahora, la tierra. Porque la tierra también es agua
El 8 de abril de 2026, en medio del ruido de la feria Agropecruz, su gobierno promulgó la Ley 157. Presentada como una herramienta para el “desarrollo productivo” y el acceso al crédito de los pequeños productores, la norma es, según análisis de la Fundación TIERRA, un mecanismo que legaliza el despojo del campesinado, amenaza la soberanía alimentaria y consolida la concentración de tierras en manos del agronegocio.
Los números desmienten el discurso oficial: el 74% de las pequeñas propiedades en Bolivia son minifundios de menos de dos hectáreas, cuyo bajo valor las hace inútiles como garantía hipotecaria. La ley no les sirve a ellos. Sí sirve, en cambio, para blanquear a quienes durante el saneamiento titularon fraudulentamente grandes extensiones como “pequeña propiedad ganadera”: solo en Santa Cruz, 1,7 millones de hectáreas en esa situación podrán ser legalizadas.
Y aquí el agua: la ley otorga una pausa de 10 años en la fiscalización de la Función Económico-Social de las tierras convertidas, lo que incentiva la especulación, la deforestación y los incendios como método para “limpiar” terrenos y demostrar una falsa productividad sin control estatal. Más quemas. Más bosques destruidos. Menos árboles que capturen lluvia. Menos agua en los ríos. El círculo vicioso se cierra siempre sobre los mismos: los chicos, los campesinos, las madres que lavan ropa y cocinan con lo que queda en el caño.
La agricultura familiar provee hoy el 98,5% del volumen de la canasta básica, mientras que el agronegocio apenas contribuye con el 12,4%. Y sin embargo, es al agronegocio al que esta ley le abre las puertas. La deforestación mecanizada, los monocultivos y la incorporación de agrotóxicos que esta norma incentiva desembocarán en una crisis territorial y socioambiental que forzará la migración, afectando de manera particular a mujeres, niños, niñas y ancianos. Sus propios legisladores lo saben: la diputada oficialista Helen Patiño afirmó que fue un error promulgar esta norma que afecta directamente a pequeños productores, favorece a grandes terratenientes y generará un grave impacto medioambiental.
Nos llama la atención, Presidente, que una ley que en la práctica entrega el agua —porque quien controla la tierra y los bosques controla el agua— se justifique con el argumento de la seguridad alimentaria. La misma seguridad alimentaria que invocan Petrobras e YPFB cuando quieren perforar en Tariquía. La misma que usan los agroindustriales para quemar bosques en el oriente. El agua y la tierra siempre tienen un dueño en ese discurso. Y nunca somos nosotras.
Un dato más pequeño, pero que nos habla de todo
El 13 de abril, víspera de su visita a esta loma de San Juan, una reparación de obras en el barrio El Molino dejó sin agua a presión normal a los vecinos de este sector durante al menos cuatro horas. Cuatro horas sin agua. No en Padcaya. No en una comunidad campesina de Tariquía. Aquí, a la sombra de esta misma iglesia desde la que le hablamos.
Entre esos vecinos hay gente que votó por usted, Presidente. Y gente que no. Personas que confían en el Estado y personas que ya no. Pero todos ellos, sin excepción, abrieron la llave y no salió agua con fuerza. Y todos ellos, también sin excepción, al rato olvidaron. Volvió el agua. Siguió el día. La vida continuó.
Ese olvido rápido es el lujo que las crisis pequeñas nos permiten. Pero hay otras crisis —la de Tariquía, la de la Ley 157, la del Guadalquivir— que no se resuelven volviendo a abrir la llave. Esas no tienen reparación de urgencia. Y los vecinos del Molino, como todos nosotros, van a pasar de largo frente a ellas hasta que un día la llave ya no tenga nada que dar.
“Dios, Familia y Patria”
Usted estudió en colegios jesuitas. El Papa Francisco —de la misma orden— les pregunta a los gobernantes del mundo con una dureza que ningún protocolo puede silenciar: “¿Para qué se quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo?” Y agrega: “El mundo que recibimos lo tomamos como préstamo de nuestros hijos y a ellos debemos devolverlo”.
Su gobierno lleva el lema “Dios, Familia y Patria”. Nosotras, madres de esta tierra, le preguntamos con toda la fuerza de esa fe compartida: ¿qué familia puede crecer sana bebiendo agua sin garantía de potabilidad? ¿Qué patria construimos sobre un río que ya no puede purificarse a sí mismo? ¿Qué Dios bendice a quienes firman licencias ambientales con plata y criminalizan a quienes defienden sus cuencas?
Mañana recordamos a quienes murieron en La Tablada por la dignidad de este pueblo. Ellos no tenían seis mil millones de dólares. No tenían el respaldo de Petrobras ni de los Marinkovic. Tenían voluntad y claridad de propósito.
El Guadalquivir no reza, Presidente. Pero acusa. Tariquía tampoco reza. Acusa. Y nosotras —sus madres— también.
Haga lo que los héroes de La Tablada hicieron: actúe ahora, aunque cueste.
Madres por el Agua y las Infancias de Tarija
Loma de San Juan, 14 de abril de 2026


