De Tarija a Bolivia: sentir y vivir el Bicentenario

Hoy, a 200 años de la fundación de Bolivia, Tarija aún alza atenta la voz, una voz que promueve y propone una sociedad donde el diálogo y la paz puedan unir ideales, visiones y acciones compartidas.

Hace 200 años se constituyó una estructura política y un sistema de gobierno provisional que se coronó con la decisión de la Asamblea Deliberante en fundar la República de Bolivia de manera independiente del Perú y de La Plata. El Acta de la Independencia de la República de Bolívar y luego denominada Bolivia, se conforma con un gobierno unitario.

Nuestra constitución estuvo precedida de un escenario de crisis y conflicto, como todos los contextos que anuncian una renovada visión y acción entre los pueblos y las comunidades. Con el nacimiento de Bolivia nace también la visión o el imaginario anhelado de Nación.

En 1825, el concepto de Patria y Nación puede ser considerado como sinónimos. Sin embargo, cuando referimos a la Natio (Lat.) hacemos referencia a la tribu o pueblo, pero muy articulada a una mirada también biologicista de raza o etnia. A ello se suma la Idea Nacional que va más allá de la mirada estrecha sobre el territorio y se moviliza hacia una mirada ampliada referida a la identidad, una identidad propia, más allá del coloniaje.

La nueva formación social en Bolivia transitó a través de 100 años entre la búsqueda de una idea compartida, las tensiones de clase, ideologías y un permanente acecho desde los territorios vecinos. En 1925, la Generación del Centenario se cuestiona sobre esos ideales nacidos cien años antes y un recorrido que poco o nada tributó a los ideales de la nueva Bolivia. Pronto fueron la conmoción de la Guerra del Chaco y la Revolución Nacional, las que desdibujaron la idea de un territorio y natio homogénea. Nuestra diversidad confirmó que Bolivia era y es abigarrada. Emergencia de “nuevos” actores sociales dan cuenta del abigarramiento.

Desde Tarija, en los albores del centenario boliviano se reconoce una realidad de departamento alejado del centro comercial, administrativo y político, pero con de idea de nación anhelando la unidad y el trabajo. “Tarija, rico departamento es verdad de los centros de actividad política, necesita hacer conocer a los poderes públicos sus anhelos sinceros de unidad, trabajo, etc, pero para esto se requiere desahogo de pasiones personalistas y un espíritu altamente nacional” (La Reforma, Tarija 9 de junio de 1914).

Si evitamos la referencia de la publicación periodística, el texto de 1914 cae muy bien en la actualidad, cien años después pero donde continúa la demanda desde el sur, desde Tarija. Los inconformismos extendidos a lo largo y ancho del territorio boliviano entre la generación del centenario se expresan en acciones sindicales, organizaciones sociales, pueblos indígenas y un pueblo que comenzaba a conocer recónditos y “exóticos” lugares como el Chaco.

Hoy, a 200 años de la fundación de Bolivia, Tarija aún alza atenta la voz, una voz que promueve y propone una sociedad donde el diálogo y la paz puedan unir ideales, visiones y acciones compartidas. En el Bicentenario y hace pocas semanas, a través de la iniciativa del Movimiento Tarija Dialoga, el ex alto representante de la Unión Europea y una voz influyente en el mundo, Josep Borrel, hacía notar la importancia de acabar con la impunidad en todos los niveles, ya que la corrupción estructural socava y debilita la democracia en países latinoamericanos.

La urgencia boliviana es construir una estructura institucional sólida y honesta donde como región y país podamos salir de la intrascendencia (intrascendencia que indica Borrel, refiriéndose al peso de América Latina en el mundo). El sentir y vivir el Bicentenario desde Tarija entonces implica reconocer nuestras fortalezas y también nuestras limitaciones, pero sobre todo es valorar la propuesta de establecer diálogos en vez de confrontación, acción compartida en vez de miradas egoístas, visiones esperanzadoras concentradas en el desarrollo, bienestar y la mejora de las condiciones de vida en armonía, respeto y cuidado del hábitat y sus recursos. Tenemos una responsabilidad evidente con ésta y las siguientes generaciones y ya se nos está acabando el tiempo, pues la otra generación del tricentenario posiblemente no pueda vivir en este espacio desgastado y destruido y sus ideales de nación estén muy alejados de la cuna boliviana.

Vale la pena consolidar una Generación del Bicentenario a través de sentirlo y vivirlo llegando a la acción, una acción focalizada en la educación cargada de valores humanos, cívicos, democráticos y ambientales. Abramos este camino desde Tarija para Bolivia.


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